El bonito pueblo de Alicante donde veranea el albaceteño Pedro Piqueras: «Un sitio único»

Su destino habitual de vacaciones es Altea, donde tiene una casa en una urbanización

El periodista Pedro Piqueras, natural de Albacete, ha encontrado desde hace décadas su refugio personal lejos del bullicio de Madrid. Se trata de Altea (Alicante), una pintoresca localidad costera donde el comunicador pasa largas temporadas estivales y que él mismo ha definido como «un sitio único».

Aunque reside habitualmente en la sierra madrileña, en una vivienda que diseñó personalmente por su pasión por la arquitectura, Piqueras no duda en escaparse cada verano a la costa alicantina. Fue hace 35 años cuando descubrió Altea gracias a unos amigos con casa en Benissa. Allí comenzó a navegar a vela, una afición que mantiene hasta hoy y que comparte con su hijo.

Tal fue su conexión con la zona que decidió adquirir una vivienda en una urbanización cercana, convirtiendo Altea en su destino habitual de vacaciones. «Me parece un sitio único, la verdad», ha confesado en varias ocasiones.

Una vuelta al pasado 

Durante su participación el pasado verano en el programa ‘A la fresca’ de À Punt, Piqueras destacaba el valor de la autenticidad del municipio. «Es como una vuelta al pasado en cierto sentido. Llevo aquí 35 años y esta parte del pueblo no ha cambiado nada», señalaba mientras paseaba por sus calles.

El periodista recordaba con especial cariño sus primeros días en la localidad, incluyendo el primer restaurante en el que comió, una pizzería del centro. Además, subrayaba el carácter acogedor de sus vecinos, asegurando que siempre ha sido tratado con cercanía y amabilidad.

Para Piqueras, Altea representa mucho más que un destino de vacaciones. Es un lugar donde desconectar, disfrutar del mar y reencontrarse con la tranquilidad. «Es uno de los mejores sitios en los que se puede estar», sentenciaba.

La «cúpula del Mediterráneo»

Al margen de su vínculo personal con el periodista, Altea es una de esas localidades que se quedan en la memoria por su imagen icónica, con fachadas blancas, detalles azules, buganvillas y un casco antiguo que parece diseñado para pasearlo sin mirar el reloj.

El recorrido más habitual empieza en el Conjunto Histórico del Baluarte y Recinto Renacentista de la Villa, donde todavía se conservan restos de su pasado fortificado. A partir de ahí, el paseo se convierte en una cadena de rincones fotogénicos, miradores y calles empedradas que invitan a perderse sin prisa.

Uno de los grandes símbolos del municipio es la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Consuelo, con su característica cúpula de tejas azules y blancas, que ha hecho que la localidad sea conocida como la «cúpula del Mediterráneo».

Combina costa y montaña 

Más allá del casco antiguo, Altea combina costa y montaña con gran facilidad. Sus playas de grava y bolos, como Playa del Mascarat o Playa de la Olla, son algunos de los enclaves más reconocibles, donde incluso es posible alcanzar pequeños islotes nadando o en kayak.

Para quienes prefieren el turismo de interior, el entorno natural ofrece propuestas de gran atractivo, como el Parque Natural de la Serra Gelada o la Sierra de Bernia, con rutas de senderismo tan populares como la del Forat de Bernia, que culmina en un espectacular mirador sobre el Mediterráneo.

Al margen del vínculo personal con el periodista, Altea es una de esas localidades que se quedan en la memoria por su imagen icónica, con fachadas blancas, detalles azules, buganvillas y un casco antiguo que parece diseñado para pasearlo sin mirar el reloj. 

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María López

Nacida en Albacete (1996). Graduada en Periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha. He pasado por Cadena SER, Castilla-La Mancha Media y El Español.
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