En los últimos días, la polémica se ha instaurado en Ciudad Real, donde se celebraba un evento que relacionaba el autismo y las enfermedades raras con daños a causa de las vacunas. Una iniciativa que ha creado multitud de reacciones entre la comunidad científica de Castilla-La Mancha. Entre ellos, Antonio Mas, profesor titular de Farmacia de la Universidad de Castilla-La Mancha y del Instituto de Biomedicina, que subrayaba a través de redes sociales que “las vacunas no provocan autismo”, y que esta creencia ya ha hecho “mucho negocio a expensas de las familias”.
A raíz de esta controversia, expertos como Antonio Mas, recuerdan que la supuesta relación entre vacunas y autismo parte de un estudio publicado hace 28 años y que fue retirado en 2010 por carecer de validez científica. De este modo, el docente explica que el trabajo presentaba graves deficiencias, y subraya que las investigaciones posteriores desmentían por completo lo que afirmaba aquel estudio. Además, advierte de que enfermedades como el sarampión pueden tener graves consecuencias y defiende la seguridad de las vacunas, insistiendo en la importancia de tomar decisiones informadas frente a la información que ofrecen este tipo de grupos antivacunas.

Un tema que viene de lejos, tal y como apunta Antonio Mas a El Digital de Albacete que sostiene que “en 1998 se publicó un artículo en una revista de investigación biomédica que establecía una supuesta relación entre la vacuna triple vírica (sarampión-rubeola-paperas) con trastornos de comportamiento y digestivos”. Un estudió que finalmente “quedó retractado en el año 2010”. “La revista decidió que no tenía validez científica, y 10 de los 13 autores estuvieron de acuerdo con ello”, señala.
Un «estudio retractado», base de los grupos antivacunas
Así, comparte que “el hecho de que esté retractado quiere decir que un comité ha decidido que no tiene valor científico”. De hecho, el docente comparte que “este artículo lo utilizo en mis clases prácticas para que los alumnos hagan de revisores, sin contarles la historia, y encuentran los mismos problemas que apuntó el comité”.
De este modo, sostiene que el artículo presenta dos problemáticas: Por un lado “el tamaño de la muestra es muy pequeño, y con esos datos no se puede obtener ningún tipo de conclusión”, indica el profesor. Por otra parte, señala que “la relación con el autismo la expresaron los padres de los niños. Ellos dijeron que cuando se les puso la vacuna empezaron a desarrollar problemas de comportamiento”, por lo que “perdieron el control de las variables”.

En este punto, comparte Antonio Mas que el artículo dotó de “mucho recorrido a los grupos antivacunas”. Así, sostiene que lo que ha sido complicado verdaderamente ha sido “desmontar la estrategia de antivacunación”, y señala que para ello, “se han hecho muchos estudios englobando a miles de niños”.
Estudios basados en miles de niños desmienten la relación entre el autismo y estas vacunas
En esta línea, señala que hay varios estudios, basados en miles de niños, a los que “se les ha hecho seguimiento a los que se han vacunado y a los que no, porque hay niños que por otros motivos no se pueden vacunar, y no se ha visto ningún tipo de diferencia”. Del mismo modo, añade que uno de los temas que los grupos antivacunas ponen sobre la mesa son “esas sustancias que llevan las vacunas, que sirven para que la respuesta inmune sea más potente cuando se inyectan”.
“Todo lo que han intentado relacionar con el autismo no se ha podido demostrar”, asegura, y apunta que por ejemplo, enfermedades como el sarampión tienen “una tasa de mortalidad de 1 por cada 3.000 niños”. Una tasa que señala que “no es baja”, y que pasa por “una prevención muy sencilla”, pero que puede costar muy caro, y además puede “provocar enfermedades graves, incluso infecciones por otros microorganismos”.

Antonio Mas, profesor de Farmacia y del Instituto de Biomedicina: “La vacuna es segura”
“La vacuna es segura”, concluye el docente de Farmacia de la UCLM, que asegura que “nadie ha podido demostrar, cuando se hacen bien las cosas, una relación de causalidad entre las vacunas y el autismo”. Así, señala que estas personas “trabajan con datos fraudulentos”. Sobre las vacunas de los niños, Antonio Mas lanza un mensaje claro: “En España las vacunas no son obligatorias, pero las decisiones se tienen que tomar con todos los datos”, por lo que anima a padres y a la ciudadanía en general a investigar y contar con la información adecuada antes de tomar una decisión que puede arriesgar una vida.
Desde la llegada del Covid-19 a nuestras vidas, los grupos de personas antivacunas de diferentes enfermedades han proliferado, llevando a cabo incluso congresos y charlas en diferentes puntos del país. “Como las vacunas eran algo novedoso, dispararon ciertas alarmas, pero llevaban estudiando muchos años”, explica.

En este contexto, la comunidad científica insiste en la necesidad de reforzar la educación sanitaria y combatir la desinformación con evidencia y transparencia. Así, apelan a la responsabilidad para proteger la salud pública y recordando que la clave pasa por acudir a fuentes veraces, confiando en el consenso científico antes de tomar decisiones que pueden tener consecuencias irreversibles.

