Samuel Navalón arrasa Valencia en una tarde incontestable de valor, frescura y ambición

El matador valenciano, con sangre de Almansa, sale por la puerta grande en la feria de Fallas y conquista a un público que quiere llenar el vacío de Enrique Ponce: "Navalón, torero, torero"

En el cine pasa que no ha empezado la película y ya te has comido las palomitas. En los toros en Valencia sucede algo similar. A las 17.15 ya había gente que había amortizado la entrada, pero el toro seguía sin salir. Acabó asomando muy alegre, contento por su cumpleaños. Sopló las velas en febrero: su mayoría de edad. Cuatro añitos. De caballo a caballo y manso porque me toca. Las puntas de los pitones, como la espada detectora de orcos de Frodo Bolson, que se iluminaba cuando el enemigo andaba cerca. Dos luciérnagas del color del yeso del chiquero. Quizá de una escofina rebelde, si pensamos mal. Dicen que solo así aciertas. Un trabajo muy mal acabado. No se aburrió con él Alejandro Talavante, que se divirtió en el último resquicio de sol que lucía en el ruedo, pegado a las tablas. Ese rincón en el que estaba empadronado Dámaso González. Aprovechó Talavante la movilidad del cuatreño y lo pasó con más eficacia que brillantez. Mató muy mal a la tercera. Podría ser 2007, pero es 2026. Esta faena ya la hemos visto muchas veces.

Un azul celeste a prueba de daltónicos eligió Roca Rey para la ocasión. Beatífico y oro. Lo mejor era el capote de paseo, lleno de flores y de oro sobre un negro coruscante. Una pasada. Jarretero, hijo de alguna Jarretera, salió muy galante al ruedo, negro burraco recogidito. Un toro de Valencia, o sea un toro de segunda metido con calzador. Pasó por el caballo porque lo dice un reglamento que solo se cumple para eso, dos puyazos milimétricos. Quitó Samuel Navalón por chicuelinas, muy aceleradas. La faena de muleta del matador peruano fue pura homeopatía. Lo que enferma a los sanos y cura a los enfermos. Una suerte de aletazos con el trapo que puso a muchos de pie. La misma verdad que el cabestrillo de Santaolalla. El final por bernadinas sí fue verdaderamente meritorio y ceñido, pero perdió tras dos pinchazos un premio que, seguro, iban a pedir por partida doble. Hemos pagado, seremos transigentes. Ovación al toro y al torero, juicio asimétrico.

Samuel Navalón se presentó como matador en su tierra con Casero, un toro de Victoriano del Río que evoca a hermanos suyos de juego superlativo. Una ganadería es tan buena en función de la cantidad de toros que recuerdas por su nombre. Victoriano es el número uno. Optó el torero de Ayora por las largas de rodillas en lugar de por sujetar al toro, que se dio demasiadas vueltas al ruedo sin que nadie le introdujera al curso básico de embestida. Simulacro de tercio de varas antes de otro de banderillas muy solvente de Javier Perea, orgullo del toreo albaceteño. Brindó a los doctores que le salvaron la vida en Algemesí cuando entró en la enfermería con el cuello perforado. Un milagro.

Como la bravura, de la que fue enorme representante Casero. Otro toro de Victoriano del Río para cortarle las orejas. Vibrante fue la faena de Navalón, que inició con cambiados por la espalda y que basó todo en el pitón derecho. Al natural no le cogió el sitio y fue incapaz de acoplarse. Quizá por abusar del toque en lugar de llamar su atención únicamente con el vuelo de la muleta. Faena, por tanto, incompleta. Aún así, Valencia se volvió loca y acabó de pie gritando «torero, torero» antes de que se fuera a por la espada. Con la mano derecha sí consiguió Navalón cuajar a Casero, que llegó al final muy mermado de facultades por la intensidad y el poder de la muleta del torero adoptivo de Albacete. Lo mató al segundo intento y quedó la cosa en una oreja y vuelta al ruedo para el toro. Antes de acabar la vuelta ya estaba el ganadero moviendo hilos. Seguramente para cortarle los testículos, tan negros como los de un grillo pese a ser burraco el ejemplar. Ojalá dejen similar descendencia.

Otro burraco hizo cuarto, Dulce en el DNI. Otro nombre que nos traslada a un momento feliz en la vida. Dice mi madre que si nos supiéramos los libros de Matemáticas igual que los nombres de los toros íbamos a desayunar caviar. Todo el mundo con el petróleo y nadie se ha preocupado del caviar iraní. En el Civera de Valencia tienen reservas estratégicas. Qué bonita está Valencia, qué ciudad tan increíble. Íbamos por el cuarto. Talavante. La faena se pareció mucho a una cama sin hacer. El toro, sin ser rotundo, alto de agujas y no excesivamente armónico, embistió. Mejor o peor en según qué momentos de la lidia, pero no dejó de embestir. Otro Talavante le hubiera cortado las dos sin despeinarse. La gente corría por los tendidos con el toro vivo, aquello era muy aburrido.

Quinto toro. Jaceno de nombre. La última puerta grande de Roca Rey en Las Ventas fue con otro Jaceno. Una de sus grandes faenas en Pamplona, Jaceno de por medio. Mi jarrón chino del campo bravo, Luis Miguel Parrado, me dice que en Victoriano del Río no hay derivados ni campos semánticos. Si un toro cuaja, la estirpe se perpetúa bajo el mismo nombre. ¿Jaceno? Pues jacenos todos. Este apretó en el caballo con honores de bravura. La plaza ovacionó al picador Sergio Molina por un notable tercio de varas. No brindó tampoco Roca Rey, que estuvo por estar con un toro pronto, galopón, pero muy soso. Extendió sin medida la faena y acabó aburriendo al personal, que le pidió mediante pitos que pusiera fin al suplicio. Un poco en la línea de Habermas, muerto este sábado, la filosofía desalojando a la filosofía. Con el toro arrastrado, los que pagaron por Roca ya estaban todos en el barco de Navalón. Así llegó y así puede irse si no cambia la mentalidad el taquillero peruano.

Donde se marchó Navalón fue a la puerta de toriles para recibir de rodillas al sexto, llamado Tallista. Podría ser familiar de los Ebanistas, habituales de la casa, pero si en la finca no hay gremios, será casualidad. Empujó Tallista en el caballo del manchego Daniel López, que hizo caso al matador y no castigó. Ni mucho ni poco, nada.

Foto: Plaza de Toros de Valencia

El palco se pasó el reglamento por el forro y concedió el cambio de tercio. Javier Perea brilló en la brega y Curro Javier lo bordó con los palos. El Soro se vino arriba con la trompeta y Navalón selló aquello con un inicio ligando redondos de rodillas impecable. Los decibelios de la plaza, abarrotada, superaron con creces los de la mascletá de por la mañana, que fue un fracaso. Abrumador Navalón. Tremendo. El Soro lo jaleaba como hacía con Kempes. El toro no terminó de romper, pero no dejó nunca de embestir. El torero lo aprovechó, se montó encima de él y consiguió el objetivo: rendir al público. Acabó por la vía del toreo más populista, lanzando incluso la espada de ayuda para torear al natural, pero con tanta violencia que acabó golpeando en la espalda del ayuda de Roca Rey. Volvió a pinchar al primer intento y dejó después un espadazo más que rotundo. Oreja y petición fuerte de la segunda que el palco, con excelente criterio, no atendió. Puerta grande para Samuel Navalón en una tarde gloriosa para él.

FICHA DEL FESTEJO
Sábado 14 de marzo de 2026. Valencia. 2ª de la Feria de Fallas. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Victoriano del Río, desiguales de presentación y de gran juego, en general. Destacó el tercero, premiado con la vuelta al ruedo.

Alejandro Talavante: silencio y silencio.
Roca Rey: ovación y silencio.
Samuel Navalón: oreja y oreja con fuerte petición de la segunda.

Mapfre

Julio Martínez Romero

Julio Martínez Romero (1995). Periodista, director de El Toril de Onda Madrid y editorialista en Buenos Días Madrid. Antes, en esta casa, redactor en El Enfoque, junto a Félix Madero. Se inició en Cadena COPE, primero en información local (Albacete), y posteriormente en la redacción nacional, como editor de informativos, colaborador en toros y redactor en programas magazine. Pasó también por la sección de Economía de Servimedia.
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