El Albacete Balompié salió de Riazor con las manos vacías (2-1) y con un enfado mayúsculo con el arbitraje de Eder Mallo Fernández, al que el club y el entorno manchego señalan como protagonista de las acciones más controvertidas del encuentro ante el Deportivo.
El equipo de Alberto González se marchó al descanso con un 2-0 en contra —tras el tanto inicial de Yeremay y un gol en propia puerta de Javi Villar—, recortó distancias en la segunda parte con un gol de Obeng y acabó apretando hasta el final, pero sin premio.
La rueda de prensa posterior dejó una comparecencia cargada de tensión. El técnico, visiblemente molesto, evitó entrar en detalles concretos sobre la jugada que encendió a su vestuario, pero sí cuestionó la disparidad de criterio en el uso del videoarbitraje y reclamó consideración para su equipo: “Cada uno que saque sus conclusiones y que vean lo que ha pasado. Hay cosas que no entiendo: por qué jugadas se evalúan durante tres minutos y otras ni se miran… A partir de ahí que cada uno piense lo que quiera, pero lo que pido es que nos traten con respeto”.
El foco de la indignación albacetista estuvo en un gol anulado a Víctor Valverde al borde del descanso —una acción revisada y muy discutida—, además de otras decisiones que, a juicio del Albacete, decantaron el encuentro en momentos clave.
Pese al malestar, González quiso separar el análisis del juego del arbitraje y puso el acento en el rendimiento de sus futbolistas, especialmente por la reacción tras el paso por vestuarios: “Le doy la enhorabuena al trabajo de mi equipo. Ha sido formidable y hemos tenido doble mérito. Hemos generado situaciones de gol ante un gran equipo y a pesar de todo. Nos debemos ir satisfechos a casa, aunque tristes porque nos vamos sin premio


