La semana comenzaba con la resaca electoral de las elecciones en Aragón. A estas alturas no es necesario recordar los resultados, ampliamente analizados y comentados hasta la saciedad. Resulta, sin embargo, curioso observar –y escuchar– las distintas interpretaciones: algunas claramente sesgadas o partidistas; otras, propias de tertulianos con más vocación activista que analítica; y también las más neutras, aquellas que se limitan a confrontar los datos con la realidad que describen.
Llama la atención que incluso voces académicamente sólidas –situadas en uno u otro extremo del espectro ideológico– incurran en argumentaciones difíciles de seguir, que parecen desviarse del núcleo del debate y cuyo propósito resulta, cuando menos, poco claro. Sostener que los resultados han sido negativos para el PSOE, pero aún peores para el PP, puede parecer una afirmación confusa –por emplear un eufemismo–, incluso cuando procede de un catedrático de Derecho Constitucional como Pérez Royo.
El PP ha ganado con claridad, al margen de que haya mejorado o empeorado en uno o dos escaños respecto a sus anteriores resultados. Ganar es ganar, y lo cierto es que el bloque de la derecha ha obtenido en Aragón una mayoría holgada: en torno a 40 diputados frente a los 25 del bloque de la izquierda.
La formación encabezada por Alvise no ha conseguido representación, aunque ha obtenido más votos que PODEMOS –incluso, según los datos provisionales, cerca del doble–. Ese detalle, aunque no se traduzca en escaños, también forma parte del análisis político.
Algo parecido ocurre cuando desde el PSOE se subraya que Pilar Alegría ha obtenido los mismos diputados que Javier Lambán en 2015. Es cierto, pero se trata de una verdad incompleta: en aquella convocatoria PODEMOS logró 14 escaños, lo que configura un equilibrio parlamentario muy distinto. El matiz no es menor, porque el contexto es determinante a la hora de interpretar los resultados.
Volvemos a las andadas con las valoraciones: se confunden los términos, se interpretan los datos a conveniencia y algunos parecen empeñados en generar un clima de derrota para el PP. Otra cuestión distinta será el análisis de los pactos que están por venir. Ese escenario, aún abierto, dependerá de la capacidad de negociación de los partidos y de los acuerdos que finalmente sean capaces de alcanzar.
En otro orden de cosas, pocas veces se ha actuado con tanta diligencia como en la respuesta a las inundaciones de los últimos días en el barrio de Industria. Las precipitaciones fueron extraordinarias, no solo en Albacete capital, sino también en zonas de la cabecera, como la sierra de Alcaraz y el entorno del río Jardín, cuyos aportes terminaron afectando al municipio. Por muy preparada que esté la ciudad –y lo está en términos generales–, resultaba extremadamente difícil contener un volumen de agua que emergía en determinados puntos, en un fenómeno que el alcalde de Albacete, Manuel Serrano, describió gráficamente como “llenar una piscina desde abajo” durante sus comparecencias públicas.
El alcalde aseguró haberse puesto al frente de la situación incluso antes de que se produjeran los episodios más graves, solicitando formalmente –por carta y a través de otros canales– la intervención de la Confederación Hidrográfica del Júcar.
Con datos, informes técnicos y dedicación plena al problema, en cuestión de horas la situación empezó a encauzarse, nunca mejor dicho. Lo que inicialmente parecía inviable –derivar agua hacia el trasvase– ha empezado a materializarse. Esa era una de las peticiones formuladas por el alcalde y, tras la visita a Albacete del presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar junto al subdelegado del Gobierno, se activaron los mecanismos necesarios para hacerlo posible.
No creo que haya que pedir disculpas –es una forma de hablar– por reconocer que la gestión del asunto ha sido, hasta el momento, eficaz por parte del alcalde desde el primer momento. De hecho, basta observar las reacciones en redes sociales a las informaciones publicadas para comprobar que el respaldo ha sido mayoritario; podría hablarse de manera aproximada, de una proporción cercana al 80-20 a su favor.
Incluso desde sectores habitualmente críticos o situados en posiciones progresistas de la ciudad se han podido leer valoraciones como “el liderazgo ejercido por el alcalde”. Y en medios como la Cadena SER, tan posicionada frente al PP –al menos en cuestiones nacionales y también en otros ámbitos– se ha escuchado, aquí mismo en Albacete: “más razonable imposible” en referencia a las declaraciones del alcalde de Albacete.
El alcalde ha agradecido la disposición y colaboración de todas las administraciones implicadas. Pero la realidad es que, si no se pone al frente del problema, a lo mejor todavía estábamos sacando agua de los bajos del Barrio de Industria y quizás de otros también.
Me avisaron pasadas las nueve de la mañana del pasado viernes de que Page estaba siendo entrevistado por Alsina en Onda Cero. Y eso son palabras mayores. Coincidiendo, además, con la reciente celebración del Día Mundial de la Radio, conviene reconocer que Alsina representa, hoy por hoy, una referencia del buen periodismo: preguntas incisivas, tiempo para argumentar y voluntad de profundizar.
Con el presidente de Castilla-la Mancha, además, suele haber una garantía de escuchar posiciones que se apartan del discurso previsible o de la declaración hueca tan frecuente en la política actual. Figuras como Felipe González, el recientemente fallecido Javier Lambán y el propio García- Page –entre otros dirigentes socialistas– han construido su trayectoria sobre hechos, resultados y una acción política que, se comparta o no, ha tenido impacto en sus respectivos territorios.
