Hellín (Albacete) rompe en estruendo cada primavera, con una de las Semanas Santas más singulares del país. El tambor, uno de los símbolos más arraigados en el municipio es mucho más que ese sonido que acompaña a los hellineros en todas las etapas de su vida: es identidad y un sentimiento compartido de toda una comunidad, que ha crecido entre redobles de tambores. En este contexto nace la historia de David Requena, un joven de 14 años con parálisis cerebral, natural de Fuente-Álamo (Albacete) pero con unas fuertes y arraigadas raíces hellineras.
Fiel a la tradición, David rompe límites y toca su tambor cada Semana Santa como uno más, aunque con adaptaciones que le permiten vivir y sentir la Semana Santa de forma activa en una tradición que forma parte de la identidad de sus raíces, y que ahora también suena a inclusión y superación.

David dispone de un comunicador adaptado que facilita la comunicación con su entorno, y que además, le permite participar en las Tamboradas de Hellín. A pesar de su dificultad motora, y gracias a la ayuda de su inseparable logopeda Cecilia Gaviota, han diseñado un mecanismo para que David no deje de tocar el tambor.
El ‘racataplá’ de la inclusión
Leo, madre del joven de 14 años, comparte con El Digital de Albacete que “hemos adaptado el comunicador con un pulsador para que él le pueda dar para tocar el tambor”, explica, y manifiesta que “lleva solamente un botón, y activa a la vez los dos palillos”.

Una adaptación que además “puede servir también para personas mayores, que siempre han tocado el tambor y ahora por cualquier circunstancia no pueden, y también para personas con discapacidad”, como señala Leo, que sostiene que “es una manera de que todos participemos”. “Antes David llevaba el tambor, pero no podía tocar, desde que lo lleva adaptado, es el que hace la acción”, asegura.
Superación e innovación al ritmo del tambor en este municipio de Albacete
Con la finalidad de seguir participando en las tradiciones, David toca el tambor con estos pictogramas de una manera activa. “Es él quien decide cuando tocar”, sostiene Leo, y asegura que “estamos muy contentos, son grandes avances”.

Para la familia de Leo y David la Semana Santa de Hellín “es sagrada”, y jamás se la pierden, ya que llevan en la sangre esta pasión tamborilera a la que se adaptan para poder seguir disfrutando de una de las tradiciones más arraigadas en Hellín.

El sentimiento de esta celebración va más allá del estruendo de los tambores. Historias como la de David son el reflejo de una tradición que sin perder su esencia se adapta e incluye a todos, derribando barreras para que todos puedan participar, porque en Hellín cada ‘racataplá’ cuenta.








