Alicia López, vecina de Albacete, ha decidido hacer público el relato de lo que vivió el pasado mes de diciembre, durante el parto prematuro de sus hijas mellizas. Lo hace, asegura, «para que ninguna mujer vuelva a pasar por algo así» y tras haber iniciado reclamaciones formales ante la administración sanitaria.
Según relata, todo comenzó en la madrugada del 11 de diciembre, sobre las tres de la mañana, cuando se despertó sobresaltada en su casa. Estaba embarazada de 30 semanas y llevaba meses en reposo absoluto por un embarazo de riesgo.
«Pensé que había roto aguas», explica. Despertó a su pareja y le pidió que avisara a su padre para que se hiciera cargo de su hijo de 14 meses. Ella llamó al 112. Sin embargo, al levantarse de la cama, la situación era mucho más grave. «Había sangre por el suelo, en las paredes, por todas partes. En ese momento pensé: ‘Ya está, se ha acabado'», recuerda.
Alicia asegura que, poco después, dejó de notar a sus hijas y que permaneció sola en casa mientras esperaba a la ambulancia. Durante ese tiempo, afirma que llamó en varias ocasiones al servicio de emergencias. «Me colgaron hasta tres veces. Yo solo pedía que no me dejaran sola al otro lado del teléfono, que se quedaran conmigo mientras tanto», denuncia.
La ambulancia tardó media hora
La ambulancia, según su testimonio, tardó 25 minutos en llegar y no era medicalizada. «Subieron con una silla de ruedas, cuando yo estaba sangrando de forma masiva y me habían dicho que debía estar tumbada», explica. Durante el traslado, añade, no la acostaron en una camilla. «Fui sentada todo el trayecto, colocándome yo misma el cinturón», dice.
Una vez en el Hospital de Albacete, relata que fue estabilizada y que posteriormente se acercó el jefe de Ginecología. «Me dijo de forma muy brusca que si mis hijas nacían en las siguientes 24 horas no sobrevivirían, que no había respiradores suficientes y que tenía que ser trasladada a Toledo», asegura.
Según cuenta, preguntó por alternativas y por otros hospitales más cercanos, pero le dijeron que «no era posible». Finalmente, aceptó el traslado «por miedo y por falta de opciones», mientras seguía con sangrado y contracciones. También denuncia un trato inapropiado hacia su hermana durante ese momento.
Parto en Toledo
El traslado al Hospital de Toledo duró casi tres horas. Alicia explica que viajaba acompañada por una matrona joven cuya experiencia no estaba centrada en partos de alto riesgo, pese a que ella no podía dar a luz por parto vaginal debido a una placenta previa total. «Si pasaba algo durante el trayecto, la solución era parar en algún hospital por el camino», relata.
Al llegar a Toledo, la reacción del equipo médico fue, según sus palabras, de sorpresa. «Se echaron las manos a la cabeza cuando vieron en qué condiciones me habían trasladado», afirma. Poco después, sufrió un nuevo sangrado y fue sometida a una cesárea de urgencia. Sus hijas nacieron prematuras y fueron ingresadas en la UCI neonatal.
Alicia destaca que el trato recibido en el Hospital de Toledo fue «completamente distinto» y que varios profesionales la animaron a denunciar lo ocurrido. «Me decían que no era normal y que reclamara», explica.

Un mes lejos de casa
Durante casi un mes permanecieron hospitalizados en Toledo. Coincidió con las fechas navideñas y, según relata, no encontraron alojamiento. Su hijo pequeño permaneció en Albacete al cuidado de familiares. «La separación fue durísima y nunca debió producirse», lamenta.
Cuando finalmente se autorizó el traslado de las mellizas a Albacete, se produjo un nuevo incidente. «La incubadora dejó de funcionar durante el trayecto y tuvimos que parar en el Hospital de Alcázar de San Juan», explica. Allí permanecieron varias horas hasta poder continuar el viaje. «No entiendo cómo no se comprueba una incubadora antes de trasladar a dos bebés prematuros», añade.
Ya en Albacete, las niñas ingresaron en el servicio de Neonatología, del que Alicia destaca «la profesionalidad y dedicación del equipo». Sin embargo, asegura que volvió a encontrarse con dificultades en su propia atención sanitaria. «En el centro de salud se negaron a retirarme las grapas de la cesárea y una enfermera lo hizo finalmente como un favor, once días después», denuncia.

Gran impacto emocional
Actualmente, las mellizas se encuentran en casa y evolucionan favorablemente dentro de las complicaciones propias de la prematuridad. Alicia también se ha recuperado físicamente, aunque reconoce que el impacto emocional ha sido profundo.
«He tenido suerte, puedo contarlo, pero podría haber acabado muy mal», insiste. Por eso ha decidido alzar la voz y exigir cambios. Entre ellos, reclama ambulancias medicalizadas en emergencias reales, tiempos de respuesta adecuados, medios materiales suficientes y, especialmente, «más humanidad» en la atención. «Parir no puede ser una experiencia de miedo, abandono y desamparo», concluye.

