La gran joya de este pueblo de Albacete: viento, historia y piedra

La tradición molinera de Pozohondo (Albacete) y sus gigantes

En multitud de pueblos de la provincia de Albacete los molinos han sido más que simples construcciones y se han convertido en esos testigos silenciosos de un pasado donde el viento era motor económico y con cada ráfaga no solo movían sus aspas, sino también la vida de quienes trabajaban la tierra y hacían funcionar es motor, vital para la localidad. Entre sus robustos muros y sus estructuras que desafiaban el tiempo, se escondían esfuerzo, ingenio y comunidad.

Así, en Pozohondo (Albacete), los restos que hoy quedan de sus molinos son mucho más que eso. Son símbolos y emblemas de la memoria colectiva que aúnan historia y tradición en el susurro constante del viento que continúa recorriendo estas tierras.

El molino de Pablo, como conocen popularmente en esta localidad de Albacete a este molino, está ubicado “en el ámbito de la Sierra de San Juan, en lo que conocemos como el Cerro del Picayo o La Molineta”, tal y como señala Francisco Javier Donate, historiador del arte y natural de Pozohondo (Albacete), que señala que la zona recibe este nombre “en referencia a esa actividad de la zona”.

Emblemas de un pueblo y símbolos de identidad

En cuanto a este particular y querido molino, que se ha convertido en uno de los emblemas del pueblo, Donate explica que una de sus particularidades reside en “las dimensiones que debió tener”, puesto que “según los estudios existentes” tendría un “perímetro de cerca de unos 23 metros, y unos muros de más de un metro, por lo que nos hace pensar que fue una estructura especialmente robusta”. Por ello, indica que debió de llevar a cabo una “intensa actividad, especialmente por la cantidad de estructuras que se han encontrado en las inmediaciones a los restos”.

Y es que aunque actualmente lo que queda del molino de Pablo son restos, no deja de ser uno de esos emblemas de este pueblo de Albacete. “Es considerado posiblemente como uno de los molinos más grandes de la provincia de Albacete”, señala, y asegura que debió ser “un señor molino”. Del mismo modo, explica que por “el grosor de sus muros debía soportar maquinarias pesadas”.

Sobre el nombre propio que recibe este molino, Francisco Javier Donate indica que “debía responder al nombre de alguno de los dueños, o apellido de un antiguo propietario”. Así, manifiesta que “estamos en tierras de viento y en su momento sería una de las actividades económicas más importantes”, ya que este pueblo de Albacete es una localidad de “naturaleza agrícola y ganadera”. 

Memoria coletiva de un pueblo de Albacete: “Cuando se habla de Pozohondo siempre aparece una imagen de un molino”

Los molinos que alberga este pueblo de Albacete son signos de memoria colectiva y seña de identidad del municipio. “Cuando se habla de Pozohondo siempre aparece una imagen de un molino”, asegura el historiador, que añade que “el molino es un símbolo, y antiguamente predominaba en el paisaje de la localidad”.

Además del conocido como molino de Pablo, en la localidad también cuentan con otra construcción con singulares características conocido como el molino de Moriles. “Tenemos un segundo molino, ubicado en la pedanía de Nava de Arriba”, indica el historiador albaceteño, que señala que está ubicado en el paraje conocido como “Cerro de la Sabina a unos 900 metros de altitud”.  Del mismo modo, manifiesta que destacan las “características constructivas que tiene”, y explica que se trata de un molino “mediterráneo”, a diferencia de los de la zona que cuentan con detalles propios de los manchegos.

Así, sostiene que cuenta con “3 niveles, y una estructura muy peculiar”. Además, señala se constituye de los niveles “como una especie de pirámide escalonada”, y explica que “dentro se conserva un machón central cilíndrico de cerca de 1,20 metros, que sustentaría toda la maquinaria”. Del mismo modo, apunta que esta construcción se sale del perfil de la imagen de molino tradicional de La Mancha.

Pozohondo (Albacete) / Foto: Ayuntamiento de Pozohondo

Aunque hoy los restos del molino de Pablo recuerdan tiempos pasados, su presencia sigue marcando el paisaje y la historia de Pozohondo. Junto a él, otras construcciones singulares como el molino de Moriles muestran la diversidad y riqueza de la herencia molinera del municipio, que un día giró con cada ráfaga de viento.

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Noelia López

Natural de Albacete, Graduada en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández. Experiencia en medios de comunicación como VIsión6, Es Radio y Telemadrid
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