El sonido inconfundible de los tambores no es solo un acompañamiento en Tobarra, es identidad, historia, y emoción colectiva. Con este espíritu nació en 1952 ‘Tambores Román’, una empresa dedicada a la fabricación artesanal de tambores que ha sabido mantener viva una tradición profundamente arraigada, especialmente en estos días en los que se acerca la Semana Santa en Tobarra.

Detrás de cada tambor hay años de experiencia y un conocimiento transmitido de generación en generación. Tambores Román surgió como una iniciativa familiar con el objetivo de preservar la esencia del tambor tradicional, adaptándolo a las nuevas demandas sin perder su autenticidad. Raúl Román, 4ª generación de ‘Tambores Román’, nos cuenta que “todo comenzó en 1952, y desde entonces han pasado ya 72 años, y 4 generaciones. Comenzó el tío de mi abuelo con un pequeño taller en el que cada pieza era elaborada manualmente. Luego siguió mi abuelo con el negocio, después mi padre, y ahora sigo aprendiendo a su lado, hasta que me quede yo al frente. Lo bueno es que, con el paso del tiempo, aunque la empresa haya evolucionado, seguimos manteniendo ese carácter artesanal que define nuestro trabajo. Toda la vida me he criado entre tambores, y es algo que he vivido desde que nací, así que se podría decir que lo llevo en la sangre”.

El proceso de fabricación y venta
La elaboración de un tambor es un proceso minucioso que combina precisión y sensibilidad. El artesano indica que “desde la selección de materiales, hasta el montaje final, cada paso es clave para conseguir un sonido de calidad. Nosotros ajustamos cada tambor cuidadosamente para garantizar su resistencia y sonoridad. El resultado es un tambor capaz de soportar largas jornadas de toque, como las que caracterizan a Tobarra, donde el ritmo puede prolongarse durante horas. A la hora de la venta, el primer paso es en la tienda, donde tenemos infinidad de modelos de tambores diseñados y fabricados por nosotros. El cliente siempre pasa por allí para elegir los materiales, porque la madera, el metal, y el parche tienen que ser de calidad. También eligen el color, el modelo, o el tamaño, con el fin de encontrar el tambor de sus sueños. Si entre todos los que hay no lo encuentra, podemos fabricar uno personalizado, a gusto del cliente, eligiendo desde la primera pieza hasta la última. Para este tipo de tambores personalizados, solemos tardar unos 6 meses en tenerlos listos, porque suelen ir tallados a mano con los motivos que elijan. Además de cuidar todo el exterior del tambor, tanto a nivel de calidad como de estética, nos centramos mucho en lo que lleva dentro. Y es que, cada tambor lleva en su interior la ‘bordonera’, responsable de darle a la caja el sonido característico de Tobarra, brillante, metálico y con ataque”.

La ‘Tamborada’ de Tobarra
La Semana Santa de Tobarra, declarada de Interés Turístico Nacional, no se entendería sin el constante redoble de los tamborileros. De hecho, su famosa ‘Tamborada’ está declarada como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Empresas como ‘Tambores Román’ contribuyen a que esta tradición se mantenga, tanto creando nuevos tambores, como dedicándose a la reparación y puesta a punto de los mismos. “Estamos todo el año haciendo reparaciones, pero en estas fechas estamos desbordados porque todo el mundo quiere tener su tambor listo para Semana Santa. Hay que tener en cuenta que estos tambores tienen que estar preparados para aguantar, entre otras cosas, la ‘Tamborada’ de 104 horas seguidas del Miércoles Santo de Tobarra. Estos días tenemos de todo, gente de Tobarra de toda la vida, jóvenes que empiezan a tocar, y también personas de fuera que conocen la tradición y quieren un buen tambor. Incluso hay clientes que vienen expresamente buscando ese sonido característico de aquí”, detalla.

Orgullo y responsabilidad
Cada tambor tiene algo único, y así lo explica Raúl Román. “No solo es fabricar un objeto, es crear algo que va a formar parte de momentos importantes para la gente. Cada tambor tiene una historia detrás, y eso es lo que hace especial nuestro trabajo. No trabajamos en serie como una fábrica industrial, aquí cuidamos cada detalle para que el sonido sea perfecto. Cada tambor se ajusta de manera individual, porque sabemos que quien lo compra lo va a usar muchas horas, y por eso buscamos resistencia, comodidad y, sobre todo, un buen sonido. Hay que tener en cuenta que la Semana Santa para nosotros es el momento más especial del año, y por eso la vivimos con mucha emoción. Ver a cientos o miles de personas tocando tambores que han salido de nuestro taller es algo difícil de explicar. Es una mezcla entre orgullo y responsabilidad. Así que seguiremos adelante, sin perder la esencia para que la tradición siga viva”, concluye. En un mundo cada vez más industrializado, ‘Tambores Román’ demuestra que la artesanía sigue teniendo un lugar fundamental. Cada tambor que sale de su taller, además de un instrumento, es una pieza de historia que continúa marcando el ritmo de Tobarra.




























