Nunca llueve a gusto de todos, pero especialmente de los ganaderos y de la gente del campo, asediada después de la invasión rusa de Ucrania por una sequía ruinosa y por un voraz encarecimiento de las materias primas que hicieron peligrar muchas explotaciones. No es una novedad que el campo español está en pie de guerra por numerosas cuestiones, algunas dependientes de la suerte y otras de la mano del hombre, que últimamente se caracteriza por atacar y perseguir esos modos de vida rurales. Los de la ciudad diciéndole a los del campo cómo tienen que vivir y qué tienen que hacer: un sinsentido llamado España. En el caso de la suerte, hablamos de la lluvia. La bendita lluvia que, en este primer mes y medio del año ha tornado en maldición.
Hasta nueve borrascas han cruzado la Península desde el día de Reyes. El rastro no es negativo en su totalidad, porque ha dejado los embalses casi llenos y ha espantado ese fantasma de la sequía para un tiempo, pero si vamos caso por caso, nos encontramos con auténticos dramas. El campo bravo no se libra y en Albacete, el histórico temporal –por intensidad y duración-, ha diezmado varias ganaderías.
Es el caso de Daniel Ruiz, que nos atiende “fundido” después de estar hasta 20 días consecutivos teniendo que entrar andando en los cercados para echar de comer a los animales con los sacos de pienso al hombro y “medio metro de barro”. Imposible entrar con coches, tractores o a caballo porque los caminos se han convertido en ríos. En su finca, ‘El Cortijo del Campo’, en Alcaraz, “ni los más antiguos habían visto llover así”, nos cuenta Daniel, que lamenta la pérdida de una quincena de becerros, los futuros toros dentro de cuatro y cinco años, que nacieron entre charcos: “ha sido horroroso”.
Reconoce el ganadero manchego que, llegado un momento, no sabían cómo actuar, “era frustante”. “Se atascaba el coche en el barro, íbamos a sacarlo con el tractor y se acababa atascando también”. La zona donde comen los animales se ha vuelto impracticable y a ello hay que añadir un factor decisivo y es que las vacas y los toros son, por así decirlo, muy sibaritas. Si el pienso está mojado no se lo comen. Situación que se complica más porque, al estar el terreno convertido en un lodazal, no pueden echarse ni descansar.
Para ello, no ha quedado otra que rascarse el bolsillo y acudir a un remedio que, en casos así, es más bien un parche. “Hemos comprado hasta cuatro camiones de paja para echársela a las vacas y a los becerros y que puedan dormir en seco”, pero al no dejar de llover, de poco o nada ha servido una medida a la desesperada. Por fortuna, explica Daniel Ruiz, los toros de saca, los que se van a lidiar en las plazas esta temporada, pastan en otra finca en Madrid, la del ganadero Zacarías Moreno, y no han sufrido la intensidad con la que el temporal ha sacudido Alcaraz. Se trata de una camada corta la de este año, que empezarán a lidiarse ya de cara al verano. Para 2027 sí augura el ganadero un número más elevado de animales, hasta 66 toros.
Otro ganadero resignado es Fernando Moreno, propietario del hierro de Los Chospes, que suma 10 vacas y seis becerros muertos entre el fango. “Hubiera sido mucho peor, pero llegamos a tiempo y nos trajimos a los animales de la finca de Gorgoji en Alcaraz a la de Los Chospes”, relata Fernando, que vio cómo el río Guadalmena se desbordaba y anegaba varias de las parcelas de la finca en la que pastan los toros. Unos toros, en este caso novillos, que estaban ya preparados y rematados para lidiarse entre marzo y abril. “Teníamos 12 utreros para Madrid, que finalmente irán a las nocturnas del mes de julio”, resume en pasado el ganadero, porque uno de esos novillos se ha estropeado a consecuencia de las lluvias.
En Bienservida pastan los toros de El Pizarral. Su responsable, Jaime Fernández Graciani, hace balance en EL DIGITAL DE ALBACETE: “Los lindes de la finca son ríos y se han desbordado todos; las mallas se han venido abajo y se ha complicado mucho la tarea de dar de comer a los animales”. Cuenta el ganadero, a modo de hazaña, cómo aprovechaban un mínimo claro en el cielo para salir a llevar pienso a los toros. Aunque no ha tenido bajas, sí tuvieron que curar de urgencia a un novillo el domingo que se partió una pata en un resbalón.
Por su parte, Carlos Martínez, propietario del hierro de Las Ramblas, nos cuenta con alivio que ha tenido suerte y que en su finca de Elche de la Sierra ha llovido mucho, pero no ha habido ningún contratiempo. “Todo está perfecto”, concluye.
PROBLEMA GENERALIZADO A CORTO Y MEDIO PLAZO
El balance no se queda aquí, porque ahora hay que pensar en lo que viene por delante, que es la temporada. Tras mes y medio con los toros pisando agua, aparecen dos problemas: las infecciones y la pérdida de peso por una mala, cuando no nula, alimentación. “En Valencia habrá toros que no lleguen al peso mínimo”, advierte Daniel Ruiz, que reclama que la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia se ponga en marcha, “coja al toro por los cuernos” y haga saber a veterinarios y autoridades la realidad que vive el campo bravo para que tome medidas. El ejemplo que pone es impepinable: “Para ganar 40 kilos necesitan mes y medio o dos meses, pero un toro puede perder ese peso en tres días”.
Si la presentación y el trapío de los toros está en riesgo, también hay que hablar del juego, de la forma física de los animales, que se ve comprometida en su totalidad. Nos lo contó el veterinario Julio Fernández en el programa El Toril de Onda Madrid: “Los toros, cuando llueve tantísimo, no van al bebedero sino que beben de los charcos, un foco enorme de infecciones que producen la muerte fulminante del animal”. “Harán falta cuatro meses para que los toros se recuperen de estos 45 días”, añade.
LA PRIMAVERA NO ESTÁ GARANTIZADA
Hemos leído que todas estas lluvias van a facilitar que la próxima primavera sea espléndida en el campo, con más hierba y, por tanto, más y mejor pasto para los animales. Y esto no es del todo cierto. Para empezar, porque la hierba puede suponer un problema añadido para los ganaderos que no han podido alimentar a sus toros correctamente durante este mes y medio. Cuenta Daniel Ruiz que los toros prefieren la hierba que el pienso, pero la hierba no los engorda y eso sería un déficit más al ya existente por esta situación sobrevenida.
Igualmente, como apuntan tanto Daniel como Jaime Fernández Graciani, que haya llovido tanto en enero y en la primera quincena de febrero no garantiza que los meses de primavera vayan a ser boyantes en cuanto a la producción herbácea. En Alcaraz, la primavera se hace en abril y mayo: “si no llueve entonces, tendremos otro problema”, explica Daniel Ruiz. Por su parta, el propietario de El Pizarral, indica que en una zona tan fría como Bienservida, la hierba no cuaja en estos meses por mucho que llueva. “Estas lluvias han hecho mucho daño y para nada salvarán la temporada si no llueve cuando tiene que llover”.


