Albacete vivió este viernes una de esas noches llamadas a quedar en la memoria colectiva. El salón principal del Hotel Europa, en la calle San Antonio, acogió la cena homenaje a José Gómez Cabañero, el torero vivo con más años de alternativa después de su padrino, Julio Aparicio, y, por tanto, vicedecano del escalafón español. Un acto cargado de emoción y justicia para quien, a sus casi 93 años, sigue representando la dignidad y la memoria viva de la tauromaquia albaceteña.
Al evento no faltaron nombres muy ligados al mundo del toros, como Anton Cortés, Pedro Marín, Miguel Tendero, Juan Luis Rodríguez (hijo), Andrés Palacios, José Fernando Molina, Rafael de la Viña, Manuel Caballero, padre e hijo, Sergio Serrano, Sergio Martínez, Juan Martínez, José María Arenas, Javier de Esperanza, Ricardo Izquierdo, Niño de Belén, Jorge Pardo (banderillero), Daniel López (picador), Cristian Romero (picador), Javier Palomeque (banderillero), Paco López (ganadero), entre otros.
Entre los asistentes también destacó la presencia del cirujano de la Plaza de Toros de Albacete, Pascual Masegosa, junto a la presidenta de la Plaza de Toros de Albacete, la comisaria de la Policía Nacional en Hellín, Genoveva Armero. También asistió el también presidente de la Plaza de Toros de Albacete Joaquín Coy.
Los organizadores del homenaje, de izquierda a derecha en la siguiente instantánea, Antonio Martínez, David Cabañero (hijo del maestro), Sebastián Cortés, el homenajedo, Victoriano González, Juan Luis Rodríguez y Abraham Barragán.

Cabañero cumplirá 93 años el próximo 12 de abril y el 4 de septiembre sumará 68 años de alternativa, una efeméride que lo sitúa en un lugar de privilegio en la historia del toreo. Madrileño circunstancial —nació en Carabanchel porque su padre trabajaba allí como mecánico aéreo—, es albaceteño por los cuatro costados: hijo de padre chinchillano y madre de Motilleja, fue en esta tierra donde recibió el primer sacramento y donde fraguó su vocación en los años duros de la posguerra.
Huérfano de padre siendo apenas un muchacho, tuvo que vestir antes el mono de trabajo que el traje de luces. Fue Martín Cantó, propietario de un ultramarinos, quien le dio su primer empleo y, a la postre, su primer apoderamiento. También fue quien le inoculó el veneno del toreo en una Albacete que vibraba con el dúo Juan Montero-Pedrés. En ese ambiente, con solo 13 años, tuvo su primer contacto con una becerra en Casas de Juan Núñez. Han pasado ocho décadas desde aquella capea y la llama sigue intacta.
Su trayectoria está sembrada de episodios que hoy parecen leyenda. En Nava de Abajo, ese talismán para los aspirantes albaceteños, sufrió un bautismo de sangre que casi le cuesta la pierna; fue intervenido sobre una mesa de matadero, rodeado de jamones y embutidos, mientras temía desangrarse. En Hoya Gonzalo llegó a hacer el paseíllo vestido de corto en un festejo mayor porque no tenía dinero para alquilar un traje de luces. Y en 1954, en el festival del Club Taurino de Albacete, armó un auténtico alboroto al cortarle dos orejas y rabo a una vaca veterana llamada ‘Alpargatera’. Aquella tarde torearon —o lo intentaron— hasta 45 aspirantes.
Como novillero con picadores encontró en Valencia el escenario de su consolidación, generando una revolución en ocho actuaciones. En 1957, ya puntero del escalafón, se presentó en Las Ventas el 20 de junio y salió a hombros tras cortar dos orejas. Esa misma temporada recorrió las principales ferias y plazas del país, hasta que las cornadas —compañeras inevitables— marcaron el ritmo de una carrera tan brillante como castigada.
Tomó la alternativa el 4 de septiembre de 1958 en la Monumental de Barcelona de manos de Julio Aparicio, con ‘Chamaco’ de testigo. El toro del doctorado, ‘Encajero’, pertenecía a la legendaria ganadería de Alipio Pérez Tabernero. Llegaba con un prólogo difícil de igualar: había salido a hombros de Madrid y Sevilla en la misma semana, una gesta que pocos —si es que alguno— pueden exhibir.
Su carrera posterior estuvo marcada por triunfos de enorme mérito y por injusticias que frenaron su proyección. Compartió cartel con figuras como Luis Miguel Dominguín y Antonio Bienvenida en el cincuentenario de Vistalegre; confirmó en Madrid; se abrió camino en Colombia; se quedó solo con seis toros en Vistalegre en 1963 tras los percances de sus compañeros y salió a hombros; fue triunfador en la feria de Albacete. Pero demasiadas veces, tras el éxito, llegó el silencio. En 1968 decidió retirarse, reapareció en 1972 y colgó definitivamente el vestido en 1973. Desde 1978 ejerce como asesor artístico, labor que ha desempeñado con el mismo rigor y honradez que mostró en el ruedo.
La cena de este viernes reunió a toreros, aficionados, representantes del mundo taurino y amigos que quisieron arropar a un maestro respetado por todos y querido por su cercanía. Hubo palabras de reconocimiento, evocaciones de tardes gloriosas y un sentimiento compartido: el de estar ante una leyenda viva.
Albacete saldó parte de su deuda con uno de sus hijos predilectos, decano de los matadores de la provincia y de Castilla-La Mancha. Pero la ciudad y la región aún tienen pendiente un reconocimiento institucional acorde a su trayectoria. Porque las leyendas no solo se honran en los libros o en las tertulias; se honran en vida.
José Gómez Cabañero, serio y valiente en los ruedos, entrañable fuera de ellos, sigue siendo ejemplo de perseverancia y dignidad. Anoche, en el corazón de su ciudad, el aplauso fue largo, sincero y sentido. Y sonó a gratitud. Larga vida, maestro.
/Fotos: Miguel Fuentes/

































