Esto no va de sectarismos ni de oportunismos, sino de reconocer perfiles políticos con criterio propio y capacidad de gestión. Eso no implica que haya que votarles incondicionalmente; significa, simplemente, que proyectan una determinada confianza y que, en última instancia corresponde a la ciudadanía decidir libremente con su voto.
Resulta difícil de entender que, un ministro del gobierno de España responsabilice a una persona fallecida, como Lambán, del fracaso socialista en Aragón. Muchas dudas se suscitan en cuanto al comportamiento personal y tener sentimientos perversos para decir lo que se ha dicho. Lo dijo Felipe, seguramente un siervo, como otros tantos que tienen que seguir instalados en lo público porque fuera de la política lo tienen complicado. Mal, muy mal. Page ha salido en defensa de socialista fallecido y he escuchado también decir a la ministra de la Vivienda, política castellanomanchega, que “el Felipe González de hoy no conoce la España de hoy”. Al revés, conoce: la España de ayer, la de hoy y la de mañana. No entiendo como le pueden faltar al respeto a un político con una gran trayectoria y que tanto hizo durante su mandato. Eso es edadismo. Hace unos cuantos años, ninguno de los que hoy critican a González tenía arrestos para decir nada: callaban, asentían, bajaban la cabeza hasta rozar el suelo y, si podían se aseguraban un buen asiento.
Otro caso es el de la señora Guardiola, la que ha ganado las elecciones en Extremadura pero que tiene que pactar con VOX y anda retransmitiendo las negociaciones, pero diciendo cada día una cosa. A esta mujer le auguro un pésimo futuro y será un problema antes o después para el PP y Feijóo. De una torpeza manifiesta. Seguramente no sabe que, igual que la han votado, pueden dejar de votarla y que tiene que ser coherente y tener capacidad de acuerdo. Pensar en convocar elecciones que ella no paga, debe saber que esos seis o siete millones de euros que cuestan unos comicios van a costa de los extremeños y es indecente gastar de esa forma.
Claro que VOX, debe pedir lo que le corresponda según los votos conseguidos en las urnas. Los votantes han dicho con claridad que VOX, sus políticas o lo que sea, tienen que estar presentes en la etapa de gobierno del partido ganador. Ni pasarse, ni quedarse cortos, en el punto medio debe estar la virtud.
Aunque no suelo prodigarme en eventos taurinos, el pasado jueves estuve en Murcia atendiendo la llamada del periodista, Paco Ojados; el presidente del Club Taurino, Alfonso Avilés y el expresidente de la Asamblea de Murcia y compañero en la cadena SER de Murcia, Alberto Castillo, en otra época ocupando la jefatura de informativos de la cadena en la Región. Encima era para homenajear al matador de toros, Paco Ureña, tras dos décadas de alternativa. Además, el lorquino, afincado en Albacete, tras contraer matrimonio con Elena, hija de Dámaso González y Feli Tarruella. Allí me encontré con otros amigos, también con el consejero de presidencia de la Gobierno murciano, Marcos Ortuño y el director general, Paco Abril. No pudo acudir el presidente López Miras, por encontrarse acompañando a Mariano Rajoy, quien presentó su libro “El arte de gobernar” en Murcia esa misma tarde. Fernando es como esos toreros jóvenes que llaman la atención y a los que se les denomina “emergentes”. Fernando es un político emergente, que está cuajando como un gran gestor, traslada naturalidad, formas nada encorsetadas y uno de los varones regionales con más predicamento en el PP.
El Auditorio Víctor Villegas se puso hasta los topes. Un buen número de matadores de toros, empresarios y ganaderos, quisieron estar cerca de Paco en un merecido homenaje que le ha tributado su gente, su Región y centenares de aficionados.
A veces, hay políticos que deliran: Yolanda Diaz que ha perdido las elecciones le dice a Feijóo –que las ha ganado– que tiene que repensar su estrategia. Rufián independentista que pensaba pasar poco tiempo en el Congreso lleva ya casi una década y encima quiere liderar un proyecto nacional. Txeroki y otro malnacido más en la calle, una vergüenza. Menos mal que Gonzalo Miró, Javier Ruiz, Silvia Intxaurrondo, Vito y Julia Otero ya nos han explicado cómo son las cosas. Todo en orden.
Por cierto, no es ninguna barbaridad, en el caso de Castilla-la Mancha, el posible o discutido aumento de diputados en las Cortes de Castilla-la Mancha. Puede interpretarse como un refuerzo del principio de representación territorial y pluralidad política. Al ampliarse el número de escaños, se facilita que las distintas provincias y sensibilidades sociales estén mejor reflejadas en el debate parlamentario.
Una cosa es acabar con los chiringuitos, otra cosa es acabar con el subvencionismo al uso y al abuso, otra cosa sería la necesidad de traspasar las competencias de las confederaciones hidrográficas porque no sirven para nada y eliminar gasto innecesario y así un largo etcétera, pero límites, freno a la representatividad democrática no es el mejor camino, aunque a priori pueda resultar impopular. Hay que explicarlo bien y se entendería. Este principio, sirve para todos los partidos.
“Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones”. (José Luis Borges)
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo

