En el corazón creativo de la provincia de Albacete late un talento que desafía etiquetas, moldes y convenciones. Inclasificable, magnético y absolutamente auténtico, no es solo un artista, sino un fenómeno cultural que despierta curiosidad, admiración y debate allá donde aparece. Dios Fufi, como él mismo se denomina, nació en Almansa, pero reside actualmente en Villarrobledo, en una residencia de mayores tutelada donde vive tranquilo, feliz y libre para seguir desarrollando su arte.

Hace muchos años, Fulgencio Sánchez dejó de usar su propio nombre para convertirse en ‘Dios Fufi’, un artista fuera de lo normal que ha creado su propio universo. Con túnicas de colores, una corona de flores, barba y pelo blanco, y una voz ronca que inspira cercanía, nos cuenta que su estilo es el ‘Fufismo’, una corriente en la que “existen dos vertientes, el ‘Fufismo puro’, y el ‘Fumismo abstracto’. Voy pintando lo que me sale del alma, porque la inspiración me llega de Dios, y por eso pinto lo que me pide. Nunca hago bocetos previos, empiezo a pintar y me voy dejando llevar, porque sé que estoy en buenas manos. Dalí decía ‘yo soy un Dios que pinta’, pero a mí la gente me ve por la calle y dice: ¡Dios, que pinta!, y como me dedico a pintar y siempre he estado muy cerca de Dios, decidí empezar a firmar como ‘Dios Fufi’. Así que, en realidad, fue la gente la que me bautizó con ese nombre. Desde ese día, soy el Dios que hay ahora en la tierra. De hecho, el triángulo de Dios Padre que simboliza la Santísima Trinidad, ya no es un triángulo, ahora es un cuadrado compuesto por Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo, y ‘Dios Fufi’. Esto es porque, como Dios vio que la cosa en la tierra se estaba descontrolando, me envió para ver si lo arreglaba un poco, pero no está siendo nada fácil”, asegura.

El ‘Fufismo’: una corriente llena de color e imaginación
Su estilo siempre ha sido muy colorista e imaginativo, algo que nunca ha perdido. Ahora, a sus 71 años, sigue pintando con el mismo entusiasmo que cuando era un niño de 5 o 6 años y empezaba a garabatear. En la actualidad, al llegar cada noche, deja volar su inspiración para crear verdaderas y únicas obras de arte que nos transportan a otros mundos. “La pintura es mi vida, porque me hace muy feliz. La noche me inspira y encuentro el desarrollo que necesito, de hecho por la noche se me pasan las horas volando, y me suelo quedar hasta altas horas de la madrugada. Me encanta utilizar muchos colores, y saber que los tengo a mi alcance. De este modo va saliendo todo, voy eligiendo colores y voy pintando, pero no de una manera mecánica, sino dejando que la inspiración me guíe, y eso es algo que me hace sentir muy bien”, celebra.

Una de las características que definen y diferencian a la pintura de ‘Dios Fufi’, es que siempre pinta a Cristo desnudo en sus cuadros. “Tanto en cine, como en la pintura y otras artes, siempre se ha representado a Cristo tapándole sus partes con una tela, pero a mí eso nunca me ha parecido lógico. Cuando estaba Cristo en la cruz le pusieron una corona de espinas, le clavaron las manos y los pies a la cruz, le vejaron, le escupieron, le tiraron fruta podrida, y hasta le clavaron una lanza. Con todo eso, no creo que tuvieran la delicadeza de tapar sus partes, así que estoy convencido de que eso no fue así. Por eso, a mí me gusta pintar a Cristo desnudo, porque lo veo más real, y porque pienso que dios no tiene vergüenzas, y por eso he llamado así a uno de mis cuadros”, refleja.

