Jefté, de señalado por la grada a ser uno de los héroes de una noche épica en Albacete

El canario, de pitado a aclamado por la afición del Albacete

Hay noches en las que un estadio no sólo presencia un partido, sino que también dicta una sentencia, abre una herida y, a veces, contempla en directo cómo empieza a cicatrizar. Anoche, en el Carlos Belmonte, se mezclaron el reproche, el orgullo, la tensión, el sentimiento de pertenencia y esa imprevisible capacidad del fútbol para poner a cada uno delante de su verdad. Y fue precisamente ahí, en el lugar donde más pesan el escudo y la memoria, donde Jefté Betancor escribió el capítulo más delicado y, a la vez, más redentor de su última semana.

El fútbol tiene una manera muy suya de ajustar cuentas. A veces lo hace con crudeza, otras con belleza, y en ocasiones con ambas al mismo tiempo. Eso fue lo que ocurrió anoche en el Carlos Belmonte, cuando Jefté Betancor pasó de escuchar el juicio sentimental de una parte de la afición del Albacete al convertirse, por obra y responsabilidad propia, en uno de los nombres decisivos de una remontada que ya forma parte de esas noches que un estadio no olvida fácilmente.

Dijo que cambiaría su doblete al Real Madrid con el Albacete por fichar por la UD Las Palmas

Porque lo de Jefté no nació anoche. Venía gestándose desde hacía días. Todo comenzó el pasado 11 de marzo, cuando El Digital de Albacete se hizo eco de unas declaraciones del delantero canario a SER Deportivos Las Palmas en las que admitía que jugar en la UD Las Palmas “sería un sueño”, definía al club amarillo como “el equipo de mi vida” y llegaba a deslizar que cambiaría su recordado doblete al Real Madrid por firmar con el equipo de su tierra. En una ciudad donde el escudo del Alba no se vive como un simple contrato, sino como una herencia emocional que pasa de padres a hijos, aquellas palabras sentaron mal entre una parte de la hinchada.

La reacción fue inmediata. Un día después, Jefté compareció en rueda de prensa para pedir perdón. Aseguró que no quiso menospreciar al Albacete, insistió en que está “muy feliz” en el club manchego y pidió disculpas a la afición, subrayando que siempre ha puesto al Alba “en primer plano”. Fue un intento de apagar un incendio sentimental que ya se había extendido entre parte del albacetismo, dolido no tanto por el amor del jugador hacia Las Palmas como por haber situado por encima de una noche histórica para el club —la del doblete al Real Madrid— el anhelo de vestir otra camiseta.

Pero la semana todavía guardaba otro giro. Horas antes del partido ante la UD Las Palmas, Alberto González había dejado a Jefté en el banquillo y tal decisión del entrenador del Albacete se podía interpretar como un castigo con mensaje, pues después de una semana en la que el delantero había pasado del protagonismo goleador a la polémica extradeportiva, el técnico parecía recordarle que “donde hay que hablar es en el campo”. El movimiento tenía carga competitiva, pero también simbólica. El vestuario, el entrenador y la grada parecían haber trasladado al delantero una misma idea: el sentimiento puede explicarse, pero el compromiso hay que demostrarlo.

Pitos del Carlos Belmonte de Albacete a Jefté

Y anoche, cuando Jefté saltó al terreno de juego en sustitución de Matías Fernández, el Carlos Belmonte le hizo saber que la herida seguía abierta. Parte de la afición lo recibió con pitos, en una escena que retrató perfectamente todo lo ocurrido durante la semana: el dolor por unas palabras que tocaron una fibra sensible, el derecho de la grada a expresarse y la exigencia que acompaña siempre a quien defiende un escudo que en Albacete se siente como algo más que una camiseta.

Sin embargo, el fútbol, tan cruel a veces como justo en otras, le reservó a Jefté el escenario ideal para responder. Con el Albacete por debajo en el marcador y el partido caminando hacia un desenlace dramático, fue él quien asumió la responsabilidad máxima en el minuto 95. Penalti. Silencio. Presión. Todo lo que durante días se le había echado encima parecía comprimirse en once metros. Y Jefté no se escondió. Gol. 1-1. El tanto que devolvía la vida al Alba y que abría la puerta a una de esas remontadas que no se explican sólo desde la táctica, sino desde la fe. Apenas cinco minutos después, en el 100, Samu Obeng desataba la locura con el 2-1 definitivo; una remontada épica forjada en los minutos 90+5 y 90+10, con Jefté y Obeng como ejecutores de una noche de manicomio bendito en el Belmonte.

Y ahí estuvo el verdadero nudo de la historia. Jefté había hablado demasiado durante la semana, sí. Había removido un sentimiento profundo en una plaza donde el club no se entiende como una estación de paso, también. Pero anoche habló donde más valor tienen las palabras de un futbolista: en el césped. Lo hizo tomando la pelota cuando más quemaba, lo hizo con la serenidad que luego confesó en sala de prensa —“para lanzar el penalti estaba tranquilo”— y lo hizo recordando después, con claridad, cuál es ahora mismo su sitio: “Yo soy jugador de Albacete y tengo que entrar al campo y jugar para mi equipo, que son los míos”.

La verdad del Albacete hay que defenderla con hechos

Esa frase, pronunciada tras el partido, probablemente resume mejor que ninguna otra lo ocurrido. Porque el romanticismo del fútbol no consiste en negar que un jugador pueda amar a otro club. Consiste en entender que, mientras vista un escudo, su verdad debe defenderla con hechos. Y anoche Jefté lo hizo. Con un penalti en el minuto 95, con carácter, con personalidad y con el tipo de responsabilidad que no todos asumen cuando el ruido aprieta. Luego llegó Obeng para convertir la angustia en delirio y sellar una remontada que puede marcar un antes y un después para el Albacete.

Quizá por eso la noche de ayer deja una imagen tan poderosa. La de un futbolista cuestionado que escuchó reproches al salir y terminó marchándose con un gol decisivo en la mochila. La de una afición que dolida exigió una respuesta. Y la de un club en el que, una vez más, quedó demostrado que el amor a unos colores no se proclama: se honra. En Albacete, al menos, sigue siendo así.

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Nacho Lopez

Nacido en Albacete. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación en radio, televisión y digital, como Intereconomía radio, Cadena SER, Punto Radio, ABTeVe y VOZ Castilla-La Mancha.
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