LA REVOLERA | Los discursos sobre la paz no llenan la nevera

Artículo de opinión de Ángel Calamardo

Conocer los matices y las distintas aristas del conflicto internacional en el que estamos inmersos no es tarea sencilla, y menos aun cuando nadie se atreve a prever cuál puede ser su desenlace. Cuando entran en juego misiles, aviones de combate, drones, fragatas, portaaviones y todo el material bélico imaginable, la escalada –como digo– es tal que pocos se atreven siquiera a fijar plazos. 

Como suele ocurrir en estos casos, por un lado, están la política y las opiniones que se sincronizan con rapidez; por otro, una ciudadanía que lo único que desea es seguir viviendo con normalidad, viendo crecer a sus hijos. Trump, Macron, Sánchez o cualquier ayatolá quedan lejos de las preocupaciones cotidianas de quienes ahora comprueban cómo sube la gasolina, cómo subirá la cesta de la compra, el gas y así un largo etcétera. ¿Quién no comparte el “no a la guerra”? Ahora bien, utilizar ese lema estratégicamente para movilizar –dicen algunos–, especialmente desde determinados sectores de la izquierda, quizá no sea, por decirlo suavemente, lo más razonable.

No pretendo dar lecciones; para eso ya están otros, a quienes les va en el sueldo o en la necesidad de mantener sus empresas periodísticas con números aceptables. Escucho y leo a mucha gente, y todo resulta tan dispar como, a veces, disparatado. 

El otro día coincidieron en una televisión hablando de la guerra dos personas: José Manuel García-Margallo, exministro de Asuntos de Exteriores con el PP, y la eurodiputada del PSOE Hana Jalloul. Ni por ser uno hombre y otra mujer, ni por pertenecer a partidos distintos, quedó equilibrado el debate. La eurodiputada andaba más bien corta de ideas: mezclaba conceptos, organismos internacionales y argumentos para sostener que la fragata Cristóbal Colon, desplegada en apoyo de un portaaviones no participaba en una misión de guerra. 

Margallo lo explicó bastante mejor y lo resumió con una frase tan simple como elocuente: la fragata española no iba allí a repartir coca-colas.

Mantener cierta equidistancia ante la guerra puede parecer una postura razonable. Sin embargo, España ya ha ayudado a Ucrania con armamento y con la formación de sus militares para el conflicto que mantiene con Rusia. Quizá no sea exactamente lo mismo, pero, si realmente no queremos la guerra, tal vez  debería darnos igual quiénes sean sus actores.

Escucho a la ministra de Defensa presumir de que en España existe un Ministerio de Defensa mientras que en Estados Unidos se denomina Departamento de Guerra, como si esa diferencia semántica cambiara demasiado las cosas. No veo tanta distancia: España tiene un ejército para defenderse, llegado el caso, y también para intervenir; España tiene armas, barcos de guerra y todo un aparato militar preparado para actuar si fuese necesario.

Incluso podríamos cambiar la denominación y llamarlo Ministerio de la Paz. Desde luego, sonaría muy bien. 

Aquí no hay que movilizar a nadie: ni a la izquierda ni a la derecha. No se trata de pensar en términos electorales, sino en términos de mejorar la vida de la gente. La guerra, convendrán conmigo, no afecta igual a quienes apenas llegan a fin de mes.

Sin ánimo de polemizar ni de caer en la demagogia. La vicepresidenta segunda del Gobierno de España es una dirigente política situada en el espacio de la extrema izquierda, pero que, según se ha publicado, reside en una vivienda de grandes dimensiones, con todas las comodidades propias de quien no tiene que afrontar ese coste directamente de su bolsillo.

No digo que Yolanda Diaz prefiera la guerra a la paz; no digo eso. Digo que probablemente tendrá más posibilidades de soportar mejor todo lo que se le viene encima a mucha gente. Se puede tener buen corazón –y la vicepresidenta lo tendrá, sin duda–, pero aquí lo prioritario es atender a quienes peor lo pasan.  Pienso, por ejemplo, en un exportador de Castilla-la Mancha que pueda encontrarse con problemas para vender sus vinos en determinados mercados. Pienso también en los trabajadores de esa empresa, a quienes quizás no pueda pegar, y en los hijos de esos trabajadores.

