Entre los muros de uno de los espacios más reservados de la Catedral de Albacete, allí donde el silencio precede a cada celebración litúrgica y donde solo unos pocos tienen acceso, el paso de los siglos había ido ocultando una historia casi olvidada. Durante mucho tiempo permaneció cubierta por el polvo, las capas del tiempo y el anonimato, como si aguardara pacientemente su momento. Ahora, ese secreto guardado en la penumbra vuelve a salir a la luz y revela una parte desconocida del patrimonio artístico y espiritual de nuestra ciudad.
Y es que, en uno de los espacios más reservados de la Catedral de San Juan Bautista de Albacete, la sacristía donde sacerdotes y obispos se preparan en recogimiento antes de cada celebración litúrgica, ha vuelto a emerger un tesoro artístico que durante siglos permaneció velado por el tiempo. Las antiguas grisallas manieristas que decoran este lugar íntimo del templo han sido restauradas y recuperan ahora su esplendor original, devolviendo a la ciudad una pieza singular de su patrimonio histórico y espiritual.
La restauración ha sido presentada en un acto presidido por el obispo de la Diócesis de Albacete, Ángel Román, al que asistieron concejales del Equipo de Gobierno municipal, entre ellos Alberto Reina y Llanos Navarro, junto a otros miembros de la Corporación y autoridades locales.

Reina destacó que la intervención supone “un hito fundamental en la recuperación del patrimonio histórico y artístico de Albacete”. Las obras han permitido rescatar cinco grandes pinturas manieristas realizadas a finales del siglo XVI que, tras siglos ocultas bajo capas de suciedad, barnices y repintes, vuelven a mostrarse con toda su fuerza expresiva.
Alberto Reina: «Impresiona contemplar estas imágenes»
“Impresiona contemplar estas imágenes, y más aún en el entorno en el que se encuentran”, afirmó el edil, subrayando el carácter singular de una estancia a la que el público general no suele acceder y que forma parte de la vida cotidiana y espiritual del clero de la catedral.

Grisallas de estilo manierista en la sacristía de la Catedral de Albacete
Las grisallas constituyen una técnica pictórica característica del arte europeo desde la Edad Media y el Renacimiento. El término procede del francés grisaille y hace referencia a composiciones realizadas casi exclusivamente en tonos grises o monocromos, diseñadas para imitar el aspecto de relieves o esculturas talladas en piedra.
Esta técnica fue muy utilizada para decorar muros, retablos o vidrieras, creando la ilusión de arquitectura o escultura allí donde en realidad solo hay pintura. En el caso de la Catedral de Albacete, las grisallas de la sacristía representan escenas religiosas ejecutadas con un refinado estilo manierista, propio del tránsito entre el Renacimiento y el Barroco, y constituyen una de las muestras pictóricas más antiguas conservadas en el templo.
Durante décadas, sin embargo, su valor pasó prácticamente desapercibido. El paso del tiempo y sucesivas intervenciones cubrieron las pinturas con capas que terminaron ocultando sus detalles y su cromatismo original.

Rescate en Albacete del patrimonio oculto
La recuperación ha sido posible gracias a un proceso de restauración llevado a cabo por la empresa especializada en conservación de arte sacro Parteluz, bajo la dirección de la arquitecta Ana Teresa García Jiménez. El proyecto ha contado con financiación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
El historiador albaceteño Luis Guillermo García-Saúco desempeñó además un papel clave en la reivindicación y estudio de estas obras, contribuyendo a poner en valor su importancia dentro del patrimonio artístico local.
Tras los trabajos de limpieza, consolidación y reintegración pictórica, las cinco composiciones vuelven a apreciarse con nitidez, revelando detalles que habían permanecido ocultos durante siglos.

El misterio de la sacristía de la Catedral de Albacete
La sacristía de la Catedral es uno de los lugares más discretos y solemnes del templo. Allí se preparan los sacerdotes antes de la misa, se custodian ornamentos y objetos litúrgicos y se vive, lejos de la mirada de los fieles, el instante previo a la celebración. Es un espacio de silencio y reflexión que forma parte de la liturgia tanto como el altar o el coro.
En ese ambiente reservado, las grisallas han acompañado durante más de cuatro siglos los momentos previos a innumerables celebraciones religiosas: desde la preparación de los sacerdotes hasta las ceremonias presididas por los obispos de la diócesis.

Un patrimonio que vuelve a brillar en Albacete
El concejal Alberto Reina recordó además que la Catedral de Albacete constituye uno de los edificios más representativos de la ciudad, donde se entrelazan varios siglos de historia artística. Sus columnas renacentistas, el gran lienzo mural de Casimiro Escribá y, ahora, las grisallas restauradas forman parte de un conjunto monumental que continúa enriqueciéndose. A ello se sumará próximamente la nueva iluminación exterior del templo, que contribuirá a realzar su presencia en el centro urbano.
Desde el Ayuntamiento se felicitó al obispo Ángel Román y al cabildo catedralicio por su labor de conservación y revalorización de la iglesia de San Juan Bautista, sede de la diócesis desde su creación hace 75 años y santuario de la patrona de la ciudad, la Virgen de los Llanos.
Con la restauración de estas pinturas, uno de los secretos mejor guardados de la Catedral vuelve a respirar luz. Y en la quietud de la sacristía —ese lugar donde comienza el rito antes de que suenen las campanas— las antiguas figuras pintadas en gris continúan observando, silenciosas, el paso del tiempo y la vida espiritual de la ciudad.
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