La victoria del Deportivo ante el Albacete (2-1) en Riazor dejó fútbol y también un nuevo foco de controversia arbitral. El colegiado castellano-leonés Eder Mallo Fernández quedó señalado por el entorno manchego tras anular un gol a Víctor Valverde en el tramo final del primer tiempo, una acción que el Albacete considera decisiva e “incomprensible”.
La jugada llegó en el minuto 44, cuando Valverde culminó una acción ofensiva que terminó en la red, pero el árbitro invalidó el tanto al interpretar falta previa del extremo visitante sobre David Mella, una decisión que fue muy protestada por el Albacete. Y es que, la supuesta infracción “no existe” y se trata de una acción en la que el atacante no comete falta, mientras que el jugador deportivista habría exagerado el contacto. Es, en definitiva, una decisión que ha encendido el debate y que reabre el malestar recurrente en el club con determinadas actuaciones arbitrales.

Un partido ya condicionado por el VAR… y un gol que no vuelve
La polémica no se limitó al gol anulado. Antes, el encuentro ya había pasado por el laboratorio del VAR por un posible penalti por mano de Javi Moreno, que finalmente quedó en nada por una mano previa en la acción, según el relato del partido. Ese contexto alimenta ahora la idea de que el colegiado pudo arbitrar “encogido” por la presión ambiental de Riazor y que terminó castigando al visitante en la primera oportunidad de máxima trascendencia.
En esa línea crítica, también se mira al equipo de videoarbitraje: Luis Mario Milla Alvéndiz y Marta Huerta de Aza estuvieron al frente del VAR y en el entorno del Alba se cuestiona que no hubiera una intervención más clarificadora en una acción tan determinante como la de Víctor Valverde, especialmente por producirse tras acabar el balón en la portería.

“Justicia” en entredicho: el relato de un agravio que se repite
El Albacete, que mejoró tras el descanso y llegó a rozar el empate pese a la actuación decisiva del meta local Álvaro Ferllo, se marchó de Galicia con la sensación de que no solo perdió un partido, sino que se le escapó una oportunidad por una interpretación arbitral que considera lesiva. En términos estrictamente periodísticos, el debate está servido: cuando la figura del árbitro —llamado a impartir justicia deportiva— queda asociada a una decisión que un equipo percibe como injusta, el resultado trasciende el marcador y se instala en la credibilidad del sistema.

La presión también se dirige hacia el palco: “el club debe elevar la voz”
El enfado no apunta únicamente al colectivo arbitral. Entre una parte de la afición y del ecosistema mediático del Albacete crece el reproche hacia la cúpula del club, con Víctor Varela y los dirigentes vinculados a Skyline en el centro de la diana, por entender que el equipo acumula episodios similares sin una respuesta institucional proporcional y contundente.
Así las cosas, en el albacetismo se instala una exigencia: que el club formalice una queja o emita un comunicado para pedir aclaraciones al estamento arbitral y dejar constancia de su posición, entendiendo que el silencio juega en contra cuando la sensación de agravio se repite.
Mientras el Deportivo celebra tres puntos balsámicos en casa, el Albacete regresa con una derrota y con una reclamación de fondo: que el fútbol profesional no puede permitirse que la conversación posterior sea, otra vez, el silbato y no el juego.

