Estamos metidos de lleno en la desclasificación de los papeles del 23F. Para algunos es un buen argumento para seguir entretenidos en lo accesorio, porque –hasta ahora– esa documentación parece haber aportado poco, a juzgar por lo que señalan muchas voces, entre ellas algunos expertos. Ya lo apuntó Javier Cercas: no hay grandes novedades y es probable que el levantamiento del secreto no revele nada sustancialmente distinto.
Como sucede con frecuencia en nuestro país, no tarda en aparecer el enfrentamiento y la polarización, y cada cual interpreta los datos según sus propios intereses, sean personales, ideológicos o empresariales.
Cada cual tiene sus propias fuentes; si son varias mejor. En mi caso, me quedo con lo que ha señalado Felipe González sobre el papel del Rey en aquel momento, especialmente su determinación para atajar una situación que poco beneficiaba al futuro de España.
También tomo en consideración lo que ha dicho recientemente Feijóo acerca de la vuelta a España de don Juan Carlos. Es cierto que actualmente viene cuando lo considera oportuno, pero quizá esa situación debería normalizarse y, en esta etapa de su vida, en la que los años ya pesan, pudiera residir de una forma estable en España.
No quisiera exculpar a nadie, ni me corresponde a mí juzgar. Es verdad que se han producido errores notables y que las cosas podrían haberse hecho de otra manera. En eso probablemente podamos coincidir. Pero, en un balance ponderado, sin triunfalismos y con sensatez, quizá pese más lo positivo y, por tanto, tal vez sea preferible apostar por la normalidad antes que volver al enfrentamiento.
Desde determinados sectores de la izquierda mediática se insiste ahora en recurrir a historiadores –o a quienes se presentan como tales– para cuestionar la figura del monarca. En algunos casos, se aferran a una frase de Milans del Bosch, como si se tratara de una autoridad intelectual indiscutible de la época.
En cualquier caso, insisto en que me resulta más convincente lo manifestado por el expresidente del Gobierno Felipe González, quien vivió directamente aquellos acontecimientos y conoce de primera mano lo que sucedió.
En el fondo, da la impresión de que nada cambia: el debate vuelve a plantearse en términos de división y enfrentamiento entre izquierda y derecha –y, cómo no, con la constante apelación a la “extrema derecha”, expresión repetida hasta la saciedad–. Se asume con naturalidad que VOX está a la derecha del PP, pero rara vez se aplica el mismo criterio cuando se trata de formaciones como BILDU, Podemos o SUMAR respecto al PSOE. Igualmente se asume que el PSOE puede pactar con JUNTS que es un partido de extrema derecha y el PP no puede pactar con VOX que es un partido situado en la misma órbita.
Supongo que a mucha gente –que no esté vinculada a la política ni a intereses empresariales– les ocurrirá algo parecido, pero no percibo en la calle un especial interés por recordar el 23F ni por examinar los papeles que han visto la luz, y que, al menos hasta ahora, no parecen aportar novedades relevantes.
Más bien observo preocupación por la carestía de la vida, por la dificultad de adquirir o alquilar una vivienda a un precio razonable, por una intervención quirúrgica pendiente o, simplemente por encontrar un lugar donde un hijo pueda continuar sus estudios en cualquier punto de España.
No pongo en duda que la historia deba conocerse; todo eso es importante. Pero basta con preguntar en la calle por el 23F, por Tejero, por el Rey o por cualquiera de los protagonistas. La reacción suele ser de distancia o incluso de cierta ironía. Y, si alguien responde con especial vehemencia, cabría preguntarse si mantiene algún tipo de vinculación política –del signo que sea– o si forma parte, directa o indirectamente, de ese entorno que, según se repite con frecuencia, trabaja para “hacerle la vida más fácil a la gente”.
Está muy bien que la ministra de Vivienda venga; está en su derecho y forma parte de sus obligaciones. Pero ¿de verdad es necesario repetir cuatro obviedades y cuatro frases bien construidas para que, en la práctica, todo siga igual y el problema continúe ahí, previsiblemente durante los próximos años? ¿Alguien cree que por reunirse –lo cual es legítimo– con unas cuantas docenas de simpatizantes o militantes de su partido el problema se soluciona, o que eso sirve de algo para la inmensa mayoría de los ciudadanos?
Gobiernes quien gobierne, ahora es el PSOE quien está al frente del ejecutivo, y es el Gobierno, junto con las comunidades autónomas, el que debe impulsar medidas concretas. Eso implica reunirse con empresarios del sector, con los ayuntamientos y con todos los actores implicados para abordar el problema con urgencia. Y, una vez celebrados esos encuentros, trasladar con claridad qué se va a hacer y en qué plazos.
Todo lo demás corre el riesgo de quedarse en un paseo institucional, y unas cuentas fotos, algunos titulares y la sensación de que nada cambia.
He escuchado a empresarios plantear posibles soluciones –quizá no todas aplicables– y también advertir de que una intervención excesiva del mercado podría tener efectos negativos. Ese debate existe, y se escucha incluso aquí, en Albacete.
A quienes realmente hay que convencer es a quienes no se identifican plenamente con ninguna sigla, que son la mayoría y quienes, en última instancia, deciden los cambios políticos. Son ellos quienes inclinan la balanza, ya sea favoreciendo a VOX, al PP o a las fuerzas de izquierda, según el momento y el contexto.
¿Alguien sabe por qué la izquierda o extrema izquierda no se pone de acuerdo y por qué se llevan a matar? Es sencillo: el mayor problema que plantean siempre es ver quien ocupa los cuatro o cinco primeros puestos de una lista, para asegurarse ser diputado, alcalde, senador o europarlamentario. Ahí radica el principal escollo.
