La recepción oficial al BSR AMIAB Albacete, recién proclamado campeón de la Copa del Rey de baloncesto en silla de ruedas, dejó este viernes en el Salón de Plenos de nuestro Ayuntamiento una de esas estampas que se salen del guion habitual de la política: la coincidencia —y el gesto compartido— de dos rivales en las urnas, Manuel Serrano y Emilio Sáez, felices por un mismo motivo y reunidos en un mismo homenaje institucional.
Serrano, actual alcalde de Albacete, presidió el acto en el que la ciudad y la provincia trasladaron su reconocimiento al equipo. Frente a él, en un papel distinto al de los debates municipales, Emilio Sáez acudió como presidente de AMIAB, la entidad que sostiene y proyecta a un club convertido en referencia nacional e internacional del deporte inclusivo. Dos trayectorias políticas enfrentadas, un mismo aplauso para un vestuario que ha hecho historia.
El motivo, esta vez, fue incontestable: el Amiab-Albacete se alzó con el título tras imponerse en la final a Ilunion, “otro grande” del baloncesto adaptado, culminando una espera que el propio alcalde describió como merecida. Serrano recordó que era la cuarta final consecutiva del equipo en esta competición y celebró que, “por fin”, llegara la victoria “que los jugadores se merecían y los seguidores esperábamos”. “Es un timbre de gloria en el que todos nos sentimos representados”, subrayó, en un discurso que colocó el trofeo más allá de la vitrina.
En el homenaje también intervino el diputado provincial de Juventud y Deportes, Dani Sancha, quien trasladó la felicitación del presidente de la Diputación, Santi Cabañero, y destacó que el título “consolida la leyenda” de un club con un palmarés que ya incluye, entre otros hitos, Ligas, Copas de Europa y trofeos locales. Sancha puso nombre y rostro al trabajo: al capitán, Fran Lara; al entrenador, Abraham Carrión; y a la directiva, “con Emilio Sáez al frente”, remarcando que cada logro se sostiene sobre una “base sólida” de esfuerzo, talento y unidad.
Pero si hubo una nota curiosa fue la que se coló entre protocolos, saludos y fotografías: el deporte adaptado, que rompe barreras físicas cada vez que rueda una silla sobre el parqué, también desdibujó por unas horas las fronteras teñidas de colores políticos. Allí donde suele imponerse la dialéctica, se impuso el reconocimiento; donde a menudo se marca distancia, se compartió espacio.
El Salón de Plenos, acostumbrado a la confrontación democrática, cambió el tono para celebrar inclusión. Porque el BSR AMIAB no solo compite: representa. Serrano insistió en que Albacete “es la Ciudad del Deporte”, y añadió que el club amplía esa condición al ser “el gran embajador de Albacete en el deporte inclusivo”, con jugadores que son “un ejemplo para las personas con discapacidad y para todos los amantes del deporte y la integración”. Un mensaje que, en la práctica, se tradujo en una imagen difícil de discutir: instituciones distintas, sensibilidades diferentes, un mismo orgullo colectivo.
La agenda, además, no concede tregua. El alcalde avanzó que en apenas dos semanas el equipo afrontará los cuartos de final de la Champions de BSR, además como organizador, en el pabellón municipal de la calle Lepanto. “Allí estaremos, aplaudiendo y animando”, aseguró, reiterando el apoyo del Ayuntamiento. Desde la Diputación, Sancha reafirmó el compromiso con el deporte inclusivo como “herramienta de igualdad y de cohesión social”.
Y así, entre un título que engrandece y un futuro inmediato que exige, la mañana dejó una pequeña lección con aroma romántico: en la cancha, como en la vida pública, se puede competir con intensidad y, aun así, reconocerse fuera del marcador. El deporte —sobre todo cuando se juega derribando límites— tiene esa rara virtud de recordar que hay victorias que no pertenecen a un partido, sino a toda una ciudad.


