Albacete aúlla con Fito y Fitipaldis

El grupo firmó en Albacete más de dos horas de rock, emoción y comunión con un público entregado de principio a fin

La nostalgia no avisa: llega en forma de acorde, de estribillo coreado a gritos o de una guitarra que te atraviesa sin pedir permiso. Eso fue lo que ocurrió este sábado por la noche en el Estadio José Copete, donde Fito & Fitipaldis congregaron a 15.000 personas para algo más que un concierto: una celebración generacional.

A las 21:09 en punto, sin rodeos, arrancó la maquinaria con A contraluz, carta de presentación del último trabajo, Aullidos, que también da nombre a la gira. Desde ese instante quedó claro que lo de Fito no es solo música: es memoria compartida. Y no tardó en hacerse evidente con el primer golpe de nostalgia. Un buen castigo, seguida de Por la boca vive el pez y Me equivocaría otra vez, convirtió el Copete en un karaoke gigante. Aquellos veinteañeros que empezaron a seguir a la banda hace años, hoy con algunas canas y muchas historias a cuestas, cantaban como si el tiempo no hubiera pasado.

El repertorio avanzaba alternando presente y pasado. Los cuervos se lo pasan bien trajo de nuevo el sonido más reciente antes de un momento especial: Entre la espada y la pared, dedicada a Rozalén, presente entre el público. Un tema que en directo crece, como casi todo lo que pasa por las manos de Fito. Y es que cuando se juntan su voz rasgada con guitarras como las de Carlos Raya, el resultado es difícil de discutir: pura solidez.

La banda, engrasada al milímetro, se dejó notar en cada transición. A quemarropa sonó con precisión quirúrgica antes de sumergirse en El monte de los aullidos, donde la cadencia pausada y los cambios de ritmo construyeron una atmósfera hipnótica. Ahí brillaron también Boli Climent al bajo y Coki Giménez marcando el pulso con elegancia al mando de la batería.

Pero no todo fue celebración. Hubo espacio para la reflexión con Volverá el espanto, acompañada de imágenes de una Gaza devastada. Un silencio denso, incómodo, necesario. Fito, sin levantar la voz, dijo mucho. Literatura y música entrelazadas con ecos de John Steinbeck, recordando que el rock también puede ser conciencia.

El concierto entró entonces en un tramo más íntimo con Cielo hermético y Cada vez más cadáver, antes de una pausa inesperada: Fito detuvo la actuación para atender a una asistente indispuesta. Un gesto que humanizó aún más la noche. Tras ello, el ritmo regresó con Whisky barato, devolviendo la energía a un público que no había bajado el nivel en ningún momento.

Hubo también guiños ya clásicos de sus giras, como los “mensajes en diferido”: un vídeo grabado el día anterior en Castellón saludando a Albacete, que tuvo su réplica inmediata con el público manchego enviando su saludo a Ponferrada, próxima parada del tour.

La recta final fue un ejercicio de comunión total. Como un ataúd abrió la puerta a una trilogía de himnos que ya no pertenecen solo a la banda, sino a todos: Acabo de llegar, La casa por el tejado y Soldadito marinero. Miles de gargantas al unísono, móviles en alto y esa sensación de estar viviendo algo que luego se contará con orgullo.

El sonido Fito no estaría completo sin el saxo de Javi Alzola, las teclas de Jorge Arribas o el violín de Diego Galaz, piezas clave de un engranaje que no falla.

Y cuando parecía que todo había terminado, llegaron los bises. La noche más perfecta, Entre dos mares, con un Fito desatado recorriendo el escenario, y Antes de que cuente diez pusieron el broche final a más de dos horas de música.

Quedaba la salida lenta, el paseo hasta el coche, el cansancio… pero daba igual. Porque lo que pasó en el Copete no fue solo un concierto. Fue un reencuentro con quienes fuimos, con quienes somos, y con esa banda sonora que sigue sonando igual de viva que siempre.

/Fotos: Miguel Fuentes/

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Javier Romero

Director y fundador de El Digital de Albacete. Nacido en Albacete. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación en radio, televisión y prensa digital, como Intereconomía radio, Cadena SER, Punto Radio, ABTeVe y VOZ Castilla-La Mancha.
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