FOTOS | Más de 100 sacerdotes, el obispo, diáconos y fieles laicos celebran esta especial misa en Albacete

La diócesis de Albacete refuerza su comunión en la Misa Crismal

La S.I. Catedral de Albacete ha acogido esta mañana de Miércoles Santo la celebración de la Misa Crismal, presidida por el obispo de la diócesis, D. Ángel Román Idígoras. Una Eucaristía que ha sido concelebrada por más de 100 sacerdotes y en la que también han participado los diáconos permanentes, la vida consagrada y fieles laicos en torno a un mismo altar.

Durante su homilía, el obispo subrayó la importancia de esta celebración como un  «impulso» para vivir el Triduo Pascual y la vida cristiana desde la alegría de la comunión para la misión, eje pastoral de la diócesis durante este curso. 

Uno de los aspectos centrales de su mensaje fue la unidad del Pueblo de Dios, visible en la asamblea reunida en la Catedral. «Nos necesitamos todos; si falta alguna de las partes, la Iglesia queda incompleta», señaló, destacando la riqueza de la diversidad de vocaciones y estados de vida dentro de la Iglesia.

Asimismo, explicó el profundo significado de los óleos y el santo crisma, bendecidos durante la celebración, como signo de esa comunión que se extiende desde la Catedral a toda la diócesis desde donde estos aceites son distribuidos a todas las parroquias, acompañando la vida de los fieles en los momentos más importantes de la vida cristiana —la iniciación fe, la vocación, y la fragilidad— y, por ello, «nos unen a todos» como Iglesia.

El obispo insistió también en la misión evangelizadora, especialmente dirigida hacia los más necesitados, recordando que «no se trata solo de ayudar, sino de dignificar y levantar a las personas». Esta tarea común, afirmó, es un elemento clave de comunión entre los miembros de la Iglesia.

A todos los fieles invitó a cuidar y valorar a los sacerdotes, animando tener cercanía con ellos y a apoyarles. A su vez, dirigió palabras de agradecimiento al presbiterio diocesano por su entrega generosa y su servicio constante al Pueblo de Dios.

En la celebración también tuvo lugar la renovación de las promesas sacerdotales, que D. Ángel invitó a vivirlas como un momento de revisión personal y de renovación del «sí» al Señor, desde la gratitud y la disponibilidad.

Finalmente, el obispo invitó a toda la diócesis a caminar unida, fortaleciendo la comunión y la fraternidad, y a vivir con esperanza la misión evangelizadora: «Caminamos juntos, sabiendo que el Señor está a nuestro lado». 

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