La actriz, presentadora y escritora Ana Milán nunca ha ocultado que su corazón está repartido entre varios lugares, pero hay uno en la provincia de Albacete que ocupa un espacio muy especial en su memoria. Aunque nació en Alicante -decisión, según ella misma ha contado en más de una ocasión, impulsada por su madre-, fue en la localidad albaceteña de la que procede su familia materna donde vivió hasta los ocho años y donde forjó los recuerdos más intensos de su infancia.
Se trata de Almansa. Allí cursó sus primeros estudios en el colegio Esclavas de María y comenzó a construir una niñez marcada por contrastes. Por un lado, la felicidad compartida con su inseparable amiga Rosana, con quien -según ha relatado- era como «Pin y Pon», siempre juntas, recorriendo parques y calles. Por otro, experiencias más duras como el acoso escolar que sufrió en aquella etapa y que años después confesó públicamente en el pódcast ‘Buenismo Bien’, donde habló con franqueza sobre cómo pasó “de la amistad absoluta a la soledad más completa”.
Pese a esos momentos difíciles, los recuerdos luminosos han terminado imponiéndose. La propia Milán ha explicado en distintas entrevistas que este rincón manchego sigue siendo su refugio, el lugar al que acude cuando necesita reconectar con sus raíces, disfrutar de su familia y saborear unos gazpachos manchegos que, según confiesa, saben a hogar.
Incluso en su faceta como escritora ha dejado huella de aquella etapa. Durante su visita a El Hormiguero, desveló que uno de los personajes de su libro está inspirado en una profesora real de su colegio en este municipio.
Hoy, instalada en Madrid desde hace años, la intérprete continúa presumiendo de sus orígenes manchegos. En redes sociales no son pocas las ocasiones en las que comparte guiños a su infancia, reivindicando ese pasado que, con sus luces y sombras, ayudó a forjar su carácter. Para muchos vecinos, sigue siendo una auténtica embajadora de la provincia de Albacete.
Una tierra con historia y carácter
Almansa cuenta con cerca de 25.000 habitantes y está considerada una de las ciudades monumentales más destacadas del sureste peninsular. Dominada por un impresionante castillo, que se alza sobre el Cerro del Águila y dibuja una silueta inconfundible visible a kilómetros de distancia, la ciudad ha sido históricamente cruce de caminos entre Castilla, Aragón y el Levante.
Su casco histórico crece bajo la atenta mirada de la fortaleza, entre edificios señoriales como la Casa Grande o Palacio de los Condes de Cirat, actual Ayuntamiento, o templos como la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Conventos, ermitas, palacios y una gastronomía contundente completan la personalidad de una ciudad que ha sabido conservar su esencia.
Quizá por esa mezcla de historia fronteriza, tradiciones arraigadas y paisajes dominados por la piedra y la llanura manchega, este enclave de la provincia de Albacete continúa siendo, para Ana Milán, mucho más que un recuerdo: es el lugar donde empezó todo.

