Es verdad que la división, el enfrentamiento, el mal clima, la crispación y la polarización, irradian de arriba abajo. El presidente Page –si no recuerdo mal– decía algo parecido el otro día en televisión. Al otro lado de la M30 es donde, en buena medida, se ha diseñado y alimentado ese malestar: declaraciones huecas, salidas de tono, un periodismo cada vez más cercano al activismo y políticos encaramados al poder para quienes, ante el más mínimo reproche, el “y tú más” aparece de inmediato.
Resulta muy socorrido recurrir al empate o intentar forzarlo, aunque cada caso sea distinto. Sin embargo, los empates no los resuelven los tertulianos ni los estrategas: los rompen los ciudadanos con sus votos y sus posicionamientos.
En provincias, digamos, no llegamos a ese nivel, aunque a veces intentemos parecernos y hagamos esfuerzos inequívocos por no quedarnos atrás. Pero no: quizá sea porque no tenemos una M30 y todo discurre de otra manera. Es cierto que aquí abundan más las posturas de acuerdo; las declaraciones son las justas y rara vez se busca incomodar en exceso. El periodismo –en términos generales– resulta más plano, menos dado a adentrarse en terrenos conflictivos, quizá a la espera de los cambios que se avecinan. Tal vez también influya que en las redacciones no se manejan sueldos de medio millón de euros y, por tanto, el margen de riesgo es menor. En definitiva, el contexto es distinto.
Puede que se gane en una menor polarización, pero en otros aspectos salimos perdiendo: el tedio también acaba imponiéndose.
En términos estrictamente periodísticos, que por razones obvias siempre me interesan, no es lo mismo trabajar en redacciones donde aterrizan grandes exclusivas –que, si no se gestionan con prudencia, pueden detonar antes de tiempo– que hacerlo en otros ámbitos donde, entre actividades intrascendentes, cuatro comunicados y unos cuantos cortes de voz facilitados por los partidos políticos, transcurre la actualidad con menor tensión y, en consecuencia, con menor exposición para todos.
También es cierto –situando cada cosa en su justo término– que las grandes noticias se filtran, se investigan y se consolidan en la capital de España, mientras que a provincias suelen llegar diluidas. La calidad periodística no necesariamente varía: en provincias hay excelentes profesionales que nada tienen que envidiar a las llamadas figuras mediáticas actuales, algunas con sueldos difíciles de justificar, aunque esa circunstancia no siempre escandalice a quienes deberían hacerlo.
Cualquier mindundi se adentra ahora en terrenos que hacen unos años estaban claramente vedados y formaban parte del código no escrito de cualquier informador: los asuntos más personales, los ámbitos estrictamente privados, aspectos como la orientación sexual, por ejemplo. Hoy se permiten licencias difícilmente asumibles desde el punto de vista deontológico. Se difuminan los límites, parece que todo vale y así prolifera una información de escaso rigor.
En este contexto, a río revuelto resulta sencillo lanzar insinuaciones o incluso falsedades y, después, desentenderse de sus consecuencias. Un deterioro preocupante del oficio.
La semana comenzaba con la huelga de médicos ante la incapacidad de una ministra que anda metida en un lio morrocotudo y no sabe por dónde salir. La izquierda mediática hace malabares e incluso sin disimular se pone de perfil con los profesionales sanitarios. Escuché en un programa de máxima audiencia radiofónica decir: “las enfermeras también hacen guardias”. Tratando de comparar e incluso dejando a la intemperie a los médicos, que es de lo que se está hablando ahora mismo. Se está dejando a su suerte a la profesión médica en un momento que nadie niega de la profesionalidad y dedicación de los que velan por la salud de los ciudadanos. Sinceramente, hoy más que nunca tenemos que entenderlos, hacernos participes de sus reivindicaciones y pese a la huelga inevitable, estar más cerca de ellos que de la torpeza de una ministra.
En Extremadura, VOX ha recurrido a la ironía ante el giro del PP regional y han señalado que han pasado “de ser machistas y matones a ser socios necesarios”. Desde hace meses vengo sosteniendo que María Guardiola, ganadora de las elecciones, se expone en exceso con declaraciones innecesarias. Desde la dirección le han tenido que dar más de un toque para que se calle y trabaje discretamente.