Después vendrá el debate sobre el burka, el niqab, el chador o el hiyab. Es un asunto de alcance nacional pero aquí llegó al pleno de la mano de VOX el otro día. No seguí el debate –lo siento– pero le recomiendo a la izquierda que hablen con quien los pueda ilustrar sobre confusión ideológica, derechos de las mujeres y solidaridad con las mujeres. Paco Delgado, el que fuera senador socialista, entre otras responsabilidades, lo ha hecho con tino. Me pasa como con Felipe González, Delgado tampoco es un fascista y sería bueno echarle cuentas, a él y a todo aquel que en un momento dado diga cosas sensatas, basadas en el conocimiento y la experiencia.
No todo lo que plantea VOX tiene por qué descartarse automáticamente por su procedencia; cada propuesta debería analizarse en su contenido. Lo que no tiene un pase es el voto en contra de la prohibición del burka, por parte de los concejales no adscritos. Defiendo el sueldo para todos, también para ellos, pero la coherencia entre el discurso y el voto es un principio básico en política.
Tampoco tiene un pase, la convocatoria exprés del portavoz socialista del Ayuntamiento de Albacete antes del pleno. Pidió al equipo de Gobierno del PP que el Ayuntamiento de Albacete no sea una réplica de la política nacional y que se eliminen los insultos. No es así, no se insulta a nadie. Todos, los del gobierno y la oposición son gente responsable y educada. Es verdad que unos están más acertados que otros y que el trabajo no es el mismo para el que gobierna que para el que oposita, pero los insultos y las malas formas no las veo por ningún sitio. Puedo entender los nervios del PSOE, pero insisto, no veo mal clima, ni ofensas, ni nada de lo que se dice. Si se quiere que todo sea como en la Diputación, eso no es posible, los actores y la idiosincrasia de cada institución son distintos.
Ya que con frecuencia hay políticos que les gusta hablar de los sueldos de otros, como puedo permitirme esa licencia –por ahora– voy a hacerme eco de un titular de hace unas horas: “Beatriz Corredor ganó 546.000 euros como presidenta de REDEIA en 2025, el año del apagón”. Ahora quien quiera que salga a la calle, dé unos cuantos titulares sobre vivienda, hable de Franco, de Tejero también y después pregunte a un mileurista qué le parece el sueldo de la exministra al frente de una empresa pública.
Así, a lo mejor, nos vamos dando cuenta de lo que es importante para la gente y lo que es secundario o sencillamente le importa un rábano.
Decía Yolanda Diaz, vicepresidenta segunda, la que está calcinada políticamente que “esto va de emocionar y de dar esperanza”. Es verdad, emocionados y esperanzados sería un buen remedio.
A Ione Belarra de Podemos también le gusta hablar de sueldos. El otro día dijo que Ana Patricia Botín cobraba trece millones de euros más los dividendos y se refirió a la estafa a la gente con hipotecas variables. Poco sueldo me parece, dicho sea, irónicamente.
He leído a un tertuliano que siempre me ha interesado, pero que acaba de decir una gilipollez como que el 23F desde la base de Getafe “tuvimos que acostarnos con los correajes. Recuerdo a los mandos con una enorme borrachera de madrugada”. Claro hombre, si a lo mejor había alguna alerta lo de los correajes como dices, sería lo normal y en cuanto a la borrachera, que quieres que te diga, me parece que has querido darte un brochazo de antimilitarismo. A lo mejor, Garea, no conoce a ningún periodista de los que se ponen hasta las patas. Los hay y seguro que sin tener que celebrar nada.
He leído una interesante entrevista a Paco Núñez aquí en El Digital de Albacete. Es uno de los políticos regionales del PP que habla con naturalidad de VOX y eso ya es una ventaja por lo que pueda venir. Vamos a ver si se entiende: los que votan a VOX han votado siempre a la derecha, en este caso al PP, por tanto, son partidos hermanos y entre hermanos es mejor evitar las contiendas. Lo mejor que se puede hacer es aceptar el mandato de las urnas, es lo más democrático.
La que anda fuera de cacho es Julia Otero en Onda Cero: “las agresiones sexuales son para la derecha como los pimientos de Padrón, unas son creíbles y otras no”. Una feminista creíble, a lo mejor lo del DAO y otros muchos casos le importan menos.
Entre los califas de turno, pegando sablazos, cada vez más complicados porque se están percatando los que tienen que soportar el martillo pilón y las Otero de turno que solo ven al PP, como el enemigo a batir, intentan agriarnos la vida informativa.
Son como los que ahora se quejan o se llevan las manos a la cabeza cuando se recomienda a alguien para trabajar o se pide una oportunidad. No conozco a nadie que no lo haya hecho alguna vez. Conozco a mucha gente en lo privado y en lo público que ha entrado por sugerencia o a petición de alguien. No hablo de oposiciones. Todo el mundo me entiende. Unos podrán levantar la voz más que otros y muchos se lo han ganado con trabajo y esfuerzo, pero nadie, de ningún partido, de ninguna profesión, puede decir que no sea así o que no conozca ningún caso o que nunca haya pedido nada.
No vaya a ser como lo de los pimientos de Padrón que dice la periodista de Onda Cero.
Mi solidaridad y afecto con el torero José Gómez Cabañero, al que acaban de tributarle un merecido homenaje la familia taurina albaceteña. Cumplirá el mes próximo 93 años y unos días antes de la feria sumará 68 años de alternativa. Larga vida a un torero de los nuestros que como recuerda este digital “su trayectoria está sembrada de episodios que hoy parecen leyenda”. ¡Enhorabuena!
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo
Ángel Calamardo

