(( …no dejarme arrastrar por la ola de mugre que avanza; a todo cuanto me invitaron yo dije ‘sí’, y hoy no soy un ser humano porque ayer… ayer salí Ayer salí – León Benavente ))
Abraham Boba, vocalista de León Benavente, suele entonar la canción que me da hoy el pie verbalizando sobre el escenario lo que supone el día después de una noche de juerga. Esa sensación de ser superior por encima del bien, por encima del mal, en la que nada de lo que pase hoy me importará mañana; ese sabor de boca a factura que se quedará sin pagar y qué más dará; esa pose de todopoderoso ser sobre cimientos endebles que terminarán por quebrarse a la que pase la madrugada.
Historias parecidas y paralelas protagonizarán los argumentarios de PP y PSOE en los próximos días, semanas, meses, relatos de resacas que duelen ahora porque en su día poco importaron. Dolor de cabeza, boca seca, falta de sueño, estómago revuelto, la firma de la fiesta que unos y otros se pegaron en el pasado y que ahora tienen que justificar. Y, en vez de ibuprofeno, cada uno saca de su bolsillo su particular remedio: el ‘Y tú más’.
En estas estamos, con juzgados y salas, con acusaciones y defensa, con letrados, con togas, con todo lo demás.
Por un lado, el PP desfila doce años después abriendo por fin las puertas de un banquillo que se resistía. Lo que se llamó ‘Operación Kitchen’, una operación parapolicial mandatada por el Gobierno de Mariano Rajoy para impedir que la dichosa libreta de Bárcenas y los letrajos a puro boli Bic grabados a fuego en sus libretas amarillas hicieran más daño a su Ejecutivo, se enfrenta ahora a quien tiene que dirimir responsabilidades.
En la otra esquina, la del PSOE, Koldo García y José Luis Ábalos, de quienes todavía no se han escrito todas sus tropelías. Vaya dos púgiles a los que les toca ahora demostrar una inocencia que cuelga entre comillas.
En el durante de aquel pasado que los de cada respectivo bando ahora no quiere recordar y los de enfrente que se empeñan en hacerlo y viceversa, los protagonistas eran, como en cada borrachera, los reyes de la pista. No sé si saben de esa sensación de levitar, de no tocar el suelo, de sentirse tocado por la varita de algún Dios hasta el punto de derribar todas las puertas que dan acceso a cualquier exceso. Hasta ayer, que tocó el despertador, enseñando el camino a la letanía de siempre.
Sería atrevido entrar en el fondo de las dos cuestiones, un caldo que ya nos servirán los compañeros de profesión que darán buena cuenta de las necesarias coberturas informativas que arrojen luz en todas sus oscuridades. Me limitaré en mi pequeño espacio semanal que comparto con ustedes en llamar la atención ante los ecos que vendrán en nuestra querida tierra.
Verán en los próximos días dos sardinas y un ascua. De las primeras, cada una defenderá la suya. De la segunda, ‘populares’ y socialistas de pelearán hasta el último rescoldo.
Y sabiendo que así será, y a menos de 400 días de las urnas que decidirán el próximo gobierno de esta región, solo me queda la lástima de no encontrar el hueco informativo para poder hablar de los problemas que nos debieran ocupar en esta nuestra tierra.
Entre el Lawrence Osborne de ‘Beber o no beber’ o el Nicolas Cage de ‘Living Las Vegas’; o entre el clavel blanco y la rosa roja, que diría Quevedo… ‘Su Majestad, escoja’.
Humberto del Horno

