A veces un plan inesperado te cambia la vida. Y eso es precisamente lo que le ocurrió a Rosana Parra, una albaceteña que hace más de dos décadas dijo que sí a un plan y acabó mudándose por amor al norte de Italia, donde ha establecido su hogar. Hoy, vive en L’ Orta di San Giulio, un pintoresco pueblo del norte de Italia rodeado por lagos infinitos y paisajes de postal. Eso sí, a pesar de los años, Rosana no ha perdido ni un ápice de conexión con su Albacete natal, ciudad a la que regresa siempre que puede y que sigue siendo su casa.
Rosana Parra recuerda que conoció a su marido, Marco, hace más de dos décadas a través de unas amigas de su hermana. “No pensaba salir, pero me acabé uniendo al plan”, comparte con El Digital de Albacete. Tiempo después de aquel primer día en el que se conocieron, Rosana se encontraba trabajando en la panadería de sus padres. “Vi una cara conocida pero pasaba tanta gente por la panadería… hasta que me di cuenta de que era él”, recuerda. Tras meses de relación a distancia, Rosana tomó una decisión que lo cambió todo. En el 2001 hizo maletas y se mudó a Italia con su marido, concretamente a L’ Orta di San Giulio, el pueblo natal de Marco, donde han crecido sus dos hijos, Javier y Sara.

Desde entonces, Rosana ha residido en Italia, y tiene el corazón dividido entre el lugar que se ha convertido en su hogar y sus raíces en Albacete, a la que recuerda con orgullo y regresa con frecuencia. “Tengo muchos días de nostalgia”, confiesa, y agradece que “estén el teléfono y las videollamadas”, aunque explica que “de vez en cuando me escapo a Albacete”. “He hecho verdaderas locuras, de ir un sábado a Albacete y volver el domingo, o quedar en Valencia para comer con mi hermana y volver”, manifiesta.
De Albacete a un pueblo italiano de postal
Rosana trabaja actualmente en la industria de la grifería en este pequeño pueblo italiano, ya que “hay mucha industria”, como comparte la de Albacete, que añade que en L’ Orta di San Giulio “se vive mucho del turismo, hay mucho senderismo, zonas de playa y también hay una estación de esquí muy cerca”.
Un pueblo que destaca por su paisaje de película a orillas del lago d’ Orta, que cuenta también con una bonita isla en el centro. “Es muy bonito, es un pueblo de postal, aunque también es incómodo ya que para las tareas del día a día tienes que coger el coche para salir. Es un pueblo muy turístico, tiene cerca de mil habitantes y en invierno hay menos gente, a partir de marzo hay más vida y vienen muchos turistas”. Además, el pueblo cuenta con la isla de San Giulio, un pequeño territorio dentro del lago con un encanto especial. “Hay un monasterio dentro con algunas calles a su alrededor, también tiene algunas casas de extranjeros y hay mucho turismo de barcos que la visitan”, manifiesta. Sin duda, si algo le sobra a este bello pueblo, es encanto. En la misma línea añade que “ahora hay muchos españoles, cuando llegué hace casi dos décadas no había casi”.

Eso sí, Rosana asegura que “para los niños y las familias es como una burbuja”, y señala que “están muy libres”. En la misma línea, explica que es “un ambiente muy natural, muy limpio, sin tráfico. Es como vivir en la montaña”. Además, vivir en este pueblo les permite practicar deportes diferentes. “Mi hija lleva años haciendo canoa, y en verano vivimos prácticamente en el lago, excepto los días que estamos en Albacete”.
Un pueblo de película a orillas del lago se ha convertido en el hogar de esta albaceteña
La imagen de postal que ofrece este pueblo de Albacete ha sido utilizada en muchas ocasiones como el escenario de película que es. “Es un pueblo que sorprende”, asegura, y manifiesta que “hay muchas casas con fachadas pintadas con escenas de películas que se han grabado aquí”, explica, y añade que su propia casa se sumerge en una de las cintas del director italiano Tornatore. “Se han grabado decenas de películas y series”, indica.

Rosana lleva casi el mismo tiempo viviendo en Italia que el que lo hizo en Albacete. Eso sí, hay un punto de nostalgia en ella que no se ha perdido. “Echo de menos mucho a la familia y amigos, aunque por fortuna, suelen visitarme o voy yo”, explica, y manifiesta que “en ese sentido no me puedo quejar porque han venido muchas veces”. Además, indica que “si viviese en un sitio menos bonito quizá tendría más nostalgia”, aunque todavía considera a Albacete como su casa. “Me alegro mucho cuando voy y me encuentro muy bien en Albacete”. Por otra parte, sus hijos, aunque han nacido en Italia, sienten ese cariño también por el lugar que vio nacer y crecer a su madre, y donde se encuentran sus raíces. “En verano cuando eran más pequeños los llevaba a Albacete con mi madre”, y aunque ahora son mayores “les sigue apeteciendo volver y pasar tiempo en la ciudad”, sostiene.

Más de dos décadas después de aquel giro inesperado del destino, Rosana ha construido su vida entre montañas, lagos y paisajes de película, formando una familia junto a su marido y sus hijos, entre visitas, llamadas y escapadas, en muchos casos, improvisadas, manteniendo muy viva esa parte de su vida que sigue latiendo a cientos de kilómetros.

