Muere en Albacete este distinguido docente: “Un maestro de maestros”

Ramón Sanz Vadillo fallecía el pasado lunes en Albacete

La ciudad de Albacete ha despedido esta semana a una de esas figuras cuya huella trasciende las aulas y los escenarios, un referente indiscutible en la formación de generaciones de maestros y en el impulso de la vida coral de la capital. Su fallecimiento, a los 88 años, deja un silencio cargado de memoria y gratitud, el eco de una vocación que convirtió la música en un acto de amor y de servicio público.

Y es que, Albacete llora la pérdida de Ramón Sanz Vadillo, quien fuera profesor de música y catedrático de la Escuela de Magisterio del Campus de Albacete de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), fallecido el pasado lunes, 23 de febrero, a los 88 años. Con su partida se apaga una de las mentes más influyentes del panorama musical y educativo de la ciudad, aunque su legado seguirá resonando en cada aula y en cada coro que ayudó a levantar.

De Salamanca a Albacete

Natural de un pequeño pueblo de Salamanca, Sanz Vadillo heredó de su padre el amor profundo por la música, un sentimiento que no entendía de partituras ni fronteras, sino de emoción compartida. Aquella semilla, sembrada en la infancia, germinó en una vocación firme por la docencia. Tras formarse en la universidad, inició una trayectoria académica que lo llevaría a incorporarse a la Escuela de Magisterio de Albacete, donde desarrolló la mayor parte de su vida profesional.

En las aulas de Magisterio no solo enseñó solfeo, armonía o didáctica musical; enseñó a escuchar. Quienes fueron sus alumnos recuerdan su figura erguida ante el piano, las manos firmes sobre el teclado y la intensidad con la que convertía cada clase en una experiencia casi reveladora. Su forma de transmitir la música trascendía lo técnico: hablaba de sensibilidad, de disciplina, de respeto por el arte y por la profesión docente.

Sanz Vadillo fue, además, una figura clave en la vida cultural de la ciudad. Fue el primer director de la Coral de Albacete, impulsando una etapa fundacional que marcó el devenir de la agrupación. Posteriormente fundó la Coral de Magisterio, un proyecto que aunaba su doble pasión: la música y la formación de futuros maestros. Bajo su dirección, el coro se convirtió en un espacio de encuentro y aprendizaje, donde generaciones de estudiantes descubrieron el poder de la voz colectiva.

José González, distinguido alumno de Sanz Vadillo en Albacete

Durante su dilatada etapa como catedrático en la Escuela de Magisterio de la UCLM en Albacete, fueron muchos los alumnos que se formaron bajo su tutela. Entre ellos se encuentra José González, hoy concejal en el Ayuntamiento de Albacete y miembro del equipo de Gobierno en la Diputación provincial, quien ha querido rendirle homenaje tras conocer la noticia de su fallecimiento.

“Hoy he conocido la triste noticia del fallecimiento de D. Ramón Sanz Vadillo. Recuerdo como si fuese hoy mismo el primer día en la Escuela de Magisterio. Su pasión, su fuerza, la intensidad con la que transmitía el amor por la música y la docencia, sus interpretaciones al piano… Y más allá de las clases, los momentos en el Coro de Magisterio, donde compartimos vivencias, aprendizajes y el amor por la música… Un maestro de maestros que siempre tuvo y tendrá mi más absoluto respeto y reconocimiento”, ha expresado en sus redes sociales.

Un referente en Albacete

El testimonio de González resume el sentir de toda una generación de docentes que encontraron en Sanz Vadillo no solo a un profesor, sino a un referente ético y humano. Su magisterio se extendía más allá de los contenidos académicos; era una lección constante de entrega, de rigor y de compromiso con la educación pública y con la cultura.

La ciudad de Albacete pierde a uno de sus grandes impulsores culturales, pero gana la certeza de que su obra permanece viva en cada concierto coral, en cada aula donde un maestro transmite la música con pasión y en cada alumno que aprendió a entenderla como lenguaje universal.

Ramón Sanz Vadillo deja tras de sí una estela de acordes y gratitud. Como en las grandes composiciones, su silencio final no es ausencia, sino la pausa necesaria para que su legado siga sonando, limpio y eterno, en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de aprender a su lado.

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