Dos pilotos de Albacete conquistaron el Dakar… y anoche revelaron en el Teatro Circo los secretos del desierto que casi nadie conoce

El desierto tiene una forma particular de hablar. No lo hace con palabras, sino con el susurro del viento sobre la arena, con el silencio infinito que se extiende entre dunas y horizontes imposibles, con la promesa de aventura y el riesgo que acompaña a quienes se atreven a desafiarlo. En ese territorio de polvo, calor y resistencia nacen historias que parecen sacadas de otra época, relatos de hombres que avanzan entre tormentas de arena guiados únicamente por la voluntad de seguir adelante. Algunas de esas historias, que nacieron a miles de kilómetros de Albacete, encontraron eco ayer miércoles en el corazón de nuestra ciudad.

La Sala Pepe Isbert del Teatro Circo de Albacete acogió este miércoles un coloquio protagonizado por los pilotos albaceteños José Israel Borrell y Juan Carlos Torres, quienes compartieron con el público sus experiencias en el Rally Dakar, considerado una de las pruebas deportivas más exigentes del mundo.

El encuentro permitió a los asistentes acercarse a la dimensión humana y deportiva de un rally que, más allá de la competición, representa una lucha constante contra los límites físicos y mentales. Ambos pilotos narraron las vivencias acumuladas en la arena, donde cada jornada supone enfrentarse a la incertidumbre, la navegación en territorios inhóspitos y el desgaste extremo que impone el desierto.

El coloquio comenzó con un minuto de silencio en memoria de los cuatro motoristas fallecidos recientemente en la provincia, un gesto que marcó el tono de respeto y emoción de una tarde dedicada al mundo de las dos ruedas.

Durante el acto estuvo presente el diputado provincial del Área Social, José González, quien trasladó el reconocimiento del presidente de la Diputación, Santi Cabañero, a dos deportistas que forman parte de la historia deportiva de la provincia. González destacó el orgullo que sienten desde la institución por contar con figuras que han llevado el nombre de Albacete a escenarios internacionales y señaló que el encuentro supuso “un merecido homenaje” a su trayectoria.

En el coloquio también intervino el concejal de Movilidad y presidente del Consorcio del Circuito de Velocidad, Francisco Navarro, quien puso en valor el “plus de calidad” que representa para la ciudad contar con dos pilotos que, entre ambos, han disputado cuatro ediciones del Dakar. Según destacó, ambos son “Marca Albacete” y un ejemplo de superación para los aficionados al deporte.

Navarro agradeció a Borrell y Torres la labor de embajadores de la ciudad que han realizado durante su participación en la prueba, llevando con orgullo el nombre de Albacete por los desiertos del mundo.

En el caso de Israel Borrell, nacido en Albacete y actualmente residente en Perú, participó en las ediciones del Dakar disputadas en Sudamérica en 2013, 2018 y 2019, logrando finalizar las de 2013 y 2019. Por su parte, Juan Carlos Torres, con los colores del Motoclub Albacete y el apoyo del Consorcio del Circuito de Velocidad, disputó la última edición celebrada en Arabia Saudí, completando con éxito las 13 etapas más el prólogo.

Más allá de los datos deportivos, el coloquio permitió a los asistentes comprender la dimensión casi espiritual que muchos pilotos atribuyen al Dakar. En el desierto —explicaron— el tiempo se diluye y cada kilómetro se convierte en una batalla íntima contra el cansancio, el calor y la orientación. Allí, donde la arena puede borrar cualquier huella en cuestión de segundos, el único camino posible es seguir avanzando.

El concejal también destacó la importancia que el mundo del motor, y especialmente el de las dos ruedas, tiene para Albacete tanto desde el punto de vista deportivo como económico y promocional. En este sentido, aseguró que el Ayuntamiento y la Diputación continuarán trabajando conjuntamente, a través del Consorcio, para consolidar el Circuito de Velocidad de Albacete como un punto de encuentro para deportistas y aficionados, además de un foco de atracción turística.

La velada dejó algo más que relatos de competición. Entre anécdotas, dificultades y momentos de superación, los asistentes pudieron asomarse a ese universo de arena infinita donde la aventura todavía conserva un aroma antiguo, casi legendario. Y por unas horas, el espíritu del Dakar —ese que mezcla épica, resistencia y silencio— pareció trasladarse desde los desiertos del mundo hasta el escenario del Teatro Circo de Albacete.

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