La alfarería tinajera sigue viva en este pueblo de Albacete

‘Tinajas Orozco’ continúa con la tradición tinajera en Villarrobledo

En Villarrobledo, donde la tradición del vino ha marcado el ritmo de generaciones enteras, se alzan, como Gigantes de barro, sus majestuosas tinajas, guardando historias que hoy forman parte de un legado único. 

Tomás Gómez trabajando / Foto cedida

Ana José Torres, promotora turística del ayuntamiento de Villarrobledo, nos cuenta que “Villlarrobledo ha sido desde el siglo XVI un centro de producción importantísimo de Tinajas de barro. Ya en el siglo XX, a finales de los años 60, llegaron a producirse en torno a unas 7.000 tinajas al año, lo que nos convirtió en el principal centro de producción de toda España. Estas tinajas viajaban a diferentes lugares de toda la península y fuera de nuestra geografía nacional. Además, Villarrobledo es el lugar donde se han hecho las mayores tinajas del mundo. La razón de estas singularidades que las distinguen con otros centros de producción es la materia prima que se empleaba para realizar estas tinajas, y también la técnica de elaboración, que entronca directamente con el neolítico. Se llegaron a elaborar tinajas de hasta 700 arrobas, tinajas que miden más de 4 metros de altura, y superan los 2.500 kg de peso. Ahora mismo queda, a título principal, dedicándose a esta actividad, el taller ‘Tinajas Orozco’. Además, es una mujer, Maribel Gómez, sexta generación de la empresa familiar, la que ha tomado el relevo de esta estirpe de artesanos de la alfarería tinajera”. 

Tomás Gómez en la actualidad

‘Tinajas Orozco’, seis generaciones de tradición tinajera

Tinajas Orozco es el único taller de alfarería tinajera que queda en Villarrobledo. Una empresa familiar, que ha ido pasando de generación en generación. Aunque ya está jubilado, Tomás Gómez, conocido como Orozco en Villarrobledo gracias al apellido de sus antepasados, pudo seguir disfrutando muchos años de este noble oficio. “Mis tatarabuelos eran tinajeros, y luego mi bisabuelo, después mi abuelo, mi padre, y luego yo. Mis recuerdos están siempre rodeados de tinajas, un oficio que he aprendido desde que era pequeño. Tras una vida rodeada de tinajas, en el año 1999 me jubilé, y aunque lo echo mucho de menos, ahora estoy muy contento y orgulloso de que mi hija haya querido seguir con esta tradición familiar, y siga al frente de este negocio familiar tan artesanal como es el de la alfarería tinajera”, celebra. 

Maribel Gómez trabajando / Foto cedida

Sexta generación de ‘Tinajas Orozco’

Maribel Gómez continúa con esta tradición familiar de seis generaciones conocidas, siendo la primera mujer que se dedica a hacer Tinajas. “Somos cuatro hermanos, tres chicas y un chico, y nacimos y crecimos rodeados de estas piezas. Recuerdo jugar de pequeños en el patio de la casa, que siempre estaba lleno de tinajas. También recuerdo que en aquella época la gente no tenía esas piscinas que hay ahora en sus casas, y nosotros nos bañábamos en las tinajas. Las tinajas más grandes, se cortaban por arriba, se llenaban de agua, y ahí que nos metíamos. Aún recuerdo ese olor a barro mojado de aquellos veranos. Mi padre tenía el taller en casa y recuerdo el sonido del paleteo en la parte de debajo de mi casa. También recuerdo ver a mi padre alrededor del barro, trabajando y haciendo tinajas, y luego nosotros ayudábamos como podíamos a cargarlas con mucho cuidado, para llevarlas al horno de Pepe Jimena, un antiguo tinajero de aquella época que tenía su taller unas calles más abajo. Años más tarde, mis padres construyeron su propio horno, y ya pudieron cocer ellos mismos sus piezas en casa”, resalta. 

Tinajas Orozco

Un día Maribel se dio cuenta de que quería seguir con la tradición artesana familiar de hacer tinajas. “Me fui a estudiar bachiller e idiomas a Albacete, y cuando terminé volví a casa de mis padres a Villarrobledo, hasta que pudiera encontrar un trabajo. Durante aquellos días en casa, ayudaba a mi madre a hacer de forma artesanal en el torno las réplicas de las tinajas pequeñitas para decoración. Mientras tanto veía a mi padre trabajando, y a mí me llamaba mucho la atención ver cómo hacía esas piezas tan grandes a mano. Entonces, cuando se empezó a acercar su jubilación pensé que quería probar en el oficio. Así lo hice y me encantó, y de este modo decidí coger las riendas del negocio en el año 1999, y así llevo 26 años. Siempre han sido hombres los que se han dedicado a esto, y es raro que una mujer lo haga. Antiguamente en Villarrobledo si había unas cantarilleras, que eran Benita, Nava y sus hermanas, que se dedicaban al oficio, pero era la obra menor. Hacían cántaros y piezas más pequeñas, pero no hacían tinajas de gran tamaño. Las mujeres también han ayudado a la hora de preparar el barro, o a cocer en el horno, pero nunca a fabricar las tinajas grandes, pero alguna vez tenía que ser la primera”, refleja. 

