La polémica por las inundaciones registradas ayer lunes en distintos puntos de la capital albaceteña, especialmente en zonas del Barrio Industria y calles como Gabriel Ciscar o Juan de Toledo, ha subido de tono tras la comparecencia de urgencia del alcalde, Manuel Serrano, y la respuesta ofrecida este martes por el subdelegado del Gobierno de España en Albacete, Miguel Juan Espinosa.
La tarde-noche del lunes, el Ayuntamiento elevó a fase de emergencia el Plan Territorial Municipal (Platemón) ante la situación generada por la saturación de la red de colectores y el agua emergiendo por imbornales y sumideros en áreas bajas, con afectación a viviendas, garajes, locales y dependencias como el entorno de la antigua Fábrica de Harinas. En esa rueda de prensa, Serrano sostuvo que el origen del problema no estaba en la lluvia caída en la ciudad, sino en el agua acumulada durante semanas en la Sierra de Alcaraz y municipios del entorno, que acaba llegando a Albacete a través del río Jardín y los canales de la Lobera y el Acequión hasta el canal de María Cristina.
El alcalde afirmó que, aunque no se hubiera producido un desbordamiento superficial de los cauces, el caudal sostenido en el tiempo habría mantenido el sistema “en carga”, bloqueando la evacuación de pluviales y forzando el retorno del agua por el subsuelo. Llegó a describir el fenómeno como “llenar una piscina desde abajo hacia arriba” y aseguró que entre 100 y 130 kilómetros de los colectores estarían saturados.
Serrano situó el foco en la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), dependiente del Gobierno de España, a la que acusó de inacción pese a las advertencias previas. Según expuso, el Ayuntamiento remitió escritos desde el viernes reclamando actuaciones urgentes y, ya el lunes, una medida concreta: reducir “con carácter de urgencia” la lámina de agua que circula por el canal de María Cristina actuando “aguas arriba” —en el término de La Herrera— mediante una derivación hacia el trasvase Tajo-Segura en el punto de cruce, o en el emplazamiento que determinasen los técnicos del organismo de cuenca.
En ese mismo marco, el Consistorio defendió que se venía alertando por escrito del riesgo de problemas asociados al aumento de caudales y a la necesidad de limpieza y gestión en cauces y ramales, y que el escenario de persistencia de lluvias hacía “previsibles” las consecuencias de no actuar.
La respuesta del subdelegado del Gobierno de España en Albacete: “El canal no se ha desbordado; el problema fue la red de saneamiento”
Este martes, Miguel Juan Espinosa ha ofrecido a El Digital de Albacete una versión diferente de lo ocurrido. Según sus manifestaciones, mantiene “contacto permanente” con el Ayuntamiento desde el pasado viernes y estuvo el lunes en la zona afectada “comprobando in situ lo ocurrido y el sentir de los vecinos”.
Espinosa sostiene que el canal de María Cristina “en ningún momento” activó sistemas de alerta y remarca que los cauces asociados —como el canal de la Lobera o el del Acequión— “no se han visto desbordados en ningún sitio”, por lo que el agua “transcurre por el interior del canal de Cristina sin generar ningún problema”. En su relato, de haberse dado una situación diferente, “evidentemente, las actuaciones por parte de Confederación hubieran sido otras”.
El subdelegado pone el acento en la red urbana: “Otra cosa distinta es la red de saneamiento de Albacete”, que —según recalca— es competencia del Ayuntamiento. Afirma que esa red “ahora mismo estaba en carga”, es decir, saturada, y que esa circunstancia impidió asumir más aportes cuando coincidió el flujo del canal, aunque “en niveles normales”. De ahí, añade, la entrada de agua en bajos y puntos especialmente vulnerables “por debajo de la cota normal”, citando viviendas de Gabriel Ciscar, además de la biblioteca/archivo en la Fábrica de Harinas y otras zonas próximas al trazado del canal.
La petición de “romper” el canal y el precedente de 2013 en Albacete
Sobre la medida planteada por el Ayuntamiento —intervenir en el tramo donde el canal “vuela” sobre el trasvase para derivar caudales—, Espinosa asegura que “no se daban las circunstancias necesarias para romperlo”. Reconoce que en 2013 se actuó así, pero subraya que entonces el contexto era “muy diferente” y que se entendía que estaba en peligro “la vida de los ciudadanos”, lo que justificó la decisión “independientemente” de daños estructurales y medioambientales. Ahora, defiende, los caudales no “ponían ni ponen en peligro la vida de la gente”.
En su explicación, la clave vuelve a estar en el saneamiento: la red municipal estaba saturada “bien por limpieza, bien por el número de válvulas antirretorno… o por las circunstancias que sean”. Añade que no conoce el motivo concreto, pero recuerda que —según indica— Aguas de Albacete emitió “hace un montón de años” un informe alertando de problemas en la red, con mención a aliviaderos en la zona de entrada del canal a la ciudad.
Contactos y autorizaciones: “Sí ha habido trabajo conjunto” en Albacete
Espinosa también rebate la idea de falta de respuesta institucional. Afirma que, aunque el alcalde haya dicho que no obtuvo contestación a sus cartas, “sí” hubo contacto con el Ayuntamiento y pone como ejemplo que el sábado, a las 12:30 horas, la Confederación autorizó abrir una compuerta para derivar agua desde el canal de María Cristina hacia una gravera propiedad del Ayuntamiento de La Herrera.
Sobre la opción de derivar al trasvase en el punto propuesto, Espinosa sostiene que no era “tan sencillo”: cuantifica el caudal del canal “en torno a tres o cuatro metros cúbicos por segundo” y afirma que una derivación sostenida “durante una semana” habría supuesto un aporte importante al Tajo-Segura. Según su versión, esa maniobra requeriría autorización del Consejo de Ministros y afectaría a competencias de otras confederaciones, además de la del Júcar.
Mientras tanto, el episodio deja sobre la mesa un choque de diagnósticos y de responsabilidades: el Ayuntamiento insiste en una actuación aguas arriba para aliviar presión sobre los colectores en un sistema que considera crítico, y la Subdelegación sostiene que el canal no presentó comportamiento de desbordamiento y que la clave está en la infraestructura municipal de saneamiento.

