En la Base Aérea de Los Llanos de Albacete la tradición milenaria de la cetrería convive con la tecnología más avanzada, ya que halcones adiestrados garantizan la seguridad de los vuelos. Uno de estos adiestradores es Jesualdo Guerrero que, acompañado de sus halcones, lleva 15 años manteniendo alejadas a las aves que pueden poner en riesgo los vuelos.

La labor de un cetrero en un aeropuerto, o en este caso en una base Aérea es muy importante. Jesualdo Guerrero nos cuenta que “es una labor silenciosa que no se ve a primera vista, pero es necesario recalcar que los aeropuertos son muy atractivos para las aves. Puede parecer que la actividad de los aviones y el ruido que hacen, convierten al aeropuerto en un lugar en el que las aves no estén a gusto, pero es todo lo contrario. Con el tiempo, las aves se dan cuenta de que el movimiento de los aviones hacen como una especie de coraza frente a sus depredadores, por lo que tienen muchas menos probabilidades de ser atacados por una rapaz dentro del aeropuerto, que fuera de él. También es mucho menos probable que en un aeropuerto un cazador pueda dispararles, por lo que al final se encuentran más seguras volando por ese espacio. Nuestro trabajo precisamente es contrarrestar esa atracción natural que sienten por el aeropuerto. El vuelo de los halcones no está dirigido a cazar o eliminar animales, sino a que esas aves entiendan y sean conscientes de que en esa zona vuelan halcones habitualmente, y que ese es un lugar peligroso para ellas. Estas aves, con el paso del tiempo, se van dando cuenta de que, efectivamente, no es el mejor lugar para estar, y para eso es muy importante el trabajo del cetrero, porque es la persona que provoca que estas aves se vean cerca del halcón, y se den cuenta de que corren peligro”.

Vigilancia constante
Antes de cada despegue o aterrizaje, los cetreros vigilan la trayectoria que va a tener el avión. “Nos situamos en el sitio que mejor convenga, dependiendo de la cabecera del servicio donde esté el avión, y vigilamos la actividad aérea que puede haber en esos momentos. Por ejemplo, si faltan 5 minutos para que aterrice un avión, y hay un águila en la trayectoria de aterrizaje de ese avión, los cetreros somos los que podemos avisar a la torre de control, la torre avisa al piloto, y el piloto puede cambiar su altura de aproximación, o cambiar la cabecera por la que va a aterrizar. En definitiva, el piloto ya tiene una información adicional muy valiosa que no tendría si no estuviéramos los cetreros. Hay que tener en cuenta que la mayoría de colisiones con aves se dan en el aterrizaje o en el despegue. En esas maniobras los pilotos tienen muy poco margen, y son situaciones muy arriesgadas de mucha velocidad y poca altura. En esas circunstancias, la fauna les puede hacer mucho daño. Si por ejemplo, un ave es ingerida por un motor de un avión, ese motor puede llegar a pararse. Hay muchos cazas que solo tienen un motor, por lo que si una sola ave le da en el sitio más vulnerable del avión, puede llegar a derivarlo, por eso tener esa información es de gran ayuda”, aclara.
Jesualdo Guerrero llega todos los días a las 8 am a la Base Aérea de los Llanos. “Lo primero que hago es ir a la sección de preparación de vuelos, donde me proporcionan la información de todos los movimientos que va a haber en la mañana. En función de esos horarios y esos movimientos organizo los vuelos de los halcones que, lógicamente, no pueden coincidir con los aterrizajes y despegues. Empezamos todas las mañanas con una revisión de la pista, calle de rodaje, y de los terrenos que hay adyacentes, para asegurarnos de que por la tarde a última hora, o por la noche, no ha entrado una bandada de aves. Después de eso, antes de que salgan los aviones, volamos uno o dos halcones. A partir de ese momento, en la medida de lo posible, vamos intercalando los vuelos de los aviones que van saliendo y entrando, con el vuelo de los halcones entre medias de esos vuelos. La vigilancia del campo de vuelo es continua, y si un avión va a salir a las 9 am, un cuarto de hora antes estamos vigilando las posibles trayectorias del avión, y por qué cabecera va a salir, con el fin de controlar todo el escenario”, explica.

