(Sabes que no soy el Sha, pero en el nombre de Alá, te lo pido una vez más… no me toques la pirola jamás)
Fue en el 82 cuando Siniestro Total tuvo la valentía de rimar ‘Ayatolah’ por ‘pirola’. Que no iban para Nobel de literatura ya lo sabían ellos, y no sé si alguno de sus miembros tuvo la lucidez suficiente como para caer en la cuenta, allá en la época de Naranjito, de que un cronista de pueblo usaría su ripio para ilustrar una pequeña tribuna periodística para hablar, ni más ni menos, que de la guerra.
Cinco días han pasado desde el primer ‘sálvese quien pueda’ y todavía mucha gente en este país está terminando por decantarse de qué lado estar. En un país donde esa altura de miras que tanto reclaman los inquilinos de toda trinchera ideológica al adversario y que jamás predican con el ejemplo, es razonable dar por amortizado que el ‘sí’ o el ‘no’ al ataque de de Estados Unidos e Israel contra Irán iba a terminar por ser un debate, otro más, entre derecha e izquierda. Ya lo fue el beso de Rubiales, ¿cómo no iba a ocurrir ahora?
Que un conflicto armado de talla mundial termine por ser para bando otra ascua más a la que acercar la sardinilla es el pan nuestro de cada día. Quizá, en esta ocasión, la prestidigitación de los que firman los argumentarios de los partidos políticos se termine complicando. Hasta ahora, los debates que acaban en escaramuza eran más propios de la mesa de los niños. Hablar de por cuánta pena o con cuanta gloria pasará España por una guerra mundial debiera ser más propio de donde los adultos afrontan la sobremesa.
Núñez Feijóo tiró por la vía rápida: «Con los tiranos o con la libertad». La tan manoseada falacia de la falsa dicotomía otra vez encima de la mesa. Si le valió a Díaz Ayuso para deshacerse del ‘comunismo’ encarnado en Pablo Iglesias, por qué no iba a servirle ahora al aspirante? Curioso que el gallego, oriundo de una tierra donde el ‘depende’ se convirtó en en arte, sea capaz de plantear a su potencial electorado un ‘susto o muerte’ tan poco trabajado.
Fue nuestra paisana, la ciudadrealeña Carmen Fúnez, la encargada de firmar la primera línea argumental de los genoveses. «El mundo está mejor sin los ayatolas y nosotros sí sabemos del lado del que estamos». Decir esto sin caer en la cuenta que Mariano Rajoy y ministros de su gabinete como Soria o Margallo sí que posaron en su día con líderes religiosos iraníes.
Más a la derecha, Vox se ha subido al mismo barco, qué más da si quien financió los primeros años de la formación tenían el sello del Consejo Nacional de la Resistencia en Irán (CNRI), islamistas aliados del régimen de Sadam Husein.
A la izquierda, las dos tazas de más que pide Podemos en forma de salida de la OTAN no resultan la idea más oportuna. Con todo, si tiene usted aún dudando sobre qué bufanda lucir a la hora de tomar partido, elija en qué bar se comer mejor. Si en ese donde el camarero le dice que bajar la persiana de las bases de Rota y Morón a los aviones norteamericanos invocando el convenio vigente o mandar; o por el contrario en el local donde se defiende el aumento de ojivas como ha hecho un diluido Macron en Francia haciendo de sus armas nucleares un clavo ardiendo para mantener su gobierno.

