Ha sorprendido a muchos la nieve en marzo por Albacete, pese a que no es nada extraño que eso suceda. Sí que nos ha pillado a todos con el pie cambiado el intensísimo temporal del que ya hemos hablado por aquí en alguna ocasión. Casi 50 días sin parar de llover en toda España con un balance demoledor para muchos sectores, también para el toreo. Hemos de pensar que los ganaderos han tenido que luchar sin armas contra el agua, que les ha inundado fincas, les ha destrozado las instalaciones y se ha llevado por delante cientos de cabezas de ganado, pero también los toreros se han visto “con el agua al cuello”.
De un tiempo a esta parte, la subversión del toreo ha llegado igualmente al campo. Antaño, los tentaderos eran la prueba de selección de los ganaderos, el examen de las becerras. El laboratorio del campo bravo. Los toreros eran meras herramientas, colaboradores de ese proceso, algunos más socorridos que otros por su generosidad con el animal y con el ganadero. Ahora, los tentaderos se han convertido en el entrenamiento de casi todos los toreros, que van a la finca de turno a hacer su faena y a ensayar lo que quieren hacer luego, con diferente éxito, al toro en la plaza. Con los oídos tapados, sin escuchar al ganadero y sin tratar de descubrir las virtudes y los defectos del animal, que es el objetivo único de esa práctica ancestral: enseñarle al ganadero si esa vaca es merecedora de ser madre o de convertirse en hamburguesa.
Bien es verdad que son los propios ganaderos –cada vez más-, los que han prostituido el rito y la liturgia del tentadero, desterrando por completo la nota del caballo. “Se juega como se entrena”, dicen los del fútbol. En el toreo, “se lidia lo que se aprueba”. Por eso estamos como estamos, bajo mínimos de bravura y en una crisis de casta sin precedentes. La nobleza es otra cosa. Así, con los tentaderos convertidos en una suerte de favores y compromisos de unos a otros, el invierno de los matadores se ha convertido en el dilema “he hecho mucho o he hecho poco campo”. “Me ha servio mucho el invierno”, dicen ahora. Antes se toreaban 50 en América y, el que menos, se podía poner el traje un par de tardes para no perder el ritmo. Sin duda, el futuro ya no es lo que era.
NAVALÓN Y MOLINA, LA GRAN ESPERANZA
Por desgracia –porque ha sido una desgracia-, tanta lluvia ha hecho imposible la celebración de la mayoría de los tentaderos que estaban previstos para enero y febrero. Muchos toreros, especialmente los más jóvenes, llegan a mediados de marzo casi sin haber olido un pitón y eso siempre merma la fluidez y la confianza cuando hay que hacer frente al toro. Y en el caso de los jóvenes toreros de Albacete, tienen por delante un mes con toros de primera. Las Fallas, la feria de Abril y la feria de San Isidro pondrán a prueba la caótica preparación de un invierno sin campo.
Abre la veda este próximo sábado Samuel Navalón, que además reaparece tras la terrible cornada que un novillo le pegó en el cuello en septiembre del año pasado en un festival benéfico en Algemesí (Valencia). Y será precisamente en Valencia donde vuelva a vestirse de luces. Lo hará además en un cartel de campanillas, ya no quedan entradas, junto a Alejandro Talavante y a Roca Rey. Los toros llevarán el hierro de Victoriano del Río, garantía –a priori- de éxito. Es de justicia que Valencia, tierra natal de Navalón, le haya confiado para presentarse como matador uno de los puestos más cotizados en el toreo actual, junto al torero peruano, que es sinónimo de lleno en los tendidos.
