El Albacete hace historia al ser el único equipo que le ha hecho esto al Real Madrid y al FC Barcelona

Será recordada mucho tiempo la hazaña del Albacete

Albacete no siempre sale en los mapas del ruido futbolístico, pero en la Copa del Rey hay noches que convierten una ciudad entera en un latido. El Albacete Balompié ya tenía su página escrita a fuego tras tumbar al Real Madrid en el Carlos Belmonte, y este martes 3 de febrero añadió otra línea para la eternidad: también le hizo daño al FC Barcelona. Y con ese golpe, pequeño y gigante a la vez, firmó un registro único en toda la historia del torneo.

Así lo ha desvelado MisterChip, analista de datos deportivos en Onda Cero y ESPN: el Albacete es el primer —y único— equipo de categoría inferior que ha conseguido marcar, al menos, un gol al Real Madrid y al Barcelona en una misma temporada de Copa del Rey. Javi Villar y Jefté, en dos ocasiones, fueron los autores de los goles contra los de Arbeloa, mientras que Javi Moreno fue quien ‘vacunó’ a los de Hansi Flick.

David contra Goliat… y el Calos Belmonte de Albacete como garganta

La gesta venía incubándose desde la eliminatoria anterior, cuando el conjunto dirigido por Alberto González convirtió su estadio en una trampa de fe y valentía para un Real Madrid que terminó cayendo, eliminado, en una noche de esas que explican por qué la Copa es la Copa.

Con ese precedente, el Barça de Hansi Flick aterrizó en Albacete sabiendo que allí no se negocia el orgullo. El técnico alemán lo admitió en la previa: había respeto y estudio, porque en el Belmonte los partidos se juegan como si fueran el último.

Un 1-2 en Albacete que dejó al Barcelona temblando

Y el partido respondió al guion de la épica. El FC Barcelona se llevó el billete con un triunfo ajustadísimo (1-2), con goles de Lamine Yamal y Ronald Araújo, pero el Albacete se negó a bajar la bandera: Javi Moreno recortó en el tramo final y el estadio se convirtió en un empuje colectivo, a un paso de forzar la prórroga.

Hubo minutos en los que el Barça defendía más que atacaba. Hubo un aire de “otra vez no” en el rostro de los grandes. Y hubo, sobre todo, esa sensación tan manchega de pertenencia: la de un equipo que, incluso cuando no gana, se queda; se queda en la memoria de su gente, en el rumor de la grada, en la historia que se cuenta de padres a hijos.

Porque lo que construyó este Albacete de Alberto González no es solo una eliminatoria y un marcador: es una manera de competir. La misma que lo llevó a echar al Madrid; la misma que lo tuvo a centímetros de hacer caer también al Barça. Dos gigantes, un mismo escudo enfrente, y un dato para siempre.

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