Cada primavera, las clínicas veterinarias de Albacete vuelven a registrar escenas que se repiten año tras año: perros con inflamaciones severas en la lengua, ulceraciones en el hocico e incluso necrosis tras el contacto con la oruga procesionaria del pino. Una plaga habitual en los pinares de la provincia que, pese a su presencia recurrente, sigue siendo uno de los riesgos más subestimados por los dueños de mascotas.
Castilla-La Mancha figura entre las comunidades con mayor presencia de procesionaria en sus masas forestales durante el periodo 2023-2024, con amplias zonas en niveles medio-altos y altos de afectación, según datos oficiales. En la provincia de Albacete, con extensas áreas de pinar tanto en zonas urbanas y rurales, la presencia de esta larva forma parte del calendario estacional y varía cada año en función de las temperaturas y las lluvias.

Un riesgo también en parques urbanos
Aunque muchos vecinos asocian la procesionaria a entornos forestales, los especialistas recuerdan que también aparece en parques, jardines y calles con pinos dentro del casco urbano de Albacete y en municipios de la provincia. Basta un simple roce con la lengua, el hocico o incluso la inhalación de los pelos urticantes para desencadenar una reacción inflamatoria intensa.
El problema no radica únicamente en el contacto inicial, sino en cómo se actúa durante los primeros minutos. Según una encuesta realizada a más de 1.000 personas por la empresa Silverwoof, el 68% reconoce que no sabría cómo actuar si su perro entra en contacto con una procesionaria. Además, el 71% admite desconocer los efectos reales de la picadura. El error más frecuente es frotar la zona afectada.
Lesiones que pueden acabar en necrosis
El veterinario Francisco Jesús Almodóvar advierte de que restar importancia al primer síntoma puede tener consecuencias graves. “Lo que empieza como una leve inflamación puede derivar en necrosis del tejido horas después, y esperar ‘a ver cómo evoluciona’ es uno de los errores más peligrosos”, explica.
Los seis errores más frecuentes
Entre los fallos que más agravan las lesiones, los veterinarios destacan:
- Pensar que “no será para tanto”, retrasando la visita a la clínica.
- Frotar la zona afectada, lo que rompe los pelos urticantes y facilita la liberación y expansión de la toxina.
- Manipular la boca sin protección, con riesgo tanto para el animal como para la persona.
- Confiar únicamente en remedios caseros, sin acudir al veterinario.
- Permitir que el perro se lama o rasque, extendiendo la toxina.
- Pasear al animal suelto en zonas de riesgo, sin control ni vigilancia del entorno.

Los expertos recuerdan que la procesionaria no solo “pica”, sino que puede causar lesiones graves en cuestión de horas. En casos extremos, la necrosis puede provocar la pérdida parcial de la lengua.
Qué hacer ante un contacto
El protocolo recomendado por los profesionales es claro:
- Alejar inmediatamente al perro de la zona.
- No frotar ni manipular la boca.
- Enjuagar con abundante agua tibia sin frotar o aplicar un spray específico de primeros auxilios para este tipo de contacto.
- Acudir de inmediato al veterinario, aunque los síntomas parezcan leves.

“La rapidez es clave; un error puede causar necrosis y la pérdida de parte de la lengua”, subrayan los especialistas.
Con miles de perros en la capital y en municipios de la provincia, y con pinares repartidos por buena parte del territorio albaceteño, la procesionaria vuelve a situarse esta primavera como una amenaza real. La información y la prudencia en los paseos son, insisten los veterinarios, la mejor herramienta para evitar consecuencias irreversibles.

