Llevo varios años reclamando en crónicas y en intervenciones en radios y televisiones de Albacete que la ciudad debe estar a la altura de uno de sus artistas más ilustres. Quizá no el más conocido para el ciudadano de a pie, pero sí para la Albacete taurina, que es una parte fundamental de la historia de la capital. Los homenajes, salvo situación sobrevenida, deben darse en vida. Y José Gómez Cabañero, matador de toros, merece uno por todo lo alto. A la espera de que lo haga la ciudad, un grupo de toreros albaceteños encabezado por Juan Luis Rodríguez, Sebastián Cortés, Victoriano González y Abraham Barragán se va a reunir este viernes 27 de febrero en el hotel Europa a las 21.30 horas en una cena de gala con el maestro Cabañero como eje.
Cumple 93 años el próximo 12 de abril y sumará 68 de alternativa el 4 de septiembre, un hecho, esté ultimo, que le convierte en el segundo matador de toros vivo con más años de alternativa, solo superado por el que es decano y a su vez su padrino, Julio Aparicio. Cabañero nació en Carabanchel (Madrid) porque su padre estaba allí trabajando como mecánico aéreo. Madrileño circunstancial, pero con los ocho apellidos albaceteños, porque el padre era de Chinchilla y la madre, de Motilleja. Fue allí donde recibió el primer sacramento y pronto se trasladó a vivir a la capital, que vivió, como toda España, una posguerra devastadora.
Huérfano de padre de manera prematura, tuvo que enfundarse el mono de trabajo antes que el traje de luces. Curiosamente, sería Martín Cantó, el propietario de unos ultramarinos quien le dio su primer trabajo. Este hombre sería después su primer apoderado y fue quien le inoculó el veneno del toreo. Eran los años 50 y en Albacete había una situación de éxtasis taurino colectivo por el dúo que formaron Juan Montero y Pedrés. En ese contexto, José Gómez Cabañero tiene su primer contacto con una becerra. Sería en Casas de Juan Núñez a la edad de 13 años. Han pasado 80 años de aquella capea y la llama del toreo sigue igual de viva en él.

LAS ‘ALPARGATAS’ DE SAMUEL FLORES, SU LANZADERA
Hay un pueblo que, entonces como ahora, es talismán para todos los aspirantes a torero de Albacete: Nava de Abajo, una incubadora de sueños. Allí tuvo Cabañero su bautismo de sangre en mitad de una capea, de la que guarda un recuerdo muy particular. Tuvieron que habilitar una mesa de matadero para operarle. «Estuve a punto de perder la pierna, creí que me desangraba rodeado de jamones, chorizos y morcillas», rememora. Otra anécdota impensable hoy en día ocurrió en Hoya Gonzalo, donde hizo el paseíllo vestido de corto pese a ser un festejo mayor: «no tenía ni para alquilar un traje de luces».
En agosto de 1954 llega el primer triunfo importante, que también tiene todos los ingredientes que requiere un buen anecdotario. Se celebraba el día 24 el festival que organizaba el Club Taurino y en el que se lidiaban una decena de vacas viejas de Samuel Flores. Una de ellas, con más de 20 años de edad, se llamaba ‘Alpargatera’ y con ella formó un lío monumental. Le cortó las dos orejas y rabo y se alzó como triunfador del festival. La paradoja es que esa tarde, en la que se acabaron lidiando once «pepas», torearon -o lo intentaron- hasta 45 becerristas aspirantes. Ríete de las corridas monstruo de ahora.
Siguió su carrera de novillero sin picadores hasta el 16 de octubre de 1955, cuando llegó el debut en Abarán (Murcia). Antes, ganó el primero de los muchos trofeos que consiguió en su plaza de Albacete: la oreja de plata que le acreditaba como triunfador de las novilladas de verano. El día del debut también tuvo su dosis de guasa. Se lidiaron varios toros de Samuel Flores que no le correspondían a él sino que se habían quedado sin torear unos días antes porque la lluvia hizo que se suspendiera el festejo. Pues bien, Cabañero le cortó esa tarde las dos orejas y el rabo al toro de nombre ‘Alpargata’ que, curiosamente, era hijo de aquella vaca con la que triunfó en el festival del Club Taurino en Albacete.
METEÓRICA CARRERA DE NOVILLERO
Si bien consiguió caer de pie en Albacete, la plaza que explica el gran éxito de Gómez Cabañero como novillero con picadores fue Valencia, donde toreó en ocho ocasiones, generando una auténtica revolución. Esa primera temporada completa con los del castoreño, 1956, actuó en 35 tardes, se presentó en Barcelona y sufrió una cornada muy grave en Aranjuez. Rivalizaba entonces con Curro y Rafael Girón, con Jaime Ostos, Antonio Borrero ‘Chamaco’ o Rafael Jiménez, hijo de ‘Chicuelo’, el inolvidable maestro sevillano.
Arranca 1957 como novillero puntero y en junio, el día 20, decide hacer su presentación en Las Ventas. Lo hizo con un triunfo arrollador, cortando las dos orejas al primer ejemplar y saliendo a hombros. A partir de ahí, todo el toreo conocía y hablaba de José Gómez Cabañero, un serio y valiente torero de Albacete. Toreó seis tardes en Bilbao, pasó por las ferias de Zaragoza, Valladolid, Salamanca, Murcia y la citada Valencia, hasta que el 18 de agosto, un novillo de Muriel cortó en seco su temporada con otra grave cornada.

Al año siguiente decide despedirse como novillero para tomar la alternativa. Eso sería el 4 de septiembre en Barcelona, que entonces era la gran plaza de toros de España. Antes, en una gesta sin precedentes, se anunció la misma semana en Las Ventas y en la Maestranza para coronar una brillantísima etapa con caballos, consiguiendo salir a hombros ambas tardes. Como recuerda el que fuera gran amigo del maestro, José Vicente Temes ‘Josico’, en su archivo histórico, al que ha tenido acceso EL DIGITAL DE ALBACETE gracias a la generosidad de su hijo Manuel, «llegó Gómez Cabañero a la alternativa con el espectacular preludio del que creemos que no hay ningún torero que pueda presumir de haber salido a hombros de Madrid y Sevilla en la misma semana».
ALTERNATIVA, CONFIRMACIÓN Y AL BANQUILLO
El toro del doctorado en la Monumental de Barcelona, que le cedió Julio Aparicio, se llamaba ‘Encajero’, de la legendaria ganadería de don Alipio Pérez Tabernero. El testigo de la ceremonia, con Cabañero vestido de primera comunión y oro, fue ‘Chamaco’. Aquella tarde no funcionaron los toros. Como anécdota, ya ven que su carrera está plagada, el segundo ejemplar de su lote se llamaba ‘Bailaor’, idéntico nombre que el toro que mató al rey de los toreros, Joselito ‘El Gallo’, en Talavera de la Reina.

Pese al mal trago del día de la alternativa, antes de terminar el año actuó en la que sería seguramente la tarde con mayor repercusión y prestigio de su carrera. Compartió cartel en la verdadera Chata, que era la plaza de toros de Vistalegre, con Luis Miguel Dominguín y con Antonio Bienvenida. Esa corrida servía para conmemorar el cincuentenario de la plaza madrileña, que se llenó hasta la bandera y que contó entre sus asistentes con diestros de la talla de Juan Belmonte, Domingo Ortega, Manolo Bienvenida o Vicente Pastor. Consiguió cortar una oreja, pero aquel día fue para Dominguín, que dio una tarde memorable.

Llegó a la temporada de 1959 con cierto ambiente y consiguió cerrar su confirmación el 3 de mayo de manos del vasco José María Recondo, matador que en su lecho de muerte dijo morirse contento porque no le había pagado un duro a Hacienda, pero sobre todo porque ya nunca tendría que ver una corrida de rejones. ¡Qué arte! Los toros eran de Guardiola, pero pasó en Madrid lo mismo que en la alternativa en Barcelona, es decir, nada. Aquello frenó en seco su carrera y ese año solo pudo sumar cinco corridas más.