Mitad de Ayora, mitad de Almansa. Esto ya lo hemos contado miles de veces. Formado taurinamente en Albacete, topicazo habitual. Se lo podría poner en LinkedIn. El caso es que Samuel sabe bien que Albacete le quiere y le espera. Manuel Amador es su apoderado y lo está cuidando mucho para que siga progresando y no pierda el rumbo. Navalón tiene madera de torero y ya de niño, cuando empezaba a soñar en la escuela taurina, los maestros vieron en él ese algo diferente que tienen los que nacen con el veneno del toreo. Estará también en la Semana Santa de Hellín, en un cartel para buenos aficionados, junto al triunfador de la pasada feria de Albacete, El Cid, y al torero revelación del 2025, Víctor Hernández. El 3 de junio volverá a San Isidro, su tercer paseíllo como matador en Las Ventas, con los toros de Lagunajanda.
José Fernando Molina arranca exactamente dentro de un mes en Sevilla, el domingo 12 de abril, en la preferia hispalense, un escaparate magnífico y una oportunidad de oro para el manchego, apoderado por la familia Garzón, que debuta precisamente en la gerencia de la Maestranza tras la salida de otro albaceteño, Ramón Valencia. Molina hará frente a los toros de Fuente Ymbro junto a Álvaro Lorenzo y al sevillano Rafael Serna, hijo del célebre cantante sevillano del mismo nombre. Y para mayo, el miércoles 27, está anunciado en Las Ventas en un cartel de gran interés para el abonado de Madrid, con los toros de Pedraza de Yeltes y con Isaac Fonseca y Jarocho completando la terna. Dejó gran sabor de boca en la plaza de Madrid la pasada temporada y tuvo la mala suerte de llegar a Albacete mermado por las cornadas. Por eso, a poquito que un toro se mueva y dé opciones de hacer el toreo, seguro que ‘El Moli’ demuestra por qué es uno de los toreros más brillantes de su generación.
El tercer albaceteño que completa la nómina de toreros de la tierra anunciados en Madrid es Cristian Pérez, que va a cumplir un sueño: confirmar en Las Ventas. Lo hará el 29 de marzo, Domingo de Ramos, con la corrida de Dolores Aguirre, un hierro ilustre. Su padrino será Antonio Ferrera, un todoterreno del toreo, y el mejicano Isaac Fonseca, que comparte la raza y la ambición del joven de Hellín. Esta semana estuvo tentando Cristian en la finca de Dámaso González, recordando sus inicios junto al recordado maestro en compañía de su familia. Desde el cielo, el rey del temple estará acompañando seguro a todos, especialmente a Molina y a Cristian, tan ligados a esa casa que tanto ha hecho por la cantera taurina de Albacete.
Habrá toros también en Tobarra, que recupera la actividad en su plaza cubierta. Será el 12 de abril y habrá dos manchegos en el cartel: Rubén Pinar y Alejandro Peñaranda, que estoquearán una corrida de Los Ronceles junto al peruano Joaquín Galdós. Pinar tiene también otro compromiso en la localidad valenciana de Bocairent con los toros de Victorino Martín, que han sido denominador común de esta última etapa de su ya larga carrera. El caso de Peñaranda es diferente, tomó la alternativa hace dos veranos y esta temporada se va a ver obligado a pasar por el banquillo y a ser víctima de las injusticias de esta industria. En el pasado San Isidro dio una tarde muy importante en su confirmación de alternativa que no ha tenido recompensa. Que no se aburra, que sepa esperar su oportunidad y ojalá llegue esa oportunidad. Peñaranda tiene condiciones para vivir del toro y sobre todo tiene ganas e ilusión por dedicarle su vida a ello.
Otro torero de la tierra que está ya con la espada afilada es Jesús Moreno, novillero de El Pontarrón (Ayna). El próximo sábado 21 de marzo participa en una de las novilladas clasificatorias del Circuito de Madrid que organiza la Fundación del Toro de Lidia. Será en la localidad madrileña de Valdetorres del Jarama y lidiará novillos de Ángel Luis Peña y El Álamo. Moreno ya estuvo en este certamen, pero no pudo terminarlo porque estaba en la cama después de la terrible cornada sufrida en Las Ventas que nos hizo a todos temernos lo peor.


