Llegamos al final de la Semana Santa en este Domingo de Resurrección, sin demasiadas novedades que puedan calificarse como estrictamente noticiosas o con algún matiz menos positivo. Con todo, lo más destacable ha sido, una vez más, la extraordinaria participación de miles de personas que han llenado calles y plazas para presenciar los desfiles procesionales, confirmando que esta celebración sigue muy viva en el sentir popular.
El Miércoles Santo en Hellín –donde los tambores no suenan, sino que rugen con una fuerza sobrecogedora– tuve la oportunidad de vivir nuevamente la experiencia de adentrarme en sus calles y entre sus gentes. Este año, además, con la novedad de vestir la túnica y el característico pañuelo rojo, elementos esenciales para integrarse plenamente en la tamborada. Porque es cierto que, sin el atuendo adecuado, uno queda, por así decirlo, fuera del escenario. En mi caso, gracias a Juan Carlos –justo es reconocerlo– pude contar con la indumentaria necesaria para la ocasión.
El alcalde de Hellín, Manuel Serena, ejerció como anfitrión de cuantos quisieron acercarse, acompañado por buena parte de la cúpula del Partido Popular en Castilla-La Mancha y en Albacete, con Paco Núñez, Manuel Serrano y Antonio Serrano al frente. Demostraron, una vez más, una intensa actividad, recorriendo distintos puntos en la Región y en la capital.
La Semana Santa es, en esencia, memoria compartida. Cada lugar la vive a su manera, ante todo, una celebración de encuentro: familiar, de amigos, de vecinos y de paisanos. Cada localidad posee su propia idiosincrasia –como sucede en Sevilla, Cuenca, Albacete o la propia Hellín, cuya tamborada está declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO–, pero en todas ellas subyace un mismo hilo conductor: la tradición, el fervor y la emoción compartida.
Es verdad que Sevilla con su solemnidad, Cuenca con su sobrecogimiento, Hellín con el estruendo de sus tambores, pero en todas late una misma raíz. Es la mezcla de fe y costumbre, de recogimiento y celebración, de silencio y ruido, lo que le da sentido.
Que se lo pregunten, si no, al Obispo de la Diócesis, don Ángel Román Idígoras, quien no dudó en mezclarse con la multitud. Incluso he visto una imagen suya manejando los palillos de un tambor, el que portaba el alcalde de Albacete. En un momento dado, lo observé desde un balcón de la plaza frente al Ayuntamiento, móvil en mano, quizás captando instantáneas o grabando algún video de la impresionante concentración.
Desde esa perspectiva elevada, sin duda pudo percibir –una vez más– el fervor de muchos, la alegría de otros y el carácter festivo de no pocos. A todos, en el fondo les mueve lo mismo: la pasión y el respeto por una tradición profundamente arraigada que forma parte esencial de nuestra identidad colectiva.
La mañana del Jueves Santo es tiempo de preparativos: cofradías, nazarenos, bandas, fieles y visitantes ultiman los detalles del inminente desfile procesional. Este año me acerqué a la Purísima, donde se encontraban miembros de la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis junto a su Santísimo Cristo del Consuelo.
Entre saludos y conversaciones, coincidí con Luis Fernández (amigo), quien un día decidió salir de costalero pensando que sería algo puntual. Sin embargo, este ya es su cuarto año, y todo indica que serán muchos más. Así se encadenan anécdotas y pequeñas historias que reflejan como cada persona vive, a su manera, su particular Semana Santa.
Comentaba con unos amigos, que lo conocen mejor que yo, como ha logrado entrar en las raíces albaceteñas el Obispo de Albacete, además en un tiempo récord. Ha sido nombrado cofrade de honor de la Cofradía de San Juan Evangelista. “Ha sido nombrado de manera merecida” publicó en las redes sociales el alcalde de Albacete, Manuel Serrano.
La tarde del Jueves Santo, otro momento emotivo, la procesión que llega hasta la puerta del Cuartel de la Guardia Civil. El Cristo de la Expiración y la Virgen de la Soledad, en el momento reverencial ante la Virgen del Pilar, expuesta a la puerta de la Comandancia. La Benemérita tiene su papel relevante en todo momento, pero especialmente la tarde del jueves.
Aunque mi intención era abordar cuestiones políticas con mayor amplitud, me limitaré a algunas referencias al último pleno. En el que se trató el arreglo de caminos, con moción socialista incluida, que el concejal del PP, Julián Garijo, calificó como “moción de Perogrullo”. Desde el PSOE, su portavoz José González, mencionó –si no entendí mal– el “camino de la huerta de Bartolo”. Vamos que, caminos se arreglan todos los años, de ahí la calificación del concejal popular.