Pienso igualmente en los medios de comunicación que ponen su antena –como es habitual– a tertulianos de uno u otro bando –muchas veces son del mismo bando– dependiendo de a quien haya que servir o de qué intereses estén en juego. Nadie me negará que hay intereses económicos sobre la mesa.

Nadie me negará que no es lo mismo –con sus excepciones notables– tener que no tener acceso a la publicidad institucional. Todas las cartas deberían estar sobre la mesa. Por eso, unos y otros acabarán bailando al son que más les convenga, mientras lo de siempre terminan pagando el pato.

¿Qué sucede también? Pues que, como ya nadie se cree nada del todo, VOX y también el PP siguen creciendo en las encuestas. La ciudadanía quiere, sencillamente, que sea quien sea quien gobierne, no nos meta en líos innecesarios. Esto no va de derechas o de izquierdas; va de poder seguir viviendo con la mayor normalidad posible, sin estrategias ni tacticismos.

Dice Barceló en la SER: “Pedro Sánchez es muy hábil, es muy listo y tiene enfrente a Feijóo que no lo es”. Es una forma de pensar, igual de respetable que los que opinan lo contrario. Hay que empaparse de todo. 

“No hay amigos ni enemigos permanentes, solo intereses permanentes” se le atribuye a Palmerston, primer ministro del Reino Unido en el siglo XIX.

Con Trump, quizá no habría venido mal tener presente esa idea.

El pasado jueves estuvo en Albacete el expresidente del Gobierno, José María Aznar, para presentar su libro “Orden y Libertad”. Estuvo arropado por su partido en Castilla-La Mancha y en Albacete. En la presentación intervinieron la diputada nacional por Albacete, Carmen Navarro y el presidente del PP en Castilla-la Mancha, Paco Núñez

El alcalde de Albacete, Manuel Serrano, se incorporó al acto en el salón de la Plaza Gabriel Lodares (UNICAJA) tras finalizar otro evento en el Teatro Circo, dedicado a las mujeres “Reconocidas”.

Escuchar a un expresidente siempre es recomendable. Permite contrastar opiniones y escuchar a quien, en otra etapa, estuvo al frente de decisiones importantes. Y más aún en momentos como los actuales, con un contexto internacional y político especialmente convulso. 

Según me cuentan, tan solo una persona acudió a las puertas del lugar donde se celebraba la presentación para pronunciar en voz alta una frase que seguramente escucharemos más de una vez en los próximos tiempos: “No a la guerra”. No hubo gritos ni incidentes, solo un espontáneo, como se ha dicho y un salón abarrotado.

No conozco a nadie que quiera la guerra, a nadie. También podríamos gritar muchas cosas: no a la corrupción, no a los salarios bajos o no a los despidos arbitrarios. Todo lo que se quiera. 

Aznar hizo un repaso al momento que nos ha tocado vivir y dejó una frase contundente: “Estamos ante la mayor crisis política desde la Transición y el desafío que se nos presenta es histórico”. Defendió con claridad la democracia liberal y enumeró lo que, a su juicio, no se ha hecho bien en ámbitos como la política energética o la seguridad. También insistió en la importancia de respaldar a los aliados y llegó incluso a referirse a los retos de la inteligencia artificial.

En un momento de su intervención llegó a afirmar que VOX pretende sustituir al PP. Quizá en esto convenga discrepar. Si el PP hace lo que tiene que hacer, VOX podrá ser más o menos fuerte, pero difícilmente lo sustituirá. Si el PP perdiera frente al partido de Abascal sería, probablemente, porque algo habría hecho mal o no habría sabido situarse en el lugar adecuado.

Ante desafíos como la guerra o la corrupción el PP necesita decir algo más o plantear propuestas que lo diferencien claramente del PSOE. Lo he señalado muchas veces: al PP le perjudican los parecidos con el PSOE.

También conviene abordar con claridad cuestiones como lo que se investiga sobre el exministro Cristóbal Montoro o el debate sobre las puertas giratorias. 

En cuestiones como la violencia de género, a VOX no hay que hacerle caso: mueren las mujeres, ellas son las víctimas de un machismo recalcitrante,

Ahora bien, en otras materias, queramos verlo o no –y eso que tienen pocos altavoces– dicen cosas que entusiasman a una parte del electorado de derechas y también de izquierdas.

En otro orden de cosas, las mujeres han sido reconocidas en Albacete y en Castilla-La Mancha. Creo que estos reconocimientos hacen justicia.

El Albacete, el alcalde Manuel Serrano, sostiene que mientras que exista desigualdad hay que alzar la voz. Y lo respalda con hechos: los presupuestos municipales prevén incrementar en torno a un 36 % las políticas de igualdad en los próximos tres años. Es un ejemplo cómo el PP municipal marca aquí una diferencia clara.

La desigualdad existe y las mujeres siguen afrontando numerosos desafíos. Frente a ello hay que actuar desde cualquier responsabilidad, porque dejar ese espacio libre sería un error.

Se presentaron los presupuestos municipales del año 2026. Tiempo habrá de comentarlos, desmenuzarlos y escuchar a todo el mundo.

Claro que, el día de la presentación, escucho en algún medio la crítica de una concejala socialista, que casi y sin casi ha tenido más tiempo para criticarlos que el alcalde para exponer las distintas partidas.

Ahora que tanto se habla de desinformación, bulos, de pseudomedios, habría que ir añadiendo manipulación, que seguramente ocupa un papel predominante en toda esa amalgama de conceptos. La oposición no es que tenga que criticarlos, hasta diría que deberían presentar unos alternativos para que todos sepamos como nos gobernarían si tuviesen mayoría, pero volver con la cantinela de lo que cobran los no adscritos y el poco tiempo que tienen para estudiarlos, se me antoja de una pobreza política que parece confirmar aquello que advertía Unamuno: “El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura”.

Ver a Tarazona de la Mancha convertida en el epicentro de la firma de un acuerdo regional tan relevante como la “estrategia de impulso al trabajo autónomo, y la mirada en el 2030” es, además de una buena noticia, una elección cargada de sentido. No todo tiene por qué ocurrir siempre en Zocodover o en la calle Ancha. También desde los pueblos se puede marcar agenda y abrir camino. En Tarazona, además, lo hicieron con su alcalde, Miguel Zamora, al frente, ejerciendo de anfitrión de un acuerdo que políticos, empresarios y sindicatos refrendaron con vocación de futuro. 

Podrán decir lo que quieran desde cierta izquierda mediática sobre el grupo Quirón. Es verdad que lo hacen para criticar a Ayuso (presidenta Comunidad de Madrid) pero en ese grupo uno encuentra atención y dedicación de unos excelentes profesionales. No viene a cuento el caso en concreto, pero encontrarte en uno de los centros de ese grupo sanitario –Santa Cristina, en este caso– a profesionales, doctores, como José Ignacio Miota o Jesús Cuesta, es una garantía de atención sanitaria y también de trato personal. Son muchos los profesionales que podrían mencionarse, pero hoy me permito citar estos dos nombres porque sus hechos lo avalan. 

Ángel Calamardo

X: @AFCalamardo

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Ángel Calamardo

Ángel Calamardo Zapata, periodista, natural de Albacete. Comenzó su actividad periodística en Radio Albacete-SER como redactor. Posteriormente fue nombrado Jefe de Informativos. En Radio Extremadura de la cadena SER fue subdirector regional y jefe de programas durante un año. En 1989 fue nombrado director del Centro Territorial de TVE en Castilla-La Mancha. En 1991 y durante dos años se ocupó de la dirección de Radio Nacional de España en Albacete. En 1993 fue nombrado director de Antena 3 de radio, pasando posteriormente a desempeñar la dirección de Radio Albacete-SER y Localia Televisión. En febrero de 2010 fue nombrado Director Regional de la Cadena SER en Murcia. En mayo de 2012 se hizo cargo de la Dirección Regional de la SER en Castilla-La Mancha.
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