Ángela Guardiola es una joven docente de Educación Infantil de Albacete que ha presentado una investigación sobre la educación en la muerte en esta etapa escolar basado en un enfoque pedagógico necesario para acompañar a los más pequeños en esta fase de duelo también desde la docencia. Ángela comparte su investigación como profesora en la parte más objetiva, pero también aporta su propia experiencia personal, ya que la joven sufrió una pérdida con apenas 19 años.
En este sentido, Ángela Guardiola subraya la importancia de que los centros educativos cuenten con protocolos claros y pautas adaptadas a cada edad y cada etapa educativa para abordar la muerte también en las aulas. Así, los docentes podrían apoyarse en una guía que les permita actuar con seguridad, ofreciendo acompañamiento y fomentando las actividades pedagógicas que favorezcan la compresión del duelo para que, cuando un niño escuche por primera vez el concepto de muerte, no sea por el fallecimiento de un ser querido.

De esta forma, y según sostiene Guardiola, no se trata solo de intervenir tras una pérdida, sino de que los niños puedan comprender estos conceptos de manera preventiva, incorporando recursos que fomenten la expresión de emociones, siempre adaptados a cada etapa del alumno.
Las fases del duelo “no tienen porqué ser lineales”
Ángela Guardiola comparte con El Digital de Albacete que su motivación para realizar este trabajo pasa por “explicar la situación porque cuando empecé me di cuenta de que no hay un protocolo, no había casi información sobre cómo trabajarlo con los niños en el caso de que fallezca alguno de los progenitores”. En esta línea, sostiene que “los docentes en muchos casos no tienen recursos en los que apoyarse y mi intención era crear, aunque no fuese un protocolo como tal, pero si algunas actividades para introducir el concepto de muerte de forma preventiva”.
Del mismo modo, comparte que estas pautas pasan por entender “cómo se vive en duelo en las diferentes culturas para introducir el concepto en lo más pequeños, y a partir de ahí, hay actividades adecuadas a las edades”. Así, indica que en la etapa infantil, de 0 a 2 años, “si la figura de los padres desaparece los niños se dan cuenta pero no lo entienden”, y manifiesta que de “3 a 5 años la muerte se entiende como algo reversible o temporal, cuando realmente no es así; y entre los 6 y los 9 años empieza la curiosidad sobre la muerte”. Por otra parte, a partir de los 7 años “empiezan a entender el concepto de la irreversibilidad de muerte y saben que no vuelven”. Por último, la adolescencia “tiene mecanismos de negación y reflexiones existenciales”.

Así, apunta que el duelo cuenta con varias fases que “no tienen porqué ser lineales”, presentando emociones como “la negación, la ira, la negación, la depresión, y por último, la aceptación”. Algo que puede afectar a los niños de diferentes maneras y que puede acarrear ciertas regresiones. “Por ejemplo, si ya se había quitado el chupete puede que sea motivo para volver a adquirir ese hábito”, como señala Guardiola, que además añade que puede estar relacionado con “miedos intensos, problemas de sueño, dificultades escolares, y expresión del dolor través de juegos o dibujos”.
La pedagogía, aliada clave en este ámbito, según Guardiola
Del mismo modo, comparte la docente que es importante tener en cuenta “la pedagogía” en relación a la muerte, es decir, “enseñar a los más pequeños el concepto de muerte de manera preventiva para que cuando lo escuchen por primera vez no sea por la muerte de algún familiar cercano que será más impaciente y traumático”. “Muchas veces los adultos nos empeñamos en no decir nada pero al final es peor, porque el niño no entiende la situación, por eso es importante trabajarlo antes”, señala. Una forma de aprender ese concepto es “por ejemplo, a través de películas como ‘El Rey León’ o ‘Coco’”.
Otra de las actividades que plantea la joven docente es “crear un árbol genealógico familiar con antepasados, que incluya bisabuelos o tatarabuelos, porque siempre hay un niño que pregunta”, y también propone “actividades simbólicas cuando ya ha tenido lugar la pérdida, como esos globos que se sueltan al cielo”. Del mismo modo, pone especial atención en los dibujos de los niños, ya que “a través de ellos los niños lo reflejan todo”.

En cuanto al concepto de la muerte, Ángela Guardiola hace una diferenciación de cuando es una situación que es previsible y se puede preparar de alguna forma a los niños y cuando ésta es de una manera inesperada y sorpresiva. “Pasé por ahí cuando era pequeña, no recibí ayuda, solamente me asignaron un psicólogo, y en el resto de ámbitos tenía una vida normal cuando realmente ya no era así”, comparte, y señala que en el caso de los niños es clave “trabajarlo con el niño a solas, con los compañeros de clase y demás”.
Reflexionando sobre su trabajo, Ángela Guardiola insiste en que abordar la muerte en la infancia no es un tema que deba evitarse, sino una oportunidad para enseñar a los niños a comprender, expresar y procesar emociones complejas desde pequeños, también desde el colegio.

