Abrimos esta ventana semanal, ‘Cuernos y escarnios’, como el que sube la persiana para que entre la luz. Albacete, como ya dijimos en las crónicas de la pasada feria, ha pasado a una especie de limbo taurino en cuanto a relevancia y repercusión, cuando hasta hace nada era la referencia no ya de septiembre sino del año taurino en cosos de segunda categoría. Principalmente, por una falta de estrategia político-empresarial y de interés mediático, que han ido reduciendo la oferta por una economía, la de la prensa, en decadencia, y porque algunos se han dejado llevar y se han vendido por el primer miedo, que en este entorno de los medios es el de los complejos y el de la autocensura. La tauromaquia en Albacete está ampliamente aceptada y es un puntal en el ocio y en el atractivo turístico de la ciudad, pero no se ha cuidado desde casi ningún ámbito. De ahí que hayamos visto como los grandes medios nacionales y sus sucursales en la ciudad han capitulado en la cobertura durante la feria. Fuera de ella, mejor ni hablamos. Por eso hay que abrir puertas y ventanas para saber qué está pasando en la Albacete taurina y tener siempre el ambiente despejado, que hace ya demasiado que huele a cerrado. Y de eso siempre se aprovechan los mismos, los que viven en la opacidad y sacan partido de las grietas de un sector que ha de reclamar el sitio que nunca debió perder.
Además, hay que tener en cuenta que tanto en Albacete como en Castilla-La Mancha tenemos dos administraciones que no dudan en apoyar al mundo del toro por respeto a una tradición, pero también por pura afición. Y por qué no decirlo, porque es una industria rentable, especialmente en los últimos años. La tauromaquia está de moda y no podemos dejar escapar esta oportunidad para que decenas de miles de personas, españolas y de más allá, que se acercan a las plazas para conocer un arte que consigue atraparles se vuelvan a ir por sentirse desamparadas. Primero, por sus políticos. En nuestra tierra no es el caso. Segundo, por el escaso talento de los que dominan el sector. En Albacete, hasta el momento, no podemos quejarnos. Y tercero, por la incomunicación que vive la fiesta, incapaz de atravesar el umbral mediático de lo que sucede en la plaza si no es por una tragedia o porque el torero de turno se mete en la cama de una ‘celebritie’ o se lleva una palmera por delante. Con esta columna semanal pretendemos mantener viva la llama del toreo durante todo el año. Con aquello que sucede en Albacete y, en general, en el mundo del toro. Porque nuestra plaza, nuestra feria y nuestra afición merece una prensa especializada que se dedique a fiscalizar a los que mandan y que últimamente viven demasiado cómodos. Ya nos conocen y saben que no será el caso. Fiscalizar, ojo, no siempre es peyorativo. La única mala noticia es la ausencia de noticias. Eso en Albacete no puede seguir ocurriendo.
Ya vamos tarde
Por eso, para empezar bien, hay que preguntarse qué pasa con el pliego de condiciones para la adjudicación de la plaza de toros que, como saben, es propiedad del Ayuntamiento. O sea de todos los albaceteños. Su publicación es inminente, es cierto, pero va a salir en el tiempo de descuento. Y si no es el mejor de los pliegos, o mejor dicho, el más apetecible, podemos caer en la prórroga y jugarnos la feria en los penaltis. Digo esto porque hay que entender que estamos en el año 2026 y se da una circunstancia muy particular: los toros que han de lidiarse este curso, con cuatro y cinco años, son los hijos de lo peor de la pandemia. Los hijos afortunados, porque casi todos los ganaderos tuvieron que sacrificar una parte muy importante de sus vacadas para poder sobrevivir. Eso quiere decir que la camada de este año es la más corta en el campo bravo desde que el Covid-19 paralizó el planeta. A partir de ahí, tenemos que comprender que la competencia para hacerse con las mejores corridas de las mejores ganaderías es más agresiva que nunca. No solo entre las empresas que dan corridas de toros sino también con aquellas comisiones que echan animales en las calles de los pueblos y que, por cierto, pagan mucho más por ellos.
Para esta temporada que acaba de comenzar hay aproximadamente 1.000 toros menos en el campo que en 2025. Y si ya en el curso pasado vimos muchos festejos que tuvieron que ser remendados con toros de aquí y de allá para poder celebrarse, en esta campaña eso se puede convertir en norma y no en excepción. De ahí que las empresas cada vez madrugen más para comprar sus corridas, visiten muchas ganaderías para reseñar toros y presenten sus ferias con más antelación. Es el caso de San Isidro en Madrid, de la feria de Abril en Sevilla y de varias ferias de Francia que, en este caso sí, son competencia directa de Albacete tanto por hierros como por trapío. Por tanto, que nuestra plaza de toros, en pleno febrero, esté no solo sin empresa sino sin un pliego para que los empresarios puedan estudiar si se presentan o no supone un riesgo elevado de pérdida de calidad en el próximo abono de septiembre. La pretensión no es que cunda el pánico, más si cabe cuando la publicación de dicho pliego es inminente. Aún así, más allá de eso, hay mucho en juego y sí: ya vamos tarde.
Una de las consecuencias principales de esta demora puede ser que el empresario que gane el concurso no encuentre corridas completas de primer nivel e, insisto, de la categoría de Albacete. Eso implica que los principales matadores del escalafón puedan poner pegas a la hora de venir, ya que en los últimos años se anuncian siempre con las mismas ganaderías. Que por otra parte, en según qué casos, sería un alivio, pero es entendible que los empresarios sigan contratando a matadores con más de 20 o 25 años de alternativa porque tienen tirón en taquilla y garantizan la venta de un porcentaje elevado de abonos. Esto es un negocio, eso es innegable, y apostar por el cambio no es tarea fácil si vamos a los números. Lo que puede ocurrir también es que no se lidien corridas completas y haya que recurrir a la figura del desafío ganadero, que ni es desafío ni es «na». Díganme ustedes qué aliciente puede tener ver a dos ganaderías de Domecq compitiendo por nada o, como vivimos no hace tanto, una corrida con tres toros de Garcigrande y tres de Samuel Flores. Incluso podríamos ver corridas con tres ganaderías, algo que ya ha sucedido incluso en el primer festejo de la temporada en Valdemorillo. Cuando eso ocurre en septiembre, se viene a denominar limpieza de corrales. Toros que sobran de un sitio y de otro, se meten todos en el mismo camión y acaban, ojalá no, en Albacete. Por supuesto, suele salir mal. Y ese experimento, en este momento de apogeo que vive la fiesta, con las plazas cada vez más llenas, no nos lo podemos permitir. Pues bien, si pueden ustedes apostar, metan todo su dinero a que la industria taurina perderá esta oportunidad.
Empresarios a la espera
Es evidente que la situación en este 2026 es extraordinaria y por eso los plazos habituales no garantizan ni la tranquilidad ni la posterior solvencia. Esa situación genera, de hecho, una falta de certezas en el campo para la temporada taurina, especialmente del verano en adelante. Las empresas taurinas están ahora mismo en pie de guerra por otro pliego, el que presentó la Diputación Provincial de Zaragoza, que parece redactado por antitaurinos y que convierte el concurso para la adjudicación de la plaza en una subasta para golfos. Pese a ello, también andan pendientes de lo que pueda pasar en Albacete para ver si les compensa presentarse o no. En privado y en público, todos o casi todos dicen lo mismo: «Albacete es una plaza muy apetecible, pero habrá que ver el pliego». Y evidentemente, cunde también esa sensación -lógica, por otra parte- de que el futuro pliego pueda ser favorable para la continuidad de la empresa actual, que dirigen el francés Simón Casas y el matador de toros Manuel Amador. De ahí que otras empresas no estén haciendo planes «por lo que pueda pasar». No es el caso del citado Manuel Amador, que reconoce que la idea es «volver a presentarse de la mano de Simón», siempre y cuando, claro, «el pliego sea realista». «En los últimos años, el pliego en Albacete no ha cambiado mucho y suele ser continuista», añade.
Es por ello que, señala Amador, está «comprometido» con Albacete y ya ha comenzado a trabajar el campo por si vuelve a ser el empresario. «Es cierto que hay muchos menos toros y que todavía no podemos cerrar nada, pero los ganaderos respetan a Albacete y a esta empresa porque hemos sido cumplidores y buenos pagadores», dice el empresario, que hace igualmente hincapié en la necesidad de «adaptar» los pliegos al momento actual. Y ese momento es el que venimos comentando: economía básica. Si hay poca oferta y mucha demanda, el precio se dispara. Por otra parte, ese aumento no se repercute en el abono, que, al menos en Albacete, «sigue siendo uno de los más baratos de las plazas más importantes de España». Si queremos que los precios no suban y que en la feria de la Virgen de Los Llanos salgan por chiqueros toros de las ganaderías más importantes o en mejor momento, es fundamental trabajar con antelación. Si llegas tarde a contratar a un toro o a un torero, pagas más. Y si a eso se le añade un mal pliego, la consecuencia directa puede ser esa: una feria de baja calidad y a un precio desorbitado. Como digo, eso es terreno desconocido en Albacete, pero hay precedentes muy cercanos en otras plazas de categoría similar o superior.
Promoción y defensa del futuro, obligatorio
Siempre existen obligaciones y cláusulas en los pliegos que hacen que suba el coste para el empresario, pero que son indispensables para garantizar que la vigencia de la tauromaquia no decaiga. Me refiero a todo lo que tiene que ver con la escuela taurina y con los festejos de promoción, las clases prácticas, los tentaderos y el presupuesto para ello. Se sobreentiende que de estas obligaciones la empresa no obtiene prácticamente ningún beneficio, pero la altura de miras y la defensa de un proyecto tan importante como es el de la educación y la formación de futuros hombres y mujeres merece el compromiso y la apuesta de aquellos que gracias a la explotación de la plaza obtienen un beneficio. Y si tan nocivo es para sus arcas, que no se presenten. Por eso decimos que ha de ser un pliego realista y adaptado a los nuevos tiempos, que dé libertad al empresario para salir de una producción encorsetada, pero que también vele por esos jóvenes que sueñan con ser toreros. Porque no debemos olvidar que la escuela taurina de Albacete antes que taurina es escuela. Ahí se enseñan valores como el de la disciplina, la lealtad, el compromiso, el respeto a la jerarquía y el sacrificio. No se me ocurre nadie mejor que el maestro Sergio Martínez y su equipo para abanderar ese proyecto que, por supuesto, necesita estar bien dotado presupuestariamente.
Me cuenta Sergio con una pasión desbordante y con una sonrisa que invita a ilusionarse que hay ahora mismo casi 70 chavales en la escuela, una cifra insólita, de récord. Mas de 40 son menores de edad y la mayoría se han apuntado este año. Hay niños que, gracias a los valores del toro, estarán mucho mejor preparados para afrontar los retos a los que tendrán que hacer frente en su vida personal. Porque pese a la intención del Gobierno de España de sacar a los menores de las plazas de toros y de las escuelas taurinas, hay una realidad Incontestable: los niños que van a los toros y que juegan a ser toreros desarrollan un respeto por sus iguales y también por los animales mayor que la media. Esto que digo está basado en el mismo estudio científico que ese que, dice la ministra Sira Rego, una comunista que idolatra a Lenin y que celebró el atentado terrorista y la masacre cometida en un festival de música en Israel en 2023, determina que si un niño va a los toros estará traumatizado de por vida y quedará insensibilizado para siempre, es decir, en ninguno. Ese comité que dice velar por los derechos de los niños en nombre de la ONU ha sido incapaz de demostrar un solo caso real que justifique esa aberración. Nuestra experiencia, la de los taurinos, nos dice que ir a los toros y conocer este mundo nos hace mejores. Por tanto, el pliego también debe fomentar, promocionar y defender la escuela taurina de Albacete y preocuparse igualmente de que vuelva a ser una referencia nacional en lo estrictamente taurino.
JULIO MARTÍNEZ ROMERO