Por su parte, la concejala de Unidas Podemos, Nieves Navarro, logró un resultado agridulce. Su propuesta sobre las bomberas fue rechazada por considerarse inviable, mientras que la moción del “no a la guerra” salió adelante con amplio respaldo. Incluso el PP la apoyó, aunque la portavoz popular matizó su posición: rechazo a la guerra, sí, pero también apoyo a la OTAN y críticas a la política del Gobierno de España. VOX y los concejales no adscritos votaron en contra.
La escena me recordó, salvando las distancias, a aquella tarde en Cuenca en la que Morante de la Puebla, tras una actuación digna pero no extraordinaria, frenaba con gestos la euforia del público que pedía más trofeos de los merecidos. Algo parecido pudo pensar la concejala ante el amplio respaldo recibido.
En definitiva, una moción más de las muchas que se presentan y cuya utilidad práctica es nula. Comprendo la sensibilidad y las posturas en favor de la paz, pero hay cuestiones cuya solución no depende de acuerdos municipales, sino de ámbitos muy distintos.
Por ese camino, la extrema izquierda seguirá siendo irrelevante y les será complicado alcanzar una mínima representación. Están en un Gobierno que cada vez dedica más dinero a armamento –lógico, por otra parte– y por ende a presupuestos de Defensa. Decir –o incluso gritar– “no a la OTAN” mientras se apoya a un Gobierno que forma parte de ella resulta, como mínimo, contradictorio. Mandan una fragata armada hasta los dientes y ellos siguen diciendo que la misión es defensiva y no ofensiva. Con tal de estar en el Gobierno todo les viene bien.
Entre moción y moción, se alcanzan acuerdos con otras administraciones de distinto signo político, como el Ayuntamiento, la Diputación y la Junta de Comunidades, con el objetivo de otorgar mayor categoría y esplendor a la Feria del Queso.
No he entendido muy bien, o sí, lo que se pide ahora para los ejidos de la feria. Los están dejando de lujo, lo he escuchado personalmente a los vecinos y ahora desde el grupo municipal socialista piden participación y algo más. Por pedir que no quede, pero por allí ahora se podrá caminar sin problemas que era lo que la gente quería.
Todo ello sin “autobombo y platillo” quizá sí a bombo y platillo. Instrumentos siempre necesarios para hacer sonar un buen pasodoble, por ejemplo. El bombo da fuerza y profundidad a la música y el platillo le añade energía y brillo. Una forma de conjugar lo grave y lo agudo, juntos crean el ritmo completo.
Me alegro de que al torero Cristian Pérez le sonría la suerte y la vida. He seguido con atención lo sucedido en Las Ventas, he leído a Julio Martínez aquí en este mismo medio y me ha agradado la afirmación del periodista albaceteño: “Cristian Pérez va a comer del toro”.
Andaba yo mosqueado con el trato ganadero en su confirmación, Una de Dolores Aguirre te quita la cabeza siempre y no te deja triunfar nunca. Entiendo que los toros de doña Dolores también hay que matarlos, pero mejor cuando uno esté más rodado.
De todas formas, el gesto de la empresa de acudir a la Clínica y ofrecerle que vuelva el 21 de junio a Madrid, es un gesto que honra a una empresa. Me cuentan que lo han llamado de Pamplona y de algunos sitios más. Me alegro por el chaval, se jugó la vida y eso debe tener premio. Algo se mueve en su carrera, ahora –como siempre– todo dependerá de él y toca lo mismo: seguir jugándose la vida.
Pasan muchas cosas y tiempo habrá de comentarlas. Leo que Javier Ruiz (periodista) está indignado ante la comisión de investigación del PP sobre RTVE en el Senado. Y dice: “Molesta que no cantemos el Cara Sol”. Creo que es otra cosa: molesta tanta manipulación, tanto activismo y tanto sectarismo. Eso sí, lo practique quien lo practique, pero estamos en un momento de gran abundancia de todo eso.
El debate sobre la independencia y la calidad del periodismo sigue, por tanto, plenamente abierto en un momento especialmente marcado por la polarización.
Hoy es día de fiesta. Habrá ocasión de seguir analizando estas cuestiones más adelante, y ojalá con mayor sosiego.
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo

