Hay golpes que no sólo alteran un partido, sino que cambian por completo el horizonte de una temporada. En Anduva, en una noche que podía medirse en puntos, fútbol y resistencia, el Albacete volvió a tropezar con su peor enemigo: ese que no entiende de jerarquías, ni de talento, ni de la importancia capital de ciertos futbolistas. Y esta vez, por la imagen, por el gesto, por la forma de marcharse y por las palabras posteriores del entrenador, el presentimiento en clave manchega vuelve a ser devastador: Pepe Sánchez ha vuelto a caer.

Pepe Sánchez vuelve a romperse y el Alba se queda sin su defensa más fiable en el peor momento
El Albacete Balompié volvió a vivir este martes en Anduva una de esas escenas que su afición ya conoce demasiado bien y que, precisamente por repetida, duele todavía más. Pepe Sánchez, uno de los futbolistas más determinantes, solventes e indispensables del equipo manchego, tuvo que ser sustituido en la primera mitad del encuentro frente al CD Mirandés tras sufrir una nueva lesión muscular que, a falta de las pruebas médicas pertinentes, invita al pesimismo más severo.
No es una baja cualquiera. No lo es por el nivel del futbolista, por su peso competitivo ni por lo mucho que cambia el Albacete cuando él está sobre el césped. Pepe Sánchez es de esos centrales que sostienen al equipo, que corrigen, ordenan, anticipan y transmiten seguridad. Un defensa serio, firme, de enorme jerarquía, con el que el Alba suele parecer un bloque mucho más fiable y competitivo. De hecho, con él en plenitud, los números del conjunto blanco han tenido durante tramos de la temporada aroma de equipo grande, de conjunto capaz de mirar hacia arriba con ambición real.
Pero el fútbol, a veces, se ensaña con los mejores. Y el gran drama del Albacete con Pepe Sánchez esta temporada ha sido precisamente ese: su enorme valor futbolístico ha convivido con una fragilidad desesperante. Tan bueno, tan necesario y tan insustituible como castigado por un cuerpo que no le ha dado tregua. El central ha encadenado ya varios problemas musculares a lo largo del curso y sus continuas recaídas o nuevas dolencias le han obligado a perderse un número importante de partidos, rompiendo su continuidad y privando al equipo de uno de sus pilares.
La imagen de este martes, además, dejó poco margen para el optimismo emocional. En las fotografías del banquillo se aprecia a un jugador abatido, hundido en sí mismo, con gesto de dolor físico pero también de profundo golpe anímico. Tapándose el rostro, cabizbajo, aislado en mitad del ruido del partido, Pepe transmitía la sensación de quien entiende perfectamente la dimensión de lo que acaba de ocurrir. No parecía sólo la frustración de una sustitución. Parecía el peso insoportable de saber que, probablemente, estaba despidiéndose de lo que resta de temporada.

Pepe Sánchez da sentido al Albacete
Y es ahí donde el golpe para el Albacete adquiere una dimensión aún mayor. Porque cuando cae Pepe Sánchez no sólo se resiente la defensa; se tambalea una estructura. Se cae un futbolista que da sentido al plan, que eleva el nivel de los que juegan a su lado y que convierte al equipo en algo más sólido, más competitivo y más creíble. Perderle ahora, en este tramo del curso, supone un castigo enorme para un equipo que necesita certezas y que, cada vez que ha podido contar con él, ha encontrado en su figura una garantía de rendimiento.
Tras el encuentro, el técnico del Albacete no ocultó su preocupación y dejó una valoración tan breve como inquietante sobre el estado del central: “Lo de Pepe no pinta bien, a priori. Es en la parte de atrás, en la zona de los isquios. Hay que esperar a ver qué dicen las pruebas, pero no pinta nada bien”.
Las palabras del entrenador vienen a confirmar lo que ya transmitieron tanto la acción de la lesión como el lenguaje corporal del propio jugador en el banquillo. A la espera de un diagnóstico oficial, todo apunta a una nueva dolencia muscular en la zona isquiotibial, una de las peores noticias posibles para un futbolista que ya ha pasado demasiadas veces por el mismo calvario durante esta campaña. Y, por tiempos, por antecedentes y por el momento del año en el que llega este contratiempo, resulta difícil pensar que Pepe Sánchez pueda volver a competir a alto nivel en lo que resta de temporada.
Es una noticia demoledora para el Albacete y para su gente. Porque no se trata únicamente de perder a un jugador importante, sino de ver cómo vuelve a caer uno de esos futbolistas que marcan diferencias de verdad. Uno de esos defensas que mejoran a todo el equipo, que elevan el listón competitivo y que hacen creer. Un futbolista cualitativo, diferencial, casi indispensable, pero castigado una y otra vez por una fragilidad que convierte cada regreso en una esperanza y cada lesión en una resignación.
En Anduva, mientras el partido seguía, en el banquillo del Alba se escenificaba otra derrota. La de un jugador de cristal en el cuerpo, pero gigantesco en el impacto que tiene sobre su equipo. La de un central magnífico al que el fútbol no está dejando tener continuidad. La de un Albacete que, cuando más necesita a sus mejores hombres, vuelve a quedarse sin uno de los mejores. Y también la de una afición que ya ni siquiera se sorprende: sólo aprieta los dientes, mira al suelo y lamenta que Pepe Sánchez, tan bueno como frágil, haya vuelto a romperse justo cuando más falta hacía.





/ Fotos: Carlos Gil Roig /