LA MUERTE, UN GAFE
Viendo que se estaba cometiendo una injusticia con Cabañero, emergió la figura de «Chicuelo II», legendario torero de Iniesta (Cuenca), que cuenta con su estatua en la puerta grande de la plaza de toros de Albacete, decidió echarle una mano y pedirle a las empresas que lo acartelaran con él en la siguiente temporada, pero a principios de 1960, un accidente aéreo acabó con la vida del diestro conquense y con él se fueron también las esperanzas de torear de Cabañero, que decidió irse a América a probar suerte.

Consiguió abrirse hueco en Colombia, toreó en la Santamaría de Bogotá, en Medellín, en Armenia y en otros cosos de provincias, pero sus triunfos no tuvieron ninguna repercusión en España. A finales de ese año selló un acuerdo de apoderamiento con un antiguo banderillero muy bien relacionado con los empresarios que se llamaba Juan Chalmeta. Chalmeta era, por cierto, un excelente promotor de los festejos cómico-taurinos que acaban de ser prohibidos de manera arbitraria y totalitaria por el Gobierno. Pues bien, cuando Cabañero había recuperado la ilusión por torear de la mano de Juan Chalmeta, la muerte volvió a cruzarse en su camino. El apoderado murió de manera fulminante por una enfermedad letal pocos días antes de que arrancara la temporada.
No toreó prácticamente nada en las tres siguientes temporadas, pero el maestro albaceteño continuó sacrificándose hasta que llegó otro triunfo que se puede considerar histórico, pero que, una vez más, no tuvo repercusión alguna. Sucedió el 18 de julio de 1963, otra vez en Vistalegre. Se quedó solo con los seis toros por el percance de sus compañeros ‘Pinto’ y ‘Manolé’. Una corrida inmensa y complicada a la que le cortó dos orejas y consiguió salir a hombros. Ese año quedó triunfador de la feria de Albacete tras triunfar en una corrida de ‘Graciliano Pérez Tabernero’ junto a César Girón y Miguel Mateo ‘Miguelín’. El premio, qué raro, fue quedarse fuera al año siguiente. En 1968, aburrido, se retiró.

EFÍMERA REAPARICIÓN Y SUBIDA AL PALCO
Después de cuatro años desconectado por completo del toreo, Cabañero decidió reaparecer. Era 1972 y por ahí andaba ya un joven Dámaso González que apuntaba maneras. Junto a él y al lado del inolvidable Antonio Rojas volvió a los ruedos en Casas Ibáñez. Pasó por la feria de Albacete con un resultado arrollador, pero nadie contó con el para la temporada de 1973 en la que, de forma definitiva, colgó el vestido. Su última corrida, la de las «eñes». Con toros de los Hermanos Molero estaban anunciados ‘Calatraveño’, ‘Cabañero’ y ‘Marismeño’. Así acabó su carrera en los ruedos y pronto empezó su trayectoria en el palco. En 1978, de la mano de Constantino González, comenzó su andadura como asesor artístico que continúa hasta hoy.
Un torero muy respetado por sus compañeros y un hombre entrañable. Una buena persona que, a sus 93 años, tiene cuerda para rato. Este viernes se hace justicia, pero a medias. El homenaje de los toreros será precioso, pero falta que Albacete y Castilla-La Mancha le den a José Gómez Cabañero el reconocimiento que merece. Y a poder ser, que lo hagan en vida. No obstante, es el decano de los matadores de Albacete y de Castilla-La Mancha. ¿Una estatua? ¿Una medalla? ¿Un diploma? Me da igual, pero estemos por favor a la altura de leyendas que, gracias a Dios, siguen vivas. Y que nos duren mucho. Larga vida, maestro.


