El mundo del empresariado taurino es similar a un castillo de naipes, pero con un peso bastante más abultado que el de una carta. Y cuando cae la que está más arriba, el golpe puede ser letal si los de abajo no le prestan un paracaídas. Es el caso de Ramón Valencia, que desde el año 2000 forma parte de la empresa Pagés, que durante casi 100 años ha regentado la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Este invierno se acabó el contrato de concesión, que ha ido a parar a las manos de José María Garzón, de la compañía Lances de Futuro.
Desde entonces, mucho se ha especulado con la posibilidad de que Ramón Valencia hiciera un esfuerzo para conseguir quedarse con la plaza de toros de Albacete, que está en pleno de concurso de adjudicación. Cuando EL DIGITAL DE ALBACETE publicó en exclusiva las bases de ese pliego, el empresario manchego ya nos dijo aquello de “la saga continúa”, en referencia a su interés por la plaza junto a su hijo Ramón, con el que comparte el trabajo, no solo al frente de la empresa sino también como apoderado del joven matador Javier Zulueta. Aunque matizó que primero estudiaría ese pliego antes de tomar una decisión.
Finalmente, tal y como nos ha trasladado él mismo en primicia, Ramón Valencia ha optado por no presentarse al concurso y confía en que los empresarios actuales, Manuel Amador y Simón Casas puedan continuar al frente de Albacete. “Me gusta mucho cómo lo están haciendo y quiero que sigan ellos en la plaza de mi tierra”, aseguró el empresario, que ha tenido un invierno de lo más convulso.
Y decía lo del castillo de naipes porque hay un precedente cercano en el tiempo que da fe de cómo perder una plaza de la categoría de Sevilla puede suponer la caída en picado de una empresa tan poderosa. Le pasó a Taurodelta y a Manuel Martínez Erice, que hace exactamente diez años perdieron Las Ventas y prácticamente desaparecieron de la primera línea del taurineo. Ahora, Martínez Erice está apoderando a Manuel Caballero junior.
Ramón Valencia quizá esté viviendo un proceso similar. Después de perder Sevilla, anunció que dejaba su cargo como vicepresidente de la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (Anoet), la patronal de los empresarios. Esto quiere decir que su única atadura ahora mismo al mundo del toro es ese apoderamiento con Javier Zulueta, que toreó en la pasada feria de la Virgen de Los Llanos, entonces como novillero.
Para entender con mayor claridad esta desconexión con la jet set del toreo, hay que recordar que Ramón Valencia estaba muy bien posicionado para apoderar a David de Miranda, torero onubense que fue uno de los grandes destacados de la pasada temporada, especialmente en Sevilla, único torero en abrir la Puerta del Príncipe en toda la temporada. Fruto de ese idilio con Sevilla, Ramón Valencia le firmó varios contratos en América, entre ellos Lima (Perú), a donde viajó su hijo acompañando al torero, y Manizales (Colombia), pero como el mismo matador nos confirmó en El Toril de Onda Madrid, cuando se enteró de que el empresario dejaba la Maestranza, cambió de opinión y optó por Enrique Ponce como encargado de dirigir su carrera.
La esperanza ahora del veterano empresario de Albacete está en Zaragoza, donde ha presentado plica junto a la Casa Matilla para gestionar el coso de la Misericordia. El solo hecho de presentarse ya generó una fuerte polémica en el seno del toreo –se considera una traición-, dado que el pliego de adjudicación que publicó la Diputación de Zaragoza era y es, básicamente, un descalzaperros denunciado y recurrido ante la administración por la propia Anoet. Un pliego que convierte el concurso en una subasta al mejor postor y que, entre otras excentricidades, obliga a los opositores a demostrar una carta de compromiso de toreros y ganaderos para actuar en Zaragoza. Valencia y Matilla cuentan con el poderoso aval de Morante de La Puebla.


