Keylor Navas ha puesto voz esta semana a una realidad poco visible del fútbol profesional: la precariedad que puede acompañar a los primeros pasos de una carrera que, con el tiempo, acabó tocando la cima. El exportero del Albacete Balompié —y posteriormente tricampeón de Europa con el Real Madrid— ha desvelado en una entrevista reciente que durante su etapa en el club manchego el salario que percibía no le permitía llegar con holgura a fin de mes.
Navas, que repasa su trayectoria a las puertas del estreno de un documental sobre su vida, sitúa aquellos años como un tramo especialmente exigente, tanto por el choque cultural como por la economía doméstica. “Cuando quedaban diez días para llegar a fin de mes ya no había casi nada en la cuenta”, afirma, antes de resumir el margen con el que convivía su familia: “Nos llegaba para pagar el alquiler, comprar algo de comida y poco más”.
El guardameta añade que, en esa última parte del mes, las necesidades básicas obligaban a tirar de financiación: “Teníamos que recurrir a la tarjeta que tenía mi esposa para cubrir necesidades básicas”, explica en el mismo diálogo, en el que enmarca aquellos inicios como un periodo de sacrificio previo al salto definitivo a la élite.
El relato de Navas conecta, además, con el mensaje que atraviesa su entrevista: la idea de que el éxito posterior no borra los tramos difíciles, sino que los explica. A sus 39 años, aún en activo, el costarricense reivindica aquellos meses como parte del camino: una etapa que, según su propio testimonio, se sostuvo con disciplina, apoyo familiar y un presupuesto que, sencillamente, no alcanzaba para mucho más.

