Desde el corazón de Albacete hasta el corazón de los Alpes Suizos, Susana Jiménez ha tejido una historia inspiradora. Esta joven psicóloga, natural de Albacete, tiene el corazón dividido entre sus raíces manchegas y la ciudad suiza que la ha cautivado. Pero Ginebra (Suiza), donde reside actualmente la albaceteña, le ha ofrecido a Susana algo más que un trabajo que le encanta. Así, entre los Alpes y los espectaculares lagos que ofrece este país, Susana ha descubierto en las montañas un refugio de paz y un motivo para echar raíces allí.
Actualmente, Susana, psicóloga de profesión, trabaja en un proyecto de asistencia a personas migrantes y demandantes de asilo en Ginebra. Tras finalizar sus estudios de psicología, Susana se embaucó en un máster en el que uno de los requisitos pasara por residir fuera de España unos meses, que se han convertido en ambos y en una vida construida entre el frío suizo y su delicioso chocolate.

Pero si algo ha cautivado a Susana de Suiza, han sido las montañas. “Aquí mires donde mires hay montañas y eso me encanta. En cuanto te mueves unos kilómetros hay lugares increíbles”, comparte con El Digital de Albacete, y aclara que “la cercanía con la naturaleza y tener la montaña cerca” han sido un gran factor para apostar por quedarse en este país.

De Albacete a Suiza, entre lagos y montañas
De aquel momento de prácticas del máster, hace ya 4 años. Y así, casi sin querer, Susana Jiménez está construyendo su vida en Suiza, a kilómetros de su Albacete natal, pero manteniendo intacta esa esencia albaceteña que continúa llevando por bandera. “Llegar a un país nuevo nunca es fácil”, asegura, y explica entre risas que “no te creas que me informé mucho de a dónde venía, y empecé a coger trabajillos”. Entre tanto, finalizó el máster, pero Susana se planteó aprovechar el verano para trabajar y ahorrar. “Entonces conocí a mi pareja”, recuerda Susana, sumando un motivo más para quedarse en este país.
Tras años viviendo lejos de casa, Susana bromea asegurando que “hablo un poco peor español”, y señala que al llegar hubo choques culturales. “La gente es tan educada que te parece distante”, explica, y manifiesta que los suizos tienen una manera de expresarse muy particular: “Todo son frases muy envolventes y si traduces el español literalmente suena hasta grosero en este país, por la forma que tienen de ser”.

Además, Suiza cuenta con unas normas sociales no escritas muy peculiares. Así, Susana señala que hay una cultura de “no molestar a los demás, son muy silenciosos y muy prudentes”, y sostiene que por ejemplo “los domingos no se hace ruido, no se ponen lavadoras, ni la música alta, ni tampoco se pasa el aspirador”. “En cuanto llegas saben que eres español porque gritamos cuando hablamos”, indica entre risas Jiménez.
Susana Jiménez no pierde su esencia albaceteña
Sobre su labor como psicóloga en Ginebra, Susana explica que actualmente se dedica a atender a las personas migrantes. “A veces te obliga a ser un poco pragmático porque también tienes horarios, reuniones y estadísticas”, manifiesta, y señala que “el trabajo que hacemos es muy muy humano, a veces pasamos horas escuchando a una persona”. Así, indica que “trabajo en el centro de orientación para poner a estas personas en contacto con otros servicios. Hay casos de todo, hay algunos cotidianos y otros urgentes”. Una de los factores a los que se enfrentan estas personas pasa por “las trabas de acceso a la justicia que tienen una persona que no existe a ojos de la administración”, señala.

Suiza es conocida por ser unos países de los que presumen de gran calidad de vida, donde tanto los salarios como el coste de vida suele ser uno de los más altos de Europa. “Si llegas con un sueldo de cualquier país similar a España, como Grecia o Portugal, enseguida estás en dificultades, porque hay un gran salto de lo que es un buen ingreso en España o lo que se considera un buen sueldo en Suiza”. Así, señala que “Suiza funciona por cantones y en Ginebra, el salario mínimo son unos 25 francos la hora”, lo que equivale a “unos 3.000 francos al mes”. “Si tienes un poco de experiencia aumenta esa base”. Para hacernos una idea, una habitación cuesta “alrededor de mil francos al mes”, y además, en Suiza hay un gasto fijo. “Pagamos un seguro de 400 francos, solamente por estar asegurado”, apunta.

Por el momento, Susana no tiene planes de regreso a España. “Siento que tengo un trabajo de algo que me encanta, estoy muy bien aquí y voy a exprimirlo un poco más”, asegura, y sostiene que “nos hemos planteado comprar una casa, pero sería en España. Aquí es imposible”. Eso sí, la nostalgia por su tierra natal sigue presente en Susana, que tiene ese carácter tan típico de los albaceteños. “Ahora siento que tengo dos personalidades: está la Susana que se expresa en español a su manera, y la que lo hace en francés, más pausada, más adecuada”, comparte la joven entre risas.

Y así, entre montañas nevadas, lagos infinitos, paisajes espectaculares, y un trabajo que le llena el corazón, Susana Jiménez ha encontrado su lugar en el mundo, al menos de momento. Eso sí, aunque lejos de su Albacete natal, Susana mantiene intacta su esencia albaceteña y no ha dejado de decir palabras como ‘bonico’, aunque el francés haya tratado de hacer de ella una persona más seria y pausada. Suiza le ha dado a Susana un hogar, con nuevas raíces, pero en cada gesto, mantiene viva esa esencia manchega.

