El adiós más difícil en Cenizate, se marcha el médico que fue familia para todo un pueblo: «Ha sido un privilegio»

Alejandro Manjavacas dice "hasta luego" a Cenizate (Albacete)

Hay despedidas que no caben en una consulta, ni en una última receta, ni siquiera en un apretón de manos a la puerta del consultorio. Cenizate, pequeño municipio de poco más de 1.000 habitantes en la provincia de Albacete, vive estos días una de esas ausencias que se notan en lo cotidiano: la marcha de su médico, Don Alejandro Manjavacas Garrido, que cierra una etapa de casi 13 años como galeno del pueblo para iniciar un nuevo rumbo profesional fuera de la localidad.

La noticia podría contarse en pocas líneas, pero en el mundo rural las cifras se quedan cortas. Porque en un pueblo, y más en aquellos que envejecen con dignidad y con memoria, un médico no es solo un sanitario: es vecino, es confidente, es la voz serena cuando aprieta el miedo, y muchas veces acaba siendo —sin pretenderlo— un hijo, un nieto, un miembro más de la familia. Es quien conoce los nombres y también los silencios; quien entra en casas donde no entra casi nadie y aprende a leer en la mirada lo que no se dice.

Cenizate (Albacete)

«Gracias por todo Alejandro», dicen con total sinceridad en Cenizate (Albacete)

El Ayuntamiento de Cenizate ha querido subrayar esa dimensión humana de la despedida. En un mensaje trasladado a los vecinos, ha señalado que “Alejandro comienza ahora una nueva etapa fuera de Cenizate. Le hubiera gustado despedirse personalmente de cada persona de nuestro pueblo, pero eso es imposible, por eso nos ha enviado una carta de despedida. Gracias por todo Alejandro y suerte en tu nueva etapa”. Una declaración breve, pero con el peso de lo que se ha vivido durante más de una década: visitas, consultas, llamadas, confidencias, asistencias y cercanía con sus pacientes.

Precisamente, al no poder despedirse uno a uno —porque en un pueblo nadie es un número—, el doctor Manjavacas ha optado por lo que mejor resume su paso por Cenizate: la palabra cercana. En la carta enviada a la población, el médico reconoce la emoción como un límite y, al mismo tiempo, como la prueba de una relación auténtica: “Querido pueblo de Cenizate. Ha llegado el momento de despedirme… Me hubiera gustado hacerlo personalmente con cada uno de vosotros, pero entenderéis que la emoción lo haría imposible”.

No se despide desde la distancia fría de un traslado laboral. Se despide desde el afecto, desde la gratitud y desde una memoria compartida: “Durante casi 13 años he tenido la suerte y el privilegio de acompañaros en momentos y circunstancias especiales e importantes en vuestras vidas. Hemos compartido alegrías, preocupaciones y también buenas noticias”. Y ahí asoma lo que tantas veces se olvida cuando se habla de la sanidad rural: que curar también es acompañar, sostener, escuchar; que un diagnóstico no siempre llega en un análisis, sino en una conversación a tiempo.

En sus palabras aparece, además, esa fotografía íntima de la medicina de pueblo: la puerta de las casas abiertas, el trato de tú a tú, la confianza construida a base de constancia. “Gracias por la confianza que habéis depositado en mí, por vuestro cariño, respeto y trato cercano. Por haberme abierto la puerta de vuestras casas y haberme acogido como uno más”, escribe. Es, quizá, una de las frases que mejor retrata lo que ocurre cuando la bata deja de ser un uniforme y se convierte en un puente.

No faltan tampoco en la carta los nombres que ya no están, esa parte inevitable de la historia de cualquier médico rural, que ve pasar generaciones y despide con discreción a quienes se fueron: “Guardaré grandes recuerdos… También de los que ya no están con nosotros”. Cenizate lee esas líneas y entiende, sin necesidad de explicaciones, que ahí caben muchas sillas vacías, muchas familias, muchos duelos.

La despedida, además, tiene un gesto de humildad que engrandece: “Me voy con el deseo sincero de que quien venga lo haga mejor que yo, estoy seguro”. No es una frase hecha; es el deseo de que el pueblo quede bien cuidado, de que el relevo llegue con vocación y paciencia, con ese modo de ejercer la medicina que en los pueblos se mide menos por currículos y más por presencia.

Doctor Alejandro Manjavacas / Foto: Cedida a El Digital de Albacete

«Os deseo mucha salud»

Cenizate, mientras tanto, despide como se despide en los lugares donde la vida se mira a los ojos: con gratitud sencilla y emoción contenida. Porque hay profesionales que dejan huella por su pericia, y otros —los imprescindibles— que la dejan por su forma de estar. Trece años dan para muchas historias, pero también para algo más difícil de cuantificar: la sensación, extendida entre los vecinos, de haber tenido cerca a alguien que no solo atendía enfermedades, sino que cuidaba personas.

Y así cierra su carta el doctor Manjavacas, con un deseo que en un pueblo se toma casi como una bendición: “Os deseo lo mejor, sobre todo mucha y buena salud. Esto no es un adiós, es siempre un hasta luego”.

En Cenizate, esa frase no suena a fórmula. Suena a promesa. A la certeza de que, aunque cambie el destino profesional, el vínculo creado no se rompe: se guarda. Como se guardan los agradecimientos que no siempre se dicen en voz alta, pero que hoy, en este pueblo de Albacete, se vuelven noticia y homenaje.

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Nacho Lopez

Nacido en Albacete. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación en radio, televisión y digital, como Intereconomía radio, Cadena SER, Punto Radio, ABTeVe y VOZ Castilla-La Mancha.
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