Durante este primer trimestre del año, los vecinos de Albacete han sido testigos de cómo algunas tiendas y establecimientos bajaban la persiana para no volverla a subir. Una situación delicada tanto para los comerciantes como para los vecinos de la ciudad, ya que el comercio local forma parte de la historia viva de Albacete.
Así, algunas calles, tanto del corazón de la ciudad como de los barrios, están un poco más tristes sin el trajín diario de esos negocios que han decidido cerrar la persiana por diferentes motivos. En este contexto, el cierre de establecimientos no supone solo la desaparición de negocios, muchos de ellos de los de toda la vida, sino también la pérdida de puntos de encuentro y de vida en las calles.
Cada persiana que cierra deja detrás de sí años de esfuerzo, historias compartidas con los clientes y una huella difícil de reemplazar, reflejando los retos a los que se enfrenta el comercio local en un marco de cambio constante.

Crisis en el pequeño negocio de Albacete: persianas bajadas y un futuro incierto
José Lozano, presidente de la Federación de Comercio de Albacete y uno de esos albaceteños que lleva años aportando su granito de arena tras el mostrador de su negocio, comparte con El Digital de Albacete que el principal motivo del cierre de estos negocios es por “falta de relevo generacional”. “La gente prefiere que sus hijos tengan una vida más cómoda, porque el sector del comercio es muy sacrificado”, señala.
En la misma línea, señala que otra problemática que potencia estos cierres es que “cada vez se vende más online y hay muchos comercios que no se están adaptado. Es un sector conservador que no siempre se adapta y apuesta por las nuevas tecnologías”. Además, indica que “tener un comercio en el centro siempre ha sido un valor seguro porque mucha gente va al centro de Albacete a comprar y siempre ha estado muy vivo, pero en los barrios no sucede lo mismo”, y manifiesta que “los alquileres en el centro ahora en muchas ocasiones son impagables, y quienes se lo pueden permitir son las multinacionales”. Una situación que ha hecho que “el centro de todas las ciudades sea igual, con las mismas marcas”, apunta.

Sin relevo generacional y con la presión de lo ‘online’
“Nos da una pena terrible ver cómo desaparecen tiendas de toda la vida”, explica, y sostiene que el comercio de proximidad de Albacete tiene ese toque especial. “Bajamos al panadero o el frutero de siempre, que termina convirtiéndose en un amigo, hablas de los problemas del barrio, tienes una conversación”, manifiesta, y señala que “se convierte en un vínculo íntimo con los clientes”. Del mismo modo, señala que los trabajadores de este tipo de establecimiento “llevan muchísimos años”, como indica Lozano, lo que también propicia esa relación cercana con los clientes.
En la misma línea, comparte José Lozano que apostar por las nuevas tecnologías es una buena forma de renovarse. “No tiene que ser vendiendo productos online, sino por ejemplo, a través de redes sociales, publicitando los productos”, como señala, manteniendo ese estilo comercial de siempre pero modernizándose.

En este escenario de cambios, el futuro del comercio local puede pasar por encontrar el equilibrio con la adaptación al momento en el que vivimos manteniendo ese trato cercano y su esencia de siempre, implementando nuevas herramientas que permitan competir en un mercado cada vez más exigente. Más allá de ello, lo cierto es que cada vez que un negocio de Albacete cierra la persiana para siempre, un trocito de la ciudad se apaga con él.