Tomás Gómez y Maribel Gómez

Un tándem perfecto

Tomás Orozco y su mujer, Isabel Caballero, crearon un tándem perfecto en la fabricación de estas piezas, algo que ha sido clave en el éxito de ‘Tinajas Orozco’. “Mi padre siempre ha sido muy trabajador, y todo lo que sé de este oficio lo he aprendido de él. Por otro lado, mi madre también ha sido un pilar fundamental en la empresa familiar. Es una mujer muy fuerte y valiente, y siempre ha ayudado a mi padre en todo lo que ha necesitado. Por eso, aunque haya estado más en la sombra, su labor ha tenido mucha importancia también.  Sobre todo a la hora de cocer las piezas, que es un trabajo delicado y meticuloso. Y es que, el horno hay que calentarlo controlando que la temperatura suba muy lentamente para que el cambio no sea muy brusco y no se rompan las tinajas, y mi madre para eso era ideal, porque siempre ha tenido mucha más paciencia que mi padre”, apunta. 

Tomás Gómez junto a su mujer, Isabel Caballero/ Foto cedida

Un oficio artesanal, desde la fabricación del barro, hasta el pulido de cada pieza

Elaboran su propio barro, extraído de Villarrobledo. Su textura es basta y arenosa, dando a sus piezas una gran impermeabilidad y dureza. Maribel señala que “antiguamente el barro se hacía con una mula y un rodillo. En la actualidad, el barro lo fabricamos nosotros con tierra de la zona de Villarrobledo. Primero la secamos bien, luego la metemos en un molino que la tritura para dejarla más fina, después la mezclamos con agua, y al sacarla hacemos como una especie de torta de unos cuatro dedos que extendemos en el suelo. Una vez que pierde el agua y se empieza a agrietar, es cuando la amasamos con los pies, ya que el peso del cuerpo permite hacer más fuerza para amasar mejor. Una vez amasada, ya tendríamos nuestra pella de barro para empezar a fabricar la tinaja”. 

Tomás Gómez paleteando una tinaja

Maribel realiza las piezas como sus padres le enseñaron, sin la utilización de tornos ni moldes, cociéndolas en horno de leña, otorgando a las piezas unos coloridos singulares, que van desde el rojizo y anaranjado, hasta el gris casi negro. Aunque la elaboración no requiere del uso de ningún tipo de maquinaria, el proceso es largo y muy laborioso, requiriendo gran maestría en cada una de sus etapas. Su técnica es 100% artesanal en todo el proceso de elaboración, haciendo cada pieza única. “Se hace una base, y luego una especie de churro de barro. A partir de ese momento, hay que ir dando vueltas alrededor de la pieza para ir creando la forma. De este modo, en vez de que la tinaja de vueltas en un torno, la que da vueltas alrededor de ella es la persona que lo fabrica. Luego la tinaja se golpea con un mazo y una paleta de madera, para ir dándole la forma y afinando el poro de la pieza”, explica. 

Tomás Gómez transportando, junto a sus compañeros, una tinaja de gran tamaño/ Foto cedida

Artesanía de altura

En la actualidad, ‘Tinajas Orozco’ está haciendo piezas de 1.50 metros de altura, ya que “la altura de las tinajas depende del tamaño del horno. Antiguamente, se hacían tinajas de 500 arrobas, que corresponden a 4 metros de altura. Los hornos entonces eran mucho más grandes, porque solo la puerta ya tenía que tener esa altura, porque las tinajas entraban de pie. Estos hornos grandes desaparecieron porque hubo una época en la que las tinajas de barro para vino se sustituyeron, primero por tinajas de cemento, y más tarde por bidones de acero inoxidable. Pronto se dieron cuenta de que en las tinajas de cemento el vino no salía muy bien, porque llevaban un armazón de hierro que no le iba nada bien al vino. Por otro lado, hace unos 15 años se dieron cuenta de que el acero, aunque es muy limpio, es un material inerte y tampoco aporta nada interesante al vino. Sin embargo, la tierra y el barro le da al vino otros pigmentos, y de este modo comenzaron a resurgir de nuevo las tinajas de barro. De hecho, una de las cosas que más me gusta, es que muchas de estas tinajas viajan por todo el mundo, y no sabes dónde van a ir a parar. Y es que, además de en España, nos piden tinajas para bodegas de Francia o Italia”, concluye. Gracias a sus tinajas, Villarrobledo continuará siendo tierra de tradición, de cultura, y de historia que perdura.

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Modesto Colorado

Comunicador y cantante de Albacete. Más de 20 años de experiencia en medios de comunicación, especializado en información y reportajes de ámbito cultural.
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