El Albacete Balompié se imponía este domingo en el Carlos Belmonte al Granada CF por 4-1 en un partido en el quizá los nazarís fueron mejores que los manchegos, pero en el que el cuadro blanco demostró una tremenda pegada. JoGo adelantó al Alba y Luis López aumentó ventajas, yéndose el partido dos a cero al descanso. Luego recortó distancias Petit para el Granada, pero Obeng y Lazo sentenciaron el encuentro en los minutos 70 y 80. La nota negativa del partido llega por la lesión de Antonio Puertas, que puede ser de gravedad.

El Albacete regresaba al Carlos Belmonte
Centrándonos ahora en lo que fue el devenir del encuentro propiamente dicho en sí, cabe decir que bajo un sol de justicia, con el termómetro rozando los 30 grados y el buen tiempo por bandera, el Carlos Belmonte volvió a abrirse este domingo para recibir a un Albacete Balompié que regresaba a casa con demasiadas cuentas pendientes consigo mismo. Después de la nueva charlotada firmada en Butarque, y tras varias semanas arrastrando el escudo con actuaciones impropias ante Mirandés, Burgos y Leganés, el equipo de Alberto González comparecía ante su gente con una triple obligación: afrontar el primero de los dos partidos consecutivos en casa, dejar encarrilada de manera casi definitiva la permanencia en caso de victoria y, sobre todo, empezar a reconciliarse con la dignidad competitiva que tanto había echado de menos su afición. Porque mientras Toché, ‘Moneyball’ para los amigos, hablaba de play off, la realidad reciente del equipo invitaba bastante más al sonrojo que a la ilusión.

Y todo ello, además, con otra larga lista de bajas y con una ausencia, la de Pepe Sánchez, que terminó de confirmar lo que ya era un secreto a voces: que tanto Alberto González como el club tomaron el pelo a aficionados, abonados, prensa y a todo bicho viviente el día del Burgos, cuando aquella convocatoria del jienense respondió única y exclusivamente a la intención de forzar la quinta amarilla. Feo entonces y todavía más feo ahora, cuando los hechos ya no admiten maquillaje.

Novedades en el once del Albacete
En lo estrictamente futbolístico, Alberto introdujo cuatro novedades en el once respecto al equipo que arrancó en Leganés. Se cayeron de la titularidad Lorenzo Aguado, Antonio Pacheco, José Carlos Lazo y Jefté Betancor, y entraron Fran Gámez, Martín Fernández, JoGo y Antonio Puertas. Así, el Alba salió de inicio con Raúl Lizoain en portería; Gámez en el lateral derecho, JoGo en el izquierdo, y Jesús Vallejo, Luis López y Carlos Neva en el centro de la defensa; en la medular formaron Antonio Puertas, Ale Meléndez, Martín Fernández y Hugo Martínez ‘Capi’; y arriba quedó Alex Rubio como referencia.

Desde el banquillo aguardaban su turno Diego Mariño (PS), Javi Moreno, Lorenzo Aguado, Jefté Betancor, Antonio Pacheco, Víctor San Bartolomé, José Carlos Lazo, Samu Obeng y Dani Bernabéu, junto a Alberto González.

Pablo Sáenz, titular en su regreso a Albacete
Enfrente, el Granada de Pacheta compareció con Luca Zidane bajo palos; Lemos, Óscar, Williams y Hormigo en defensa; Alemán, Alcaraz e Izan en la sala de máquinas; y Sola, Arnáiz y Pablo Sáenz —de héroe a villano para la parroquia albacetista tras su actitud en el mercado invernal— en ataque.

El arbitraje corrió a cargo del castellano y leonés Germán Cid Camacho, asistido en bandas por Sergi López Freixa y Daniel Pescador Hernández; el cuarto árbitro fue Juan Francisco Roca Robles, mientras que en el VAR estuvieron Rubén Ávalos Barrera, de infausto recuerdo para el albacetismo por su historial de atropellos al club blanco, y Daniel Palencia Caballero, curiosamente el mismo colegiado que dirigió la pasada semana el Leganés-Albacete de Butarque. En lo que a la afición respecta, 11.557 espectadores se dieron cita en el Carlos Belmonte.

Monólogo del Granada y zarpazo del Albacete
Antes del pitido inicial, los titulares del Alba saltaron al césped con una camiseta en la que se podía leer ‘Ánimo Valverde’, gesto de apoyo previo a un encuentro que comenzó con puntualidad británica a las 18.30 horas.

Y lo hizo, una vez más, dejando al descubierto todas las costuras de este Albacete. Porque la primera puesta en escena del equipo fue ramplona, timorata, pobre en defensa y muy alejada de lo que se le exige a un conjunto que venía de tres partidos haciendo el ridículo. El Granada olió sangre desde el arranque, se adueñó del balón, del ritmo y de la personalidad del encuentro, y obligó muy pronto a Lizoain a emplearse a fondo para evitar el 0-1 en una clarísima ocasión de Alcaraz. La parada del guardameta del Alba fue soberbia. Tan buena que ni el propio futbolista visitante se creyó que aquello no acabara dentro.

Corría el minuto 7 y el Albacete seguía sin enterarse de qué iba la película. El choque era un monólogo del Granada, un ejercicio de dominio visitante frente a un Alba encogido, sin tensión, sin colmillo y sin capacidad para discutirle nada al rival. Pero este equipo, tan inconsistente para lo malo como imprevisible para lo bueno, encontró petróleo en cuanto pudo asomarse al área contraria. En el minuto 10, Fran Gámez se subió a la moto por banda derecha, alcanzó línea de fondo y puso un centro al segundo palo que Antonio Puertas remató con la izquierda. Luca Zidane metió una mano blandísima y dejó la pelota muerta en el área pequeña, donde apareció JoGo, sin perderle la fe a la jugada, llegando desde segunda línea con más hambre que toda la defensa nazarí junta, para colarse entre dos rivales y enviar el balón al fondo de la red. Era el 1-0 y el Granada aún estaba tratando de entender cómo podía ir por detrás después de haber sido dueño y señor del partido.


Segundo gol del Albacete
La herida todavía escocía cuando el Alba volvió a golpear. Apenas cuatro minutos después, en el 14, Fran Gámez volvió a hacerse notar, esta vez con un saque de falta preciso desde el perfil diestro del ataque blanco que encontró la cabeza de Luis López. El central catalán cabeceó de manera magistral y dobló la ventaja con un 2-0 que dejó al Belmonte entre la incredulidad y el alivio. Porque sí: el Granada había sido infinitamente mejor durante muchos minutos, pero el que mandaba con dos goles de renta era el Albacete. Así es el fútbol, capaz de castigar con crueldad al que domina y premiar con generosidad al que acierta.


Lesión que puede ser grave en las filas del Albacete
Lo mejor para el cuadro manchego fue que el mazazo desactivó por completo al Granada durante un buen tramo del primer tiempo. Lo peor, que cuando parecía que el encuentro empezaba a encaminarse hacia un escenario cómodo, llegó una de esas imágenes que enfrían cualquier celebración. A punto de alcanzarse la media hora, Antonio Puertas cayó lesionado en una acción sin contacto, de esas que huelen mal desde el primer instante. El futbolista se fue al suelo llevándose de inmediato la mano a la rodilla derecha. Acabó retirándose por su propio pie, pero los gestos del jugador no invitaban precisamente al optimismo. Habrá que esperar a las pruebas médicas, aunque la sensación fue clara: mala pinta. Muy mala. Y en un equipo tan castigado por las bajas, perder a un futbolista como Puertas en este momento sería otro golpe durísimo. José Carlos Lazo entró en su lugar.

Ni siquiera ese contratiempo alteró demasiado a un Albacete que, sin necesidad de brillar, supo mutar del desconcierto inicial a una versión práctica y bastante más fiable. A partir del 2-0, y ya con el Granada todavía noqueado por lo sucedido entre el minuto 10 y el 14, el conjunto blanco empezó a competir mejor el partido. No fue una exhibición, ni mucho menos, pero sí una fase de fútbol práctico, de oficio, de entender qué pedía el encuentro. Y hasta pudo marcharse al descanso con una ventaja todavía mayor.

Luis López casi hace el gol de la temporada
De hecho, Luis López, en plena tarde de estreno goleador, estuvo a punto de firmar en el minuto 37 un tanto que habría competido seriamente por ser el gol de la temporada. En una acción con posesión nazarí, el central se anticipó en campo propio, robó el cuero y, al ver adelantado a Luca Zidane, se atrevió con un disparo desde su propio campo. La idea fue magnífica, la ejecución casi perfecta y solo una gran intervención del portero del Granada evitó un gol antológico que habría puesto en pie al Belmonte.

El tramo final del primer tiempo fue bastante más calmado. El Alba dejó de exponerse, entendió que lo principal era proteger el tesoro que tenía en el bolsillo y bajó el partido a un terreno más controlado. El Granada, por su parte, ya no encontró los espacios ni la frescura del arranque para volver a poner en aprietos a Lizoain. Así, con el 2-0 campeando en el marcador y después de cinco minutos de añadido, Cid Camacho señaló el camino de los vestuarios.

El Albacete de las contradicciones se iba al descanso por delante
Al descanso, el Albacete mandaba por dos goles a cero. Y lo hacía tras una primera mitad que retrata perfectamente todas sus contradicciones: salió mal, volvió a exhibir una alarmante falta de hambre competitiva en el arranque y permitió que el Granada le pasara por encima durante varios minutos; pero supo castigar dos errores del rival, agarrarse a su eficacia y terminar construyendo un escenario favorable. No fue una gran primera parte del Alba en términos globales, pero sí una mitad tremendamente efectiva y bastante más seria tras el zarpazo. Quedaba por ver si en la segunda parte confirmaría la reacción o si volvía a coquetear con ese desastre tan habitual de las últimas semanas. De momento, al menos, había encontrado en el marcador el argumento que tantas veces le ha faltado en el juego.

Tres cambios en el Granada
Tras el paso por vestuarios y consumidos los quince minutos de rigor, el partido se reanudó con un mensaje nítido desde el banquillo visitante: Pacheta seguía creyendo. El Granada regresó al césped del Carlos Belmonte con tres cambios de golpe, moviendo el árbol para tratar de darle la vuelta a una situación que, pese al 2-0 del descanso, no parecía ni mucho menos irreversible por lo visto sobre el verde. Sergio Ruiz entró por Alcaraz, Gonzalo Petit sustituyó a Pablo Sáenz y Trigueros relevó a Izan. Una declaración de intenciones en toda regla del técnico nazarí, convencido de que rascar algo positivo en Albacete era posible.

Y la realidad del arranque de la segunda mitad no hizo sino reforzar esa sensación. Exactamente igual que en el primer tiempo, el Granada comenzó bastante mejor que el Albacete. Más enchufado, mejor posicionado, con mayor criterio en la circulación y con una presencia mucho más firme en campo rival. El Alba, en cambio, volvió a salir blando, reactivo, sin saber cómo sujetar el partido y dando la impresión de que el terreno tenía pendiente hacia la portería de Raúl Lizoain. Y no fue solo una impresión: el guardameta del Albacete tuvo que volver a meter otra mano salvadora en los compases iniciales para evitar que el castillo empezara a resquebrajarse antes de tiempo.

Lo que ocurría sobre el césped no admitía demasiada discusión. El Granada estaba empujando con bastante más sentido y el Albacete, una vez más, enseñaba esa preocupante incapacidad para sostener una ventaja desde el control del juego. Demasiadas veces este equipo vive en la cuerda floja, demasiado a merced del rival, demasiado poco dueño de los partidos. Y en el minuto 63 llegó lo que, a esas alturas, solo podía sorprender a quien no estuviera mirando el encuentro.

Gol del Granada
El 2-1 cayó tras una asistencia de Alex desde banda derecha y un tremendo cabezazo de Gonzalo Petit, que se elevó más que nadie en el área pequeña para rematar con una facilidad insultante un balón que ningún defensor del Albacete peleó como exigía la jugada. Ahí quedó retratada, una vez más, la fragilidad competitiva de este equipo en determinadas fases: un centro lateral, un delantero imponiéndose con demasiada comodidad y una defensa contemplativa en la zona donde se deciden los partidos. Le salió perfecta la jugada a Pacheta, porque uno de sus hombres recién introducidos, Petit, metía de lleno al Granada en la pelea y abría el miedo en el Belmonte.

Cambios en el Albacete
Viendo que el equipo iba claramente cuesta abajo y sin frenos, Alberto González se vio obligado a intervenir. No podía hacer otra cosa. En el minuto 70 movió de golpe el banquillo con un triple cambio: entraron Lorenzo Aguado, Samu Obeng y Antonio Pacheco, mientras se retiraban Hugo Martínez ‘Capi’, Alex Rubio y Ale Meléndez. Fue una decisión tomada desde la necesidad, desde la evidencia de que el Albacete se estaba dejando comer el terreno y de que el partido caminaba peligrosamente hacia un escenario de sufrimiento total.

Gol del Albacete
Y ahí, cuando peor pintaba la tarde, apareció de nuevo la eficacia que terminó explicando toda la historia del encuentro. Porque si a Pacheta le habían funcionado los cambios, a Alberto le funcionaron todavía mejor. Poco más de un minuto después de ingresar al césped, Lorenzo Aguado puso un centro con música a la cabeza de Samu Obeng y el delantero ghanés, tirándose en plancha, firmó el 3-1. Un gol de esos que cambian el clima entero de un estadio en cuestión de segundos. El Carlos Belmonte pasó del runrún y la inquietud al delirio, de ver cómo el 2-1 amenazaba con meter al Granada por completo en el partido, a celebrar un golpe durísimo que volvía a poner distancia de seguridad en el marcador.



Ese tanto tuvo un efecto devastador en el cuadro nazarí. El Granada recibió el gol de Obeng como un crochet en el mentón y quedó tambaleándose sobre la lona, muy tocado anímicamente, después de haber hecho lo más difícil, que era meterse en el partido, para ver cómo el Albacete le castigaba casi de inmediato. Y siguiendo con el símil boxístico, el KO técnico terminó llegando diez minutos después.

Sentencia de Lazo, que hacía el 4-1 para el Albacete
Fue entonces cuando José Carlos Lazo firmó el 4-1 para los blancos. La jugada nació en una gran asistencia de Carlos Neva desde banda izquierda, un envío con música del ‘21’ del Albacete que encontró a Lazo en condiciones de ejecutar un golpeo sensacional sin dejar caer el balón. Un remate de gran factura para cerrar prácticamente la contienda y convertir en goleada un partido que, conviene no perder de vista, no se explica desde la superioridad futbolística del Albacete, sino desde su pegada.

Siete de añadido a la segunda mitad del Albacete – Granada
Con el encuentro ya muy encarrilado, el reloj fue consumiéndose hasta alcanzar el minuto 90, momento en el que Cid Camacho mostró un añadido de siete minutos. Un alargue generoso, por no decir excesivo, incluso teniendo en cuenta los goles, los cambios y la pausa de hidratación. Pero así lo estimó el colegiado castellano y leonés, que prolongó una segunda mitad cuya resolución real ya estaba vista para sentencia.

Consumidos esos siete minutos, llegó el pitido final y con él el cierre de una tarde de festín goleador para el Albacete Balompié. El marcador, rotundo, dejó un 4-1 que en el fútbol profesional vale exactamente lo mismo si se construye desde la autoridad que si se levanta desde la eficacia. Y en este caso, siendo honestos y fieles a lo ocurrido, el Alba ganó no porque fuera mejor que el Granada, sino porque fue muchísimo más efectivo en las áreas. Y de eso va este juego: de meter la pelota en la portería contraria.

El Albacete se llevó el partido por la pegada
La segunda mitad, en realidad, fue otro buen recordatorio de las virtudes y miserias de este Albacete. Volvió a salir mal, volvió a ser superado durante muchos minutos, volvió a dar la impresión de ser un equipo vulnerable cuando el rival da un paso al frente y volvió a necesitar que el portero sostuviera al equipo en momentos delicados. Pero también tuvo acierto, capacidad para castigar al rival cuando encontró la ocasión y un banquillo que, esta vez sí, cambió el partido para bien. No fue una segunda parte para presumir de control ni de jerarquía, pero sí una mitad que terminó en goleada gracias a la contundencia. Y a estas alturas de la temporada, con la permanencia prácticamente en la mano, probablemente haya pocos argumentos más poderosos que ese.

FICHA TÉCNICA
- ALINEACIONES

- SUSTITUCIONES
Albacete Balompié: Lazo por Puertas (min 30), Lorenzo por Capi (min 70), Antonio Pacheco por Ale Meléndez (min 70), Obeng por Alex Rubio (min 70) y Javi Moreno por Gámez (min 83).
Granada CF: Sergio Ruiz por Alcaraz (min 46), Trigueros por Izan (min 46) Petit por Pablo Sáenz (min 46), Hormigos por Rodelas (min 61) y Diocu por Lemos (min 72)
- AMONESTACIONES
Albacete Balompié: Ale Meléndez (TA, min 40), Gámez (TA, min 46)
Granada CF: Alcaraz (TA, min 32), Hormigos (TA, min 52). Naasei (TA, min 56)
- GOLES
Albacete Balompié: JoGo (1-0, min 10), Luis López (2-0, min 14), Obeng (3-1, min 70), Lazo (4-1, min 80).
Granada CF: Petit (2-1, min 63)
- AFLUENCIA
11.557 espectadores
FOTOS











































































































































































/ Fotos: José Javier Martínez – Factoría 9 /

