En un pueblo de Albacete, donde la roca y el río llevan siglos conversando en silencio, se esconde uno de esos tesoros únicos de la provincia de Albacete, que sorprende incluso a aquellos que creen conocer bien el municipio. Y es que Alcalá del Júcar es uno de esos pueblos de la provincia de Albacete con alma.
Tallada a mano en la propia montaña, las cuevas del Masagó y del Duende son una verdadera obra de ingeniería antigua. Así, bajo la imponente montaña donde se ubica el municipio, existen unos pasadizos donde dos cuevas se dan la mano a través de ellos, como si de un secreto se tratase.

Espacios donde habita el alma de la montaña que corona este bello pueblo de Albacete que ofrece la posibilidad de recorrer la montaña de una manera muy peculiar, y que además promete unas vistas inigualables del Río Júcar, a modo de balcones naturales. Y eso es precisamente lo que ha descubierto Pedro Miguel, un creador de contenido de viajes que ha mostrado uno de los secretos de la provincia de Albacete en sus redes sociales.
El secreto de «uno de los pueblos más bonitos de España» está en Albacete
Así, el influencer aprovecha uno de sus vídeos para enseñar uno de los lugares más peculiares de Alcalá del Júcar, como son estas singulares cuevas, ubicadas en “uno de los pueblos más bonitos de España”, tal y como comparte de los seguidores.
Pedro Miguel asegura que en este pueblo de Albacete existen “dos cuevas picadas a mano y unidas entre sí que cruzan la montaña de un lado a otro con salida al Júcar”, y explica que se unen gracias a “un túnel”. Además de bonitos salones y un espacio único, estas cuevas también cuentan con un bar para disfrutar de una parada y degustar la gastronomía albaceteña con unas vistas muy peculiares del río.
Un espacio, que, en tono de humor, el creador de contenido compara con “la casa del hobbit”, y señala que se trata de “un planazo obligatorio” tanto para “pequeños como mayores”.
Estas cuevas son uno de esos espacios que definen la esencia de Alcalá del Júcar, donde historia, paisaje y tradición se entrelazan en un mismo y peculiar recorrido, donde la mano del hombre y la naturaleza conviven en perfecta sintonía con el río Júcar como testigo. Una experiencia que confirma de nuevo la razón por la que este pueblo de Albacete cautiva a sus visitantes.