Una imagen poderosa
La imagen de ‘Dios Fufi’ es muy poderosa, ya que viste muy acorde a su obra y su forma de ver la vida. El artista indica que “aunque los curas vayan vestidos de negro, Dios no representa ese color. Dios para mí es amor, alegría y color. La felicidad, el bienestar, el buen humor, y querernos todos, eso es para mí lo que realmente es Dios. Yo me levanto por la mañana y busco lo más colorido para ponerme, porque eso me da felicidad. Además, siempre llevo mi corona de espinas que, como ha llovido tanto desde entonces, ha brotado con flores de muchos colores. Todo lo que llevo, tanto las túnicas como las coronas, todo lo diseño y lo confecciono yo mismo. Todo lo hago a mi estilo con mi sello personal, un estilo moderno tanto en la forma de vestir como en la pintura, porque mis cuadros son los más modernos que hay hoy en día. De hecho, elijo y utilizo prácticamente los mismos colores en los cuadros, que en mi forma de vestir, y eso es algo que me sale solo, como por inercia. También me pongo la corona del Rey del mundo, pero no la quiero de oro, la quiero de bisutería barata de los bazares chinos. Así mismo, suelo llevar un báculo, que es un especie de bastón alto que usaban antiguamente los obispos y los abades como símbolo de autoridad”, explica.

Amante de la música
‘Dios Fufi’, además, es un gran amante de la música, y siempre va con su altavoz a todas partes. “Me gusta tanto la música que necesito que me acompañe durante día y noche en todo lo que hago. Escucho música para pintar, para comer, incluso para dormir. Además, me gustan todos los estilos y épocas, desde la música clásica de Beethoven, pasando por los fados de la artista portuguesa Amalía Rodrigues, hasta las cumbias colombianas, me gustan muchos estilos diferentes. Dicen que hay dos clases de música, la buena y la mala, a mí me gusta la buena, y si no es buena, si a mí me gusta me vale. Siempre que puedo aprovecho mis tiempos de pintura para armonizarlos con música, porque con mi pintura y mi música ya soy feliz”, señala.

Un artista muy especial
Flo Sáez, amigo y representante del artista, destaca que “Fufi es un pintor que, a pesar de no haber vivido nunca de su arte, lo podría haber hecho perfectamente, porque es muy especial. Desde muy joven tenía una proyección increíble, y además no existían en su época pintores con tanta fuerza. Pero una serie de circunstancias, como sentirse un incomprendido al vivir su juventud en un momento muy difícil de la transición en España, experiencias traumáticas en el servicio militar, o la muerte de su hermano pequeño al que adoraba, hicieron que su vida se truncara y le impidiera llegar a triunfar como se merecía. Por eso, además de sentir admiración por él y por su arte, me considero su amigo, y desde hace dos años soy su representante. Además, lo hago sin ánimo de lucro, porque creo en su arte, y estoy convencido de que se lo merece. Yo soy más joven que él, pero recuerdo verle en Almansa pintando cuando era muy joven, y lo hacía a todas horas. Tengo un gran recuerdo de cuando era yo pequeño e iba al colegio, tendría unos 12 años, y un día nos dijo el profesor que al salir de clase fuéramos a la puerta del ayuntamiento, para ver una obra de arte que había pintado Fufi en el suelo. Y es que Fufi, que por aquel entonces tendría poco más de 30 años, se había ido la noche anterior, se había tirado en el suelo, y había pintado con ceras pastel ‘La Última Cena’ en la calle, en pleno centro de Almansa. Lo curioso es que a la mañana siguiente la gente se agolpaba para ver esa obra de arte improvisada, con el sello de Fufi”, concluye.

Con el pelo rojo, un radiocasete a cuestas, y un crucifijo en el cuello, muchos albaceteños y albaceteñas le recordarán hace 20 años aparcando coches en el parking del restaurante ‘Nuestro Bar’ de Albacete, donde trabajaba para conseguir unas monedas para costearse sus lienzos y pinturas. Lo que nadie sabía es que ese aparcacoches de tierna sonrisa infantil, se iba a convertir, unos años más tarde, en ‘Dios Fufi’.



































