Hay barrios que empiezan a cambiar sin hacer ruido, como si alguien hubiera bajado la intensidad de la luz de las farolas y alargado las sombras en las esquinas. En los últimos días, el temor se ha instalado en las conversaciones a media voz del Barrio Industria en Albacete, la preocupación se cuela tras las persianas y la intranquilidad se adhiere al asfalto cuando cae la noche. Algo no encaja, algo se respira distinto. Y esa inquietud, sorda pero persistente, ha empezado a romper la rutina de quienes hasta hace poco dormían con la certeza de que nada malo podía ocurrir al otro lado de su portal.
Y es que, el Barrio Industria de Albacete, durante años sinónimo de rutina tranquila y calles de paso, empieza a mirar al suelo antes que al frente. No por timidez, sino por precaución: cristales rotos, guanteras abiertas y la sensación —cada vez menos discutible— de que alguien está “trabajando” la zona. En las últimas semanas, según relatan vecinos a El Digital de Albacete, se están produciendo numerosos robos con fuerza en vehículos en el entorno de la calle Arquitecto Fernández, una vía especialmente transitada.
Los testimonios vecinales recogen un patrón que se repite: “El descontento y la preocupación de los vecinos es alarmante”, aseguran, reclamando “visibilidad a los hechos que están ocurriendo en esta calle tan transitada”. En ese recorrido cotidiano —casa, trabajo, colegio, compra— han empezado a aparecer escenas propias de un parte policial: “Coches que tenían los cristales de las ventanillas rotas”, cuentan, y en algunos casos “les habían robado el radio-navegador”. Para quienes viven y aparcan a diario en el entorno, el deterioro no es solo material: “Este era un barrio tranquilo y se está viendo como poco a poco está cambiando a peor”.

Del robo en coches al sabotaje eléctrico: la inquietud va a más en esta zona de Albacete
La preocupación no se limita ya al interior de los vehículos. La inseguridad en la zona va creciendo, y en el mismo eje urbano se ha sumado un episodio con consecuencias más amplias: el sabotaje —en forma de robo— de material eléctrico en un transformador de la calle Arquitecto Fernández.
Tal y como les informamos en su momento en El Digital de Albacete, vecinos explicaron que el miércoles 4 de febrero se registró un pico de tensión que acabó dañando electrodomésticos y ascensores en edificios y comunidades del barrio, y lo vinculan al robo de cobre en el transformador ubicado en esa misma calle. En palabras de esos vecinos, el robo se habría producido “a las 11 de la mañana, a plena luz del día”, pese a tratarse de una zona con movimiento constante.
Días después, siempre según ese mismo relato vecinal recogido por este medio, se produjo un nuevo episodio: el miércoles 18 de febrero, sobre las 20:00 horas, varios residentes habrían visto a sospechosos en el interior del transformador, se avisó a la policía y los presuntos autores huyeron en un vehículo “de alta gama” antes de la llegada de los agentes.

Este barrio de Albacete ya no duerme igual
En la calle, el miedo no siempre hace ruido: se nota en la forma de aparcar —más cerca de un portal, más bajo una farola—, en el vistazo doble al mando del coche, en la conversación entre vecinos que antes hablaban del tiempo y ahora intercambian horarios y matrículas extrañas.
A la preocupación por los robos en vehículos se añade el impacto de lo ocurrido con el transformador, porque ya no se trata solo de perder objetos: se trata de que una acción delictiva “técnica”, dirigida al cobre, puede provocar daños en cadena en viviendas y zonas comunes.
Tras el robo de material eléctrico, la Policía Nacional abrió una investigación para identificar a los responsables de los hechos relacionados con el transformador. En paralelo, en la acera —donde se recogen los cristales con escoba y resignación— los vecinos reclaman más presencia, vigilancia y medidas disuasorias en una calle que, paradójicamente, siempre ha estado llena de gente… pero que ahora se siente más sola cuando cae la noche.
Porque el Barrio Industria empieza a aprender una lección amarga: el delito no siempre llega con estruendo. A veces entra en silencio, rompe un cristal, arranca un navegador… y se marcha dejando detrás una pregunta que pesa más que el botín: ¿quién será el siguiente?

