Emprender en el medio rural no es solo una decisión empresarial, sino también una apuesta personal y social. En pueblos donde la oferta comercial es limitada y las opciones obligan muchas veces a desplazarse o recurrir a Internet, surgen proyectos que nacen para cubrir necesidades reales de la población y, al mismo tiempo, para mantener vivos los municipios. Es el caso de Esperanza Martínez, al frente de Más que talla, una tienda en el corazón de Villarrobledo (Albacete).
Un negocio que ha sido reconocido por FADEMUR, entidad que vela por las iniciativas de las mujeres rurales. Un negocio impulsado desde la fiel convicción de que la moda debe ser accesible, diversa, cercana y para todas. Algo que también debe llegar al entorno rural. Así, el proyecto de Esperanza va mucho más allá de vender ropa, ya que es una apuesta por las mujeres del municipio, y también de localidades cercanas, ofreciendo un espacio de confianza con prendas pensadas para que todas se sientan cómodas, seguras y representadas.
Además, un negocio que también apuesta por mantener vivo el municipio y ofrecer opciones comerciales sin salir del territorio. En esta ocasión, el reconocimiento de la mano de FADEMUR viene en forma de beca. Un premio al trabajo y dedicación de Esperanza, que comparte con El Digital de Albacete que se trata de «una oportunidad de seguir avanzando y en este caso es un inicio para la página web”, sostiene.

‘Más que talla’, el proyecto que demuestra que emprender en los pueblos también es futuro
Sobre sus inicios, la empresaria manifiesta que se decantó por esto modelo de negocio en “en un entorno rural porque detecté una necesidad real en la zona”, explica, y manifiesta que “en muchas áreas rurales existe una oferta comercial más limitada que en las ciudades, especialmente en sectores específicos como la moda para tallas diversas”. En la misma línea, manifiesta que la situación “provoca que muchas personas tengan que desplazarse a otras localidades o comprar online sin poder probarse las prendas”.
En este punto, comparte Esperanza que “este tipo de negocio ayuda a dinamizar la economía local, generando empleo y ofreciendo un servicio cercano y personalizado que en grandes superficies no siempre es posible”, y añade que «la relación con el cliente es más directa, lo que permite conocer mejor sus necesidades y fidelizar a la clientela”. En la misma línea, aclara que “considero que apostar por el comercio local contribuye a mantener vivos los pueblos, ofreciendo servicios útiles a la población y evitando desplazamientos innecesarios”. Y es que este tipo de negocios suponen un gran impulso a los municipios de la provincia de Albacete, manteniendo vivos sus calles y su comercio.
“Para mí supone mucho más que vender ropa”, asegura Martínez, y es que vestir a las mujeres del municipio y de localidades cercanas significa “ayudarles a sentirse seguras, cómodas y representadas, independientemente de su talla o estilo”. “Muchas veces en entornos rurales no existe una gran variedad de oferta, y poder ofrecer moda actual, favorecedora y accesible es una forma de mejorar su autoestima y bienestar”, apunta. Así, sostiene que esta apuesta empresarial también supone “crear un espacio cercano y de confianza, donde las clientas se sienten escuchadas y asesoradas de forma personalizada”.
Un comercio con alma que demuestra que quedarse en el pueblo también es avanzar
Emprender siempre es todo un desafío. En el caso de Esperanza, uno de sus principales retos está relacionado con la población, ya que “limita el número de clientes potenciales y obliga a ofrecer un servicio muy personalizado para fidelizar a la clientela”, tal y como comparte la emprendedora detrás de ‘Más que talla’. Otro de los grandes desafíos pasa por “la competencia con grandes superficies y tiendas online, que muchas veces ofrecen precios muy competitivos”. Por este motivo, señala Esperanza que resulta «fundamental diferenciarse mediante la cercanía, el trato directo, el asesoramiento personalizado y la calidad del producto”. Del mismo modo, destaca que “existen dificultades relacionadas con el abastecimiento y la variedad de productos, ya que no siempre es fácil acceder a los mismos proveedores o novedades que en grandes ciudades”, y sostiene que a esa situación se suma “la necesidad de adaptarse constantemente a las demandas del mercado y a los cambios en los hábitos de compra”.

Eso sí, Esperanza Martínez tiene muy clara su apuesta y anima a las mujeres a “creer en sus ideas y en su capacidad para emprender. El camino no siempre es fácil, pero con esfuerzo, ilusión y constancia se pueden conseguir grandes cosas”. Así, asegura que “emprender no solo es crear un negocio, también es crear oportunidades, crecer personalmente y demostrar que con pasión y trabajo los sueños pueden hacerse realidad. Las mujeres tenemos mucho talento que aportar y nuestros proyectos pueden ser un motor muy importante para nuestras comunidades”.
Historias como la de Esperanza Martínez reflejan el papel esencial que desempeñan las mujeres rurales y el comercio de proximidad en la vida cotidiana de los pueblos. Negocios que no solo levantan persianas cada mañana, sino que sostienen comunidad, generan vínculos y mantienen vivas las calles y las relaciones humanas, y permiten que el corazón de los municipios siga latiendo. Personas que, como Esperanza, deciden quedarse y apostar.