Peligrosidad por fauna
En la Base Aérea de los Llanos, y en los aeropuertos en general, hay varios parámetros y grados de peligrosidad con respecto a la fauna. “Hay tres niveles: bajo, moderado y severo, y somos los cetreros los que contribuimos a fijar ese estado. De algún modo, somos el órgano que está continuamente actualizando el estado de la pista en lo que se refiere a peligrosidad por fauna. En Albacete se da la circunstancia de que hay mucho paso de palomas que vienen desde la ciudad, ya que duermen allí, y salen por la mañana hacia los cultivos que hay al sur de la ciudad, donde hay un entramado de secano y regadío en el que tienen la posibilidad de alimentarse durante todas las épocas del año. Esto genera un tráfico diario de aves que cruza la base que, aunque no tienen la intención de pararse allí, crean mucho peligro para los aviones. Y es que, en algunas épocas del año pueden llegar a cruzar 3000 palomas por la Base, y eso requiere mucha atención por nuestra parte, para qué no haya incidentes en la trayectoria de despegues y aterrizajes de los aviones. De hecho, ahora tenemos un problema nuevo que son las gaviotas. Antes no había, pero desde hace cuatro años una colonia se ha instalado en el vertedero municipal, y en muchas ocasiones se puede ver una bandada de ellas cruzando la Base Aérea. Además, es un animal muy peligroso, ya que es muy grande, pesado y torpe, y tiene dificultad a la hora de evitar un avión en el aire. Nuestro trabajo es estar siempre alerta, porque en cualquier momento te puede entrar una bandada de aves y crear mucho peligro en los vuelos. Actualmente, lo que más nos afecta es la paloma torcaz, la paloma bravía, y la gaviota”.

Alianza entre cetrero y halcón
En la actualidad hay destinados 20 halcones en la Base Aérea de los Llanos. “He estado 15 años yo solo como cetrero de la Base, y desde hace un año somos dos personas. Damos un servicio de cetrería de 8:00 H a 14:30 H durante todo el año, y cuando están los cursos TLP, ese servicio se amplía hasta las 18:30 H de la tarde. La base cuenta con su propia halconera donde viven los halcones entre semana, y los fines de semana, para que la plantilla de halcones que manejamos esté bien atendida, nos los traemos a casa, donde contamos con unas instalaciones preparadas para ellos. Para que el halcón el lunes esté en su peso, que está en torno a los 700 gr y 1 kg, tenemos que estar muy pendientes de todo. Entre otras cosas de pesar la comida que les damos, o de tener en cuenta la temperatura ambiente. Esto hace que tengamos que estar los 365 días del año pendientes de ellos, y que se vaya generando una alianza muy especial entre cetrero y halcón. Y es que, necesitamos que el halcón desarrolle mucha confianza con nosotros para poder trabajar bien con ellos”, asegura.

Los principios como cetrero
Con el paso del tiempo, Jesualdo Guerrero se ha dado cuenta de que “algunas personas nacemos con un interés innato hacía la naturaleza y a los animales en general, y en mi caso particularmente también hacia las aves. Y me he dado cuenta, porque todo lo que he hecho en mi vida ha estado relacionado con los animales. A mi padre le gusta pintar cuadros y, cuando tenía 7 años, una mañana me dijo que le acompañara a hacer unas fotos a unos pájaros para pintarlos. Me llevó a casa de un cetrero y cuando entré en su casa había un halcón en el césped tomando el sol. Está claro que las rapaces tienen algo especial, porque cuando vi aquel animal me transmitió unas sensaciones que ningún otro animal me había transmitido. Ese punto salvaje me impresionó de tal manera que desde aquel día ese pájaro se me metió en la cabeza. Vi al cetrero manejarlo, y esa relación entre el animal y el cetrero me enamoró. Años más tarde, cuando tenía 16 años, ya tenía la seguridad de que quería dedicarme a esto”, señala.

De este modo, Jesualdo Guerrero comenzó a abrirse camino en el mundo de la cetrería. “En esos momentos tuve la suerte de dar en Albacete con Agustín Rufino, y Juan Tébar, dos grandísimos cetreros a nivel mundial, maestros absolutos en la materia, que se volcaron conmigo al ver mi gran afición por las aves. Dar con ellos en ese momento en el que yo empezaba, y ellos estaban en la plenitud de su carrera, fue fundamental para mí. La cetrería está compuesta de tantos pequeños detalles que es muy difícil que una persona pueda empezar en este mundo por sí sola. Hay que tener en cuenta que estos animales son bastante frágiles, necesitan muchos cuidados, y son importantes todos los detalles, como el manejo y los horarios de las comidas. Por eso es esencial que alguien te guie en tus comienzos, y yo tuve la suerte de contar con dos pedazos de cetreros para aprender todo de ellos”, indica.

Control de fauna
Tres años más tarde comenzó su carrera profesional como cetrero. “Estar volando halcones con estos profesionales 365 días al año, me dio la posibilidad de aprender mucho, y de acceder a trabajar en esto. De esta manera, con 19 años me fui a trabajar de cetrero al aeropuerto de Valencia, convirtiendo mi afición en un trabajo. En Valencia estuve 4 años, hasta que volví a Albacete, donde seguí cultivando mi afición por la cetrería. En 2009 llegó a la Base Aérea de los Llanos de Albacete el TLP (Tactical Leadership Programme), conocido como la ‘Escuela de pilotos de la OTAN’, y decidieron contratar un ‘Control de fauna’, y hacerse con mis servicios como halconero. Fue toda una suerte que contaran conmigo, porque normalmente es una afición, y es difícil dedicarse a esto de manera profesional, porque no hay muchas salidas y las que hay son pocas, difíciles, e inestables. Aunque hay pocas opciones que te puedan ofrecer la estabilidad profesional, hay algunas en las que se utiliza la cetrería, como en la protección de cultivos, las zonas de placas solares, en los vertederos, o por supuesto, en los aeropuertos”, refleja.

Adiestramiento continuo
Los halcones suelen vivir entre 20 y 22 años en cautividad. “Al vivir en cautividad están más cuidados, porque los mantenemos alejados de los riesgos de la naturaleza. Empezamos con los halcones cuando tienen dos meses de vida. Desde el momento en el que empieza su vida de cetrería y se suben en el guante ya no dejan nunca de estar en entrenamiento y volando. Mientras físicamente puedan hacerlo, el halcón está en activo, y cuantos más años tenga va a mejor, porque va ganando en experiencia y confianza, y eso le da un punto de sabiduría. Pero por muchos años que tenga, un halcón nunca termina de estar adiestrado. El halcón no hace las cosas por sistema, por lo que siempre hay que estar muy pendiente de los pequeños detalles. Continuamente hay que estar haciendo rectificaciones, y correcciones con ellos. El halcón tiene tal capacidad de análisis sobre lo que estás haciendo, que puede llegar a detectar puntos débiles en tu manejo, y eso puede producir que se acomode, en cosas que a ti te perjudican. Por ejemplo, nosotros le damos mucha importancia a que el halcón vuele lo más alto posible, e intentamos siempre premiar eso. Si alguna vez lo premiamos cuando ha volado por debajo de la altura a la que suele volar, el halcón se dará cuenta de que no le hace falta volar tan alto para conseguir su premio, y se acomodará. Por eso, la exigencia debe estar muy equilibrada en una media no escrita que se va forjando entre halcón y cetrero”, concluye. La cetrería, un arte milenario que juega hoy un papel silencioso pero esencial en la seguridad de la Base Aérea de los Llanos.