Del CIS de Tezanos prefiero no extenderme. Una broma que además cuesta dinero. Hasta un periodista de El País ha manifestado que “el CIS de Tezanos es un despropósito”.
Lo que viene ahora me suena bastante. La vicepresidenta segunda, Yolanda Diaz, ha dicho que el presidente de la patronal cobra el salario mínimo pero multiplicado por 23 y todo porque no asistió a la firma de la subida del salario mínimo interprofesional. Ha subido 37 euros mensuales, según cuentan. Esos 1.221 euros no son para presumir. Es verdad que ha venido subiendo, pero como el coste de la vida se ha disparado con ese sueldo no se cubren las necesidades básicas, por tanto, más que alegría produce cabreo.
A la vicepresidenta le han recordado que percibe un salario que multiplica por ocho el salario mínimo interprofesional. Le recuerdan la casa gratis de varios centenares de metros cuadrados en plena Castellana y las prerrogativas asociadas al cargo.
Sobre esto, decir que el sueldo que pueda pagar la patronal poco hay que objetar, es sueldo de una organización empresarial, no es dinero público y por tanto le pueden poner lo que quieran. Ahora bien, desconozco las subvenciones que recibe la patronal o patronales en el ámbito que sea, pero si reciben dinero público deberían ir rebajándolo si se quiere pensar más en términos de independencia.
Dejaré una puerta abierta para la reflexión. La cuestión de fondo puede no ser únicamente si deben o no recibir subvenciones, sino en qué condiciones, con qué controles y con qué grado de transparencia. Un sistema claro, fiscalizado y proporcionado puede compatibilizar la autonomía de las organizaciones con el interés general, reforzando su legitimidad ante la ciudadanía.
Quien paga manda, eso siempre es así. Sería muy bueno que poco a poco, no de una tacada, vayan por la senda de subvenciones cero y se conviertan en organizaciones necesarias y mucho más competentes y reivindicativas. Intuyo que es lo que desea una mayoría de los ciudadanos.
Hablar de los sueldos públicos ajenos como arma arrojadiza suele ser un ejercicio de demagogia que termina salpicando a quienes lo utilizan. Cuando el debate se reduce a cifras comparativas, con frecuencia se pierde de vista el fondo de las cuestiones políticas.
La izquierda asegura que se está reorganizando para frenar el avance de VOX, pero por ahora da la impresión de que vuelve, una vez más, a enredarse en disputas internas. Podrían frenar la pobreza, podrían pensar en los asentamientos de inmigrantes y frenarlos igualmente y a VOX que lo frenen las urnas, si es que hay que frenar a alguien. De verdad, si Rufián va a ser el salvador de la izquierda en España, Pedro Sánchez puede estar muy tranquilo porque en manos de un independentista con un criterio imposible de ejecutar, ya han empezado a estrellarse y eso que no se han presentado a las elecciones.
Resulta significativo, en cualquier caso, que en un contexto político tan agitado un programa como El Hormiguero, de Antena 3, lograra un dato de audiencia tan destacado con la presencia de Emiliano García-Page como invitado. Puede interpretarse como una señal de que parte de la ciudadanía valora los mensajes directos y un tono de mayor claridad en el debate público.
Es lógico que el líder regional del PP critique las posiciones de Page. Incluso se ha señalado que Paco Núñez podría coincidir con él en algunos planteamientos, aunque le reclama que inste a sus diputados a poner fin a la llamada “era sanchista”. Sin embargo, Castilla-La Mancha presenta un escenario particular: no es un territorio sencillo para el PP, pese a su crecimiento en el ámbito nacional. En Castilla-La Mancha, Núñez tiene enfrente a un “miura” de la política difícil de lidiar. Supongo que el PP de Génova lo sabe y si no lo sabe deben tenerlo en cuenta.
No es fácil adivinar los movimientos que pueda realizar el PSOE regional con Page al frente, aunque es evidente que su actual posición de centralidad y credibilidad podría resentirse si optara por la inacción. No parece un dirigente dado a quedarse inmóvil ante escenarios cambiantes.
Lo mejor que le podría suceder al PP de Castilla-La Mancha es que Page diese un salto a la política nacional, le vendría bien a España y al PP regional. Mientras tanto, no es imposible que Núñez pueda gobernar, porque VOX está imparable.
El perfil de Page, de gobernante experimentado, mantiene por ahora una posición sólida en la política autonómica.
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo
Ángel Calamardo

