Corría el primer minuto del descuento, ya superado el 90, cuando el Carlos Belmonte contenía el aliento con una mezcla de fe, nervios y ese orgullo indomable que sólo aparece en las noches de Copa. El marcador reflejaba un ajustado 1-2 a favor del Barcelona, y el Albacete estaba volcado en ataque buscando con ahínco una nueva machada, acariciando otra vez la épica tras haber eliminado al Real Madrid. En las gradas, en los bares, en los salones de media España, se respiraba la sensación de que el guion todavía no estaba cerrado: por un instante, todo el país se hizo un poquito del Alba.
Fue entonces cuando la jugada que está dando la vuelta a las redes sociales encendió el estadio y abrió un debate inesperado. Antonio Puertas cedió a Jonathan Gómez, y el lateral zurdo abrió a la derecha para Fran Gámez. Desde ese costado, el jugador del Albacete puso un centro-chut venenoso, directo a portería. Joan García ya estaba batido; el balón llevaba escrito el empate, como si lo empujaran no sólo los once de blanco, sino también los miles de corazones que golpeaban al ritmo de una misma esperanza.
Pero el fútbol, caprichoso y cruel, también sabe escribir tragedias a centímetros de la gloria. Gerard Martí, sobre la línea de cal e in extremis, despejó con la cabeza un balón que todo el Carlos Belmonte estaba tratando de empujar a la red. Un despeje con aroma a salvación azulgrana y a lamento manchego, de esos que se quedan suspendidos en el aire como un “¡uy!” eterno.
Y justo ahí, en el latido posterior a la ocasión, llegó lo que nadie esperaba: el extraño gesto con los brazos de Munuera Montero, colegiado del encuentro. Los levantó de una manera llamativa, extraña para muchos, y ese movimiento —captado por las cámaras y reproducido en bucle— ha abierto la suspicacia y ha dado pie a interpretaciones de todo tipo.
El Albacete estuvo a punto de forzar la prórroga contra el Barça en la Copa del Rey.
— Albert Ortega (@AlbertOrtegaES1) February 4, 2026
Atención a la reacción de Munuera Montero cuando Gerard Martín evita el gol del Albacete.pic.twitter.com/nGU5WeE45Z
Distintas interpretaciones del gesto de Munuera Montero en Albacete
Hay quienes sostienen que fue una celebración, como si el árbitro se alegrara de que el Albacete no hubiera marcado. Otros, en dirección opuesta, aseguran que lo hizo precisamente por lo contrario: creen que se estaba alegrando de que el Alba estuviera a punto de empatar. Y están también los más asépticos, quienes defienden una lectura puramente arbitral: que era el gesto para indicar que no había falta ni fuera de juego, el típico “sigan, sigan” con el que los colegiados señalan que no hay nada punible y que el juego debe continuar. Otros lo tienen claro: usa los brazos para frenarse y retroceder porque el balón iba hacia él.
Sea como fuere, el gesto está dando que hablar mucho en redes sociales porque extraño es; y, al final, sólo Munuera Montero sabe qué significaba y por qué lo hizo en un momento tan cargado de tensión.
Más allá del ruido mediático, lo que quedó sobre el césped fue otra cosa: la certeza de que el Albacete estuvo a punto de mandar el partido a la prórroga pese a ser, sobre el papel, más débil que el FC Barcelona. El Belmonte vibró como en las noches históricas, con ese temblor de estadio antiguo que se enciende cuando huele la hazaña. El Alba rozó el empate y, con él, la posibilidad de agrandar su leyenda de matagigantes copero, ese relato que no se mide en presupuestos, sino en coraje, en pertenencia y en orgullo.
Porque hay equipos que son una herencia emocional. El Albacete no sólo se anima: se transmite. Pasa de generación en generación, de padres a hijos y de abuelos a nietos, como una bufanda guardada con cariño o una camiseta vieja que sigue oliendo a domingo. Y en noches como ésta, aunque el resultado termine dictando sentencia, lo que perdura es la sensación de haber estado ahí, a un suspiro de lo imposible. De haber hecho creer a un estadio entero —y a un país, aunque fuera por un rato— que el Alba podía volver a escribir otra página de esas que se recuerdan toda la vida.


