La presencia de oruga procesionaria ha vuelto a encender las alarmas entre usuarios habituales del Parque Periurbano de La Pulgosa, en Albacete. Según las quejas trasladadas a El Digital de Albacete, varios vecinos aseguran haber visto bolsones en pinos de la zona y orugas ya en el suelo, en plena ruta de paseo, a escasos metros de áreas donde juegan niños y donde decenas de mascotas salen a diario con sus dueños.
El temor no es nuevo. En campañas anteriores ya se habían recogido avisos similares por la detección de nidos y la preocupación por el momento crítico en el que las orugas abandonan el árbol y descienden en “procesión”, una escena especialmente peligrosa en parques urbanos por la interacción con personas y animales.
Diversas fuentes han explicado en otras ocasiones a este medio que el control de la procesionaria combina distintas actuaciones, tratamientos preventivos, incluida la endoterapia, inyección dentro del propio árbol, y pulverizaciones por zonas, además de la retirada manual de bolsones cuando se detectan, especialmente en ejemplares accesibles.
¿Qué es la procesionaria y por qué aparece en “fila india”?
La procesionaria del pino, Thaumetopoea pityocampa, es la larva de una polilla que se alimenta de las acículas de los pinos. En determinadas épocas del año forma nidos sedosos, los conocidos “bolsones”, y, cuando llega el momento de enterrarse para pupar, desciende del árbol y se desplaza en largas hileras, de ahí su nombre popular.
Aunque se trata de un organismo habitual en pinares mediterráneos, en entornos urbanos su presencia masiva se percibe como un problema de salud pública y de bienestar animal, porque coincide con zonas de ocio, paso peatonal y paseos caninos.
Los peligros, pelos urticantes, dermatitis y riesgo grave para mascotas
El principal riesgo no es “la mordedura”, no muerden, sino sus pelos urticantes, setas, que contienen sustancias irritantes y pueden provocar reacciones en piel, ojos y vías respiratorias. Esos pelos se desprenden con facilidad, pueden ser transportados por el viento y permanecer en el entorno, suelo, vegetación, ropa o pelaje, durante mucho tiempo.
En personas, el contacto puede desencadenar urticaria, dermatitis y picores intensos, y, si afecta a ojos o se inhalan pelos, puede producir molestias o síntomas respiratorios. En casos poco frecuentes se han descrito reacciones alérgicas importantes.
En perros, especialmente si olfatean o lamen una oruga, el cuadro puede ser mucho más grave, inflamación intensa en boca y lengua, salivación abundante, dolor, lesiones oculares y, en situaciones severas, necrosis. Por eso asociaciones y colectivos de protección animal advierten cada temporada de extremar precauciones en zonas con pinar.
Recomendación básica si hay contacto, personas o mascotas, alejarse de la zona, evitar frotar, lavar con abundante agua, o suero fisiológico en ojos o boca si procede, y acudir cuanto antes a asistencia sanitaria o veterinaria. En el caso de perros, la rapidez es clave.
“Cada año hay más”, el debate sobre qué tratamientos se pueden usar
Entre las quejas recibidas, algunos vecinos expresan frustración por la sensación de que “cada año está peor” y apuntan a un factor que lleva tiempo sobre la mesa. Expertos señalan que con el paso de los años se han endurecido las normas y se han restringido sustancias insecticidas de amplio espectro que antes se utilizaban de forma más generalizada, en parte por criterios de protección ambiental y de salud.
En ese clima no faltan voces que atribuyen la situación a que “ha ganado el relato ecologista” y que los biocidas actualmente permitidos son en gran parte inocuos para esta oruga, lo que, a su juicio, dificulta un control más contundente de la plaga. “Por salvar a las orugas se termina poniendo en peligro la vida de los perros y el bienestar de las personas”, lamentan algunos de los mensajes recibidos por esta redacción.
Desde el enfoque técnico, no obstante, la gestión actual apuesta por la lucha integrada, combinar métodos mecánicos, retirada de bolsones, biológicos y de seguimiento, aplicados en el momento adecuado del ciclo, precisamente para reducir riesgos colaterales y actuar con mayor precisión.
Llamamiento a la precaución en La Pulgosa
Mientras se intensifica el tránsito de familias y deportistas en La Pulgosa, los denunciantes piden más señalización, retirada rápida de bolsones y refuerzo de actuaciones en los puntos más concurridos del parque.
Por ahora, el consejo más inmediato para quienes frecuentan la zona es claro, perros siempre controlados, mejor con correa corta en áreas de pinar, evitar que huelan el suelo o se acerquen a hileras de orugas y extremar la vigilancia con niños en espacios arbolados.


