La Semana Santa de Hellín, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, volvió a demostrar este Viernes Santo su enorme capacidad de convocatoria y su fuerza emocional en la tradicional subida y bajada del Calvario. Sin embargo, junto a la belleza y la devoción que recogen estas imágenes, también se repite un problema que año tras año sigue sin resolverse: la insuficiente dotación de aseos públicos.
Miles de personas —entre participantes y público— se concentran durante horas en el recorrido y en el entorno del Calvario, pero los servicios disponibles resultan claramente escasos para atender una afluencia de tal magnitud. Esto provoca largas colas en los pocos baños instalados y situaciones incómodas que terminan afectando a la imagen y a la experiencia de la celebración.
Ante la falta de alternativas, no son pocos los asistentes que se ven obligados a buscar soluciones improvisadas en espacios abiertos, a la vista de todos, algo que es muy «sencillo» en los hombres, que es una circunstancia especialmente incómoda para muchas mujeres, que se enfrentan a una situación de vulnerabilidad y falta de intimidad difícilmente justificable en un evento de esta relevancia a plena luz del día y ante la mirada de miles de personas. Ellas, en su mayoría, se ven obligadas a hacer largas colas en el camión instalado en el calvario que ofrece una irrisoria cifra de baños para las miles de mujeres que suben al calvario cada Viernes Santo.
Se trata de una cuestión organizativa que depende directamente del Ayuntamiento de Hellín y que, pese a las reiteradas críticas en ediciones anteriores, continúa siendo una asignatura pendiente. Mejorar este aspecto no solo contribuiría al bienestar de quienes viven la procesión, sino que también reforzaría la imagen de una celebración que aspira a estar a la altura de su reconocimiento internacional.


